jueves, 22 de mayo de 2014


El Táchira: Gloria de la Patria

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

Con el inicio del mes de febrero, la apacible cordialidad tachirense se transformó en huracán de rebeldía, en dignidad viva que lucha por la defensa de la gloria de la patria, tal como lo proclama su himno regional. Ayer como hoy, sobran las razones para continuar en las calles protestando pacifica y democráticamente contra un régimen que se ha ensañado contra el noble pueblo tachirense. A lo largo de estos quince años, el Táchira es sin duda el estado más castigado por la revolución, a pesar de la confianza que electoralmente les otorgó a Chávez y dos gobernadores oficialistas.

Entre las acciones cometidas injusta y arbitrariamente contra el Táchira, el régimen violó la soberanía popular de los electores de San Cristóbal, al destituir y encarcelar por un año al alcalde Daniel Ceballos, electo el pasado 8 de diciembre con 82.794 votos (67.67%), en contra del candidato del PSUV, José Zambrano, quien obtuvo 35.991 votos (29.42%), es decir, una ventaja de 46.803 votos. A pesar de semejante paliza, el régimen de Maduro apoyado por el TSJ y el CNE, propinó un golpe de estado a los sancristobalenses, convocando con la velocidad del rayo a nuevos comicios municipales el próximo domingo 25 de mayo. En esta oportunidad, la unidad democrática postuló a Patricia Gutiérrez de Ceballos, esposa de Daniel, como su candidata a la alcaldía de San Cristóbal, mientras que el PSUV postuló a Alejandro Méndez. Estos comicios deberían constituirse en una lección de dignidad, valentía y resistencia del pueblo de San Cristóbal contra la podredumbre de un régimen que ha pisoteado inmisericordemente sus derechos constitucionales.

La voz de San Cristóbal jamás podrá ser acallada por un gobierno impopular y autoritario, a pesar del poder y de las fuerzas represivas que lo acompañan. El próximo domingo 25 de mayo, San Cristóbal debe convertirse en el espacio más preciado de la democracia y del futuro de Venezuela. Hace tres meses, los gochos nos hicieron reaccionar, aflorando su rebeldía e inconformismo con un modelo político que se ha encargado de destruir el país; el próximo domingo, los sancristobalenses deben consolidar el camino de la democracia, la libertad y la decencia, apoyando con un aluvión de votos a Patricia; ella encarna el espíritu de una juventud que apuesta por la construcción de un mejor país para todos; ella representa la rebeldía, la dignidad y la resistencia de un pueblo que se cansó de ser vejado y traicionado. Quienes respaldamos la causa democrática venezolana, aspiramos que San Cristóbal salga a votar multitudinariamente este domingo por Patricia, de esa manera quedará en evidencia la corrupción de un régimen que huele a pasado, tortura, represión y dictadura.

San Cristóbal se arrodilla sólo ante Dios; ningún hombre por poderoso que se crea, podrá doblegar el profundo orgullo que cada gocho anida en su corazón, al saberse hijos dignos de una patria que clama por libertad, justicia y progreso. Definitivamente, con el triunfo de Patricia no sólo gana San Cristóbal, sino que gana cada uno de los venezolanos que luchamos cada día por la llegada de un cambio para nuestra golpeada nación. Sancristobalense que se quede en su casa este domingo, estará votando por quienes secuestraron el progreso, el futuro y la esperanza de un pueblo que nació para luchar por su libertad y la de Venezuela.

                                                                       Profesor Titular de LUZ
 

viernes, 16 de mayo de 2014


El fracaso económico de la revolución

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

Decía Nelson Mandela que “si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía…”. En el caso venezolano, desde hace tiempo el régimen demostró con suficientes hechos que aquí la democracia ya no existe, a pesar de las tantísimas elecciones a la que nos han convocado. Pero además, la revolución ha resultado ser la mayor estafa de la historia venezolana. Es un fracaso total que ya no es posible ocultar.

Trataremos de ofrecer algunas cifras del nefasto desempeño económico de esta revolución. Paradójicamente, en la época en la que el país ha recibido los mayores ingresos por la venta del petróleo (promedio de 100 $ por barril), estamos viviendo la peor crisis económica que jamás habíamos experimentado. El país se encuentra literalmente destruido, con los peores indicadores económicos de la región, por debajo de países considerados como los más pobres de América Latina.

El país acusa una terrible escasez de divisas que dificulta el funcionamiento de una economía que ha visto exageradamente incrementada su dependencia de las importaciones, incluyendo en productos que hasta hace poco nos autoabastecíamos. En este momento, las reservas internacionales se encuentran en el más bajo nivel de su historia, por debajo de los 21 mil millones de $. Según voceros oficiales, a través de CADIVI, se esfumaron más de 25 mil millones de $, saqueados por empresas fantasmas conectadas con la nueva boliburguesía, sin que hasta el momento nadie nos informe del destino de semejante fortuna. En 15 años de revolución se han destruido aproximadamente 490 mil empresas, una de las principales causas del desabastecimiento que a nivel general supera el 28%, una cifra mayor a la de cualquier país que se encuentre en guerra.

Este año, sufrimos la devaluación más grande en toda la historia de Venezuela; la paridad cambiaria pasó de 6,30 a un poco más de 10 con el Sicad I y, en pocos días, con el Sicad II el promedio del dólar fue de 50 Bs, lo que significó una devaluación del 800%. La inflación cerró en el 2013 en 56.1%, y para la fecha la inflación anualizada supera fácilmente el 70%; sólo, la inflación de abril fue superior al 5%. Pero a nivel de los alimentos, la inflación es del 80%; con lo cual se infiere que la maltratada capacidad adquisitiva del venezolano a duras penas alcanza para comprar los alimentos básicos, sin considerar los gastos que normalmente ocasiona el mantenimiento de una familia en condiciones más ó menos dignas. Los venezolanos estamos pasando hambre en tiempos de revolución. La escasez en materia de medicinas es del 50%, es decir, que de cada 10 medicinas escasean 5.

En relación con los productos más escasos, observamos esta penosa realidad. La producción de leche sólo satisface el 40% de la demanda nacional, cuando en tiempos de la IV República nunca importamos ese producto tan esencial. La producción de harina sólo abastece el 46% del mercado; el azúcar experimenta un déficit del 60%, acrecentado desde que el gobierno se apoderó de la mayoría de los centros azucareros del país. La producción de pollo se ha reducido en más del 15%; la producción de carne sólo abastece el 50% de la demanda nacional.  El aceite de maíz falta en 8 de cada 10 comercios. El papel higiénico escasea en todas partes.

Eso sí, con la revolución tenemos “precios justos para el bienestar del pueblo”, pero no tenemos ni alimentos, ni automóviles, ni repuestos, ni medicinas, ni insumos a los que puedan colocarle esos precios justos. Soberana burla y engaño a este pueblo que les entregó un cheque en blanco y hoy está viviendo su peor pesadilla. Por eso cuando oigo la cuña de “Maduro es pueblo”, pienso en el refrán popular: “amor con hambre no dura”. Con semejante fracaso económico, producto de la incapacidad y ceguera de sus gobernantes, esta revolución desde hace tiempo perdió su sabor a pueblo.

Profesor Titular de LUZ

jueves, 8 de mayo de 2014


Educación y Libertad

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

Una educación de calidad, aquella que cultiva civilidad y democracia, la que enseña los conocimientos para la superación social e individual, la que forma hombres y mujeres de bien, sólo puede ser impartida en un gobierno que consagra y defiende la libertad en todas sus manifestaciones. Lo contrario, es una educación servil que pierde su esencia crítica, transformadora y libertaria.

A lo largo de la historia, los regímenes totalitarios han controlado la educación para imponer los valores que garanticen su dominio absoluto  y la creación de un “hombre nuevo”, a imagen y semejanza de la ideología que defiende el régimen.

Así sucedió en la Alemania de Adolfo Hitler y en la Cuba actual gobernada por los Castro. Al controlar la educación, estos regímenes distorsionan la historia de la nación para favorecer su proyecto hegemónico; crean una religión alrededor de la figura del líder supremo ungiéndolo con un misticismo sobrenatural; imponen la visión de una sociedad donde el pueblo pierde su identidad. Pero hay más, esa educación castra la capacidad de análisis, la inteligencia creadora y la rebeldía de niños y adolescentes, para transformarlos en hombres serviles de un sistema que les impide disfrutar de la libertad, como valor supremo de la humanidad.

Esta realidad está tocando las puertas de nuestro país. Desde el 2007 el régimen no descansa en sus pretensiones de controlar la educación. No les ha resultado sencillo, pero poco a poco se están acercando a la meta. En el 2012 se aprobó la resolución 058 (currículo bolivariano) y, a partir del próximo año escolar, pretenden implantarla completamente. Ese modelo educativo tiene como sustentación legal no la Constitución Nacional sino el plan de la patria; asume como propósito vital la construcción del socialismo, ideología que no aparece en ninguno de los artículos de la Carta Magna, dejando al descubierto su inconstitucionalidad. Involucra en el proceso educativo factores exógenos, como son los consejos comunales, quienes asumen atribuciones propias de la comunidad educativa, integrada por directivos, profesores, alumnos, padres y representantes. Los consejos comunales se constituyen así en los guardianes del proceso dentro de la escuela, con potestad para penalizar a directivos y maestros que irrespeten las normas de la revolución, reclutando además a  alumnos para formarlos en la defensa del régimen.

La educación que nos hace falta a los venezolanos es aquella que promueva la libertad y la pluralidad; la que siembra ciudadanía; la que enseña habilidades y capacidades que nos acerquen a la sociedad del conocimiento, para convertirnos en un país moderno, emergente, con oportunidades para todos. Necesitamos una educación que defienda la iniciativa privada y valore el compromiso con el bien común. Deseamos una educación aliada de la inteligencia y de la competitividad, que nos enseñe el valor del trabajo y su relación directa con la riqueza de los venezolanos. Una educación que destierre la mediocridad, el conformismo, la marginalidad cultural y la corrupción que corroe nuestra alma e impide que nos convirtamos en ciudadanos dignos y exitosos. La educación que pretende imponer el régimen es sinónimo de pobreza, atraso e ignorancia. Por esas razones, tenemos la obligación de defender el derecho a una educación de calidad para alcanzar la modernidad y el bienestar que como nación libre y democrática  merecemos.
                                                                       Profesor Titular de LUZ

lunes, 28 de abril de 2014


El lobo ya llegó

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

Después de las últimas acciones del régimen, no deberíamos tener dudas acerca de la naturaleza totalitaria del gobierno de Nicolás Maduro. Quien todavía espera por la llegada del lobo, es un ingenuo que no vive en Venezuela, o sigue pensando que esta pesadilla es sólo invento de unos obcecados profetas del desastre. Mientras tanto, la revolución sigue avanzando a plena luz del día y con la bendición de instituciones (TSJ, AN, MP, etc.) que sin el menor rubor pisotean la constitución, según las exigencias del gobierno. Sin ánimo de restarle responsabilidad al principal autor de este desmadre, Maduro ha resultado más osado que su mentor, considerando su escaso carisma y la frágil legitimidad con la que asumió el poder. Está tomando decisiones que difícilmente hubiésemos imaginado que tomaría, amparado en una falsa convocatoria al diálogo y en la inclusión de sectores que siguen siendo tratados como traidores y enemigos de la revolución y de la felicidad del pueblo.

Recordando el cuento de la Caperucita Roja, el lobo no sólo llegó, sino que está devorando con ferocidad la libertad, la institucionalidad democrática, el bienestar y los valores que nos caracterizaron como una sociedad tolerante, con deseos de superación y profundamente orgullosa de su venezolanidad. Si no terminamos de abrir los ojos y dejamos la indiferencia que carcomen nuestra voluntad y sentido común, terminará imponiéndose este modelo totalitario y con él desaparecerá la libertad y la democracia que tanto nos costó construir.

Echemos un vistazo a las últimas acciones del gobierno durante las jornadas de protestas que iniciaron el pasado 12 de febrero. Encarcelamiento ilegal de Leopoldo López; destitución y sentencia a prisión de los alcaldes Ceballos y Scarano, propinando un golpe de Estado a la voluntad popular de los electores de San Cristóbal y San Diego; violación de la inmunidad parlamentaria de la diputada María Corina Machado, irrespetando el debido proceso en su desincorporación a la Asamblea; prohibición por parte del TSJ de las protestas pacíficas violando derechos constitucionales; pretensión de implementar el currículo bolivariano, a través de la resolución 058; represión brutal y prisión para estudiantes, incluyendo a menores de edad; asesinato a 41 venezolanos inocentes. Y en el área económica, observamos una inflación y un nivel de escasez sin parangón en la historia del país, acompañado de una gigantesca devaluación de nuestra moneda. En definitiva, un país cuya destrucción se ha acelerado vertiginosamente en el primer año de gobierno de Nicolás Maduro.

¿Qué más hace falta para que reaccionemos con valentía, firmeza y dignidad para defender esta patria que nos vio nacer y que debería dolernos a cada uno de sus hijos? ¿Acaso existe alguna esperanza para que las cosas mejoren con este gobierno, después de 15 años de fracaso? No soy tan determinista para pensar que es ahora o nunca; porque creo en la capacidad creadora de los pueblos, pienso que nuestro país derrotará la ignominia y la oscuridad que impide que construyamos un futuro más promisorio, pero para llegar a esa meta es necesario que despertemos hoy, que formemos parte de los miles protagonistas que están luchando con amor por nuestra Venezuela. Es necesario que abandonemos nuestros espacios de confort para dar un paso adelante, convencidos que la unidad del pueblo es el arma más poderosa para derrotar a los que sin derecho impiden que seamos el país grande que soñamos y que nos merecemos. Esa es la única opción para la victoria.

Profesor Titular de LUZ

lunes, 21 de abril de 2014


Economía y Libertad

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

En ocasión de expresar algunos datos del último estudio de Consultores 21, específicamente, que la mayoría de los venezolanos percibe que los problemas económicos (47.1%) son más graves que los políticos (29.9%) y los sociales (20.6%), el moderador de un programa de TV al que fui invitado recientemente, me preguntó cuál es la tesis más conveniente para Venezuela: la planteada por Leopoldo López referida a la conquista de la libertad para rescatar la democracia; o, la de Henrique Capriles que señala que la lucha debe privilegiar los problemas de la gente, en búsqueda del apoyo mayoritario de los pobres a las legítimas protestas de la sociedad venezolana.

Si nos apegamos a los resultados de la encuesta, queda claro que siete de cada diez venezolanos piensan que los problemas más graves del país son los de naturaleza socio-económica, razón por la cual defender la agenda social sería lo más recomendable a corto plazo. Ahora, si analizamos la compleja situación del país, deberíamos admitir que ambas tesis son perfectamente incluyentes y deben ser tratadas simultáneamente, porque la dinámica política es la que marca el rumbo de las diferentes áreas del quehacer nacional.

El déficit democrático y la violación de la libertad en todas sus dimensiones, orquestado por este régimen totalitario, ha generado nefastas consecuencias económicas que pulverizan la calidad de vida de los venezolanos. Ciertamente, problemas como el alto costa de la vida; la escasez de alimentos, medicinas y otros bienes necesarios; el desempleo y la inseguridad, llenan de angustia y desasosiego a las familias venezolanas, pero éstos son la consecuencia de un régimen que se empeña en calcar un modelo ideológico obsoleto que castra la iniciativa privada y las potencialidades de la sociedad, para concentrar todo el poder en manos de un régimen que todo cuanto toca lo destruye. Gracias al actual modelo político, inspirado en el castrocomunismo, Venezuela se ha convertido en el país con el peor desempeño económico de la región, sometiéndonos a una situación vergonzosa que poco a poco nos convierte en esclavos y mendigos de una dictadura que sólo vela por llenar los bolsillos de una camarilla corrupta y efectivamente apátrida.

Las decisiones políticas moldean el modelo de gobierno de la sociedad, impactando la economía y los valores que conforman la cultura política. No podemos pensar, entonces, que la política del régimen va por un camino y la economía por otro. Ambas forman parte integral del sistema totalitario que pretenden implementar desde hace 15 años y que Maduro ha intensificado durante el último año. Así como la política de la revolución irrespeta la Constitución y los derechos humanos; criminaliza la gestión pública y la protesta democrática; elimina la división y autonomía de los poderes públicos; transforma al partido oficialista en gobierno y en Estado, contraviniendo los postulados de una verdadera democracia; convierte a las Fuerzas Armadas en una guardia pretoriana al servicio de una ideología personalista; asimismo, la política revolucionaria irrespeta la propiedad privada y persigue toda actividad económica que surja fuera del seno oficialista; destruye la producción nacional para favorecer las economías de los países aliados; aumenta la inflación y debilita a la mínima expresión el bolívar;  impide que los pobres se superen porque pueden convertirse en escuálidos; y, destruye sin compasión las esperanzas y las oportunidades que aspiramos los venezolanos.

La crisis de nuestro país es tan cruenta que resulta ingenuo pensar que sólo un grupo de la oposición logrará la victoria sobre el régimen. Es el momento de la unidad genuina e indestructible, más allá de las aspiraciones electorales y personales; hoy más que nunca es el tiempo del movimiento estudiantil, de Capriles, Leopoldo López, María Corina, Ledezma, de nuestros alcaldes y de todo un pueblo en la calle para luchar por la libertad, la democracia y por una economía moderna al servicio del progreso de todos los venezolanos, sin exclusiones de ninguna índole. En Venezuela, hoy todos hacemos falta, nadie sobra en esta lucha titánica contra una dictadura que secuestró el derecho de disfrutar y vivir en una Venezuela libre, unida e independiente de toda malévola injerencia extranjera.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 16 de abril de 2014


Diálogo y Política

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

El diálogo en la política es el mecanismo que, a través de negociaciones entre las partes, permite dirimir conflictos y diferencias en búsqueda de acuerdos de beneficio colectivo. Si el propósito del diálogo es diferente, no pasará de ser una mera conversación (o contrapunteo o debate) con resultados contrarios a los esperados por la sociedad.

La profunda crisis que atraviesa Venezuela amerita un diálogo sincero y productivo entre el gobierno y la oposición, estableciendo condiciones de equidad y respeto que garanticen el éxito del mismo. Sin embargo, hay que admitir que el panorama es complejo, tal como lo señala el último estudio de opinión pública de Consultores 21 (marzo de 2014), al afirmar que el 50.9% de los venezolanos considera que aun existen posibilidades que el gobierno y la oposición lleguen a acuerdos, mientras que otro 44.8% piensa que esas posibilidades ya se agotaron, lo cual denota un país dividido en el que el escepticismo y las dudas acerca del diálogo son muchas. Dentro de esta perspectiva, es el gobierno quien tiene la mayor responsabilidad en que el diálogo sea efectivo, pues, la mayoría de los venezolanos lo percibe como el principal culpable de la debacle nacional en todos los sentidos.

Por su parte, la oposición al asistir a las reuniones preparatorias dejó muy en claro su talante democrático y pacifista, absolutamente contrario al golpismo que el gobierno ha pretendido endosarle desde siempre; a través de un discurso bien estructurado dejó al descubierto la incapacidad e ineficiencia de un régimen que se empeña en culpar a terceros de sus garrafales errores, demostrando que la crisis del país es mucho más grave de lo que algunos piensan. Asimismo, la MUD hizo esfuerzos para proyectar que la unidad sigue siendo su principal capital, aunque hubiésemos preferido una actitud más contundente al respecto.

Si el gobierno quiere el diálogo para no cambiar, entonces, no podemos esperar nada bueno y, con seguridad, la situación del país seguirá agravándose cada día porque, como dijo Henrique Capriles, o el gobierno rectifica o esto revienta. En este escenario, el diálogo será una fase inconclusa que podría desembocar en un estallido social  con consecuencias impredecibles. Después de las primeras reuniones, el gobierno continúa manteniendo su actitud irresponsable y soberbia, manifestando que la oposición no volverá ni siquiera con los votos del pueblo. A todas luces, esa arrogancia manifiesta la poca disposición de cambio o rectificación, con lo cual las probabilidades de un diálogo productivo lucen cada día más lejanas.

Las dudas se acrecientan porque son muchos los cambios que el gobierno debe implementar: una ley de amnistía general, con la cual admitiría la existencia de presos y exiliados políticos; el respeto a la autonomía y división de los poderes; la injerencia cubana en áreas militar y de inteligencia; la corrupción que ha hecho añicos las reservas morales de la revolución; la partidización de las fuerzas armadas; el modelo económico que irrespeta la iniciativa privada y destruye la producción nacional arrastrándonos a una economía pobre y atrasada a imagen y semejanza de Cuba; la violación flagrante a la Constitución y a los derechos humanos; la represión cruel a estudiantes pacíficos. ¿Tendrá voluntad el gobierno de cambiar el modelo totalitario que ha implementado por más de 15 años? Tengo profundas dudas al respecto. Pero lo que sí es cierto que mientras el gobierno no materialice la justicia, jamás tendrá la paz que con tanta alharaca exige pero es incapaz de generar.

Profesor Titular de LUZ

martes, 8 de abril de 2014


Errores que debemos corregir

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 Los seres humanos cometemos muchas veces el mismo error, sin percatarnos siquiera del daño que nos provocan. Así sucede con sociedades que repiten errores basados en mitos que obstaculizan una visión más clara de su devenir histórico. Mientras mayor sea la acumulación de errores, más difícil será la búsqueda de soluciones para salir airosos de la crisis.

Venezuela, como el resto de Latinoamérica, es una sociedad que ha vivido con errores que han generado mucho daño. Dentro de la profunda crisis que estamos enfrentando, resulta pertinente recordarlos para tratar de no seguir contaminando el objetivo de construir una nación libre, democrática, moderna y con iguales oportunidades para todos.

A través de nuestra historia nos ha acompañado la perversión del caudillismo. A cada momento invocamos la aparición de un líder mesiánico, un salvador, el libertador del pueblo. Hemos entregado cheques en blanco a innumerables líderes, en la esperanza de encontrar la redención social. Con el advenimiento de la democracia, pensamos que el resabio caudillista había sido derrotado. Cuán equivocados estamos. Ese flagelo está más vivo que nunca. Gracias a él, estamos atrapados en un callejón sin salida. Y seguimos insistiendo en lo mismo. Desechamos y ensalzamos líderes con pasmosa ligereza, olvidando que lo que nos hace falta es un verdadero estadista, un  líder responsable y visionario, con pedagogía para coadyuvar con la materialización de las extraordinarias potencialidades de un pueblo lleno de inteligencia y creatividad. Capaz de inspirarnos.

El otro error que subyace del primero, es privilegiar el personalismo antes que la lucha colectiva, lo cual denota el déficit de ciudadanía que nos caracteriza. Entendamos que las grandes luchas se libran con el esfuerzo de ciudadanos comprometidos con la defensa de intereses colectivos y con disposición de participar activamente en espacios públicos. Esta es una lucha del movimiento estudiantil, de los partidos políticos, de la sociedad civil, de gremios, productores y empresarios, de todos unidos alrededor de un propósito supremo que nos inspire y nos guie como sociedad madura que sabe exactamente hacia dónde va.

El inmediatismo es otro error que debemos vencer. Después de quince años de este modelo totalitario, pensamos que con pocos esfuerzos y en poco tiempo se puede vencer un régimen que controla absolutamente las instituciones y la riqueza del país. Al colocar fechas anunciando la caída del gobierno, se sobredimensionan los impulsos, el cortoplacismo y las fábulas, fortaleciéndose el radicalismo versus la inteligencia, la racionalidad y la prudencia que aconseja la coyuntura. De lo que se trata es de luchar con perseverancia, unidad y claridad absoluta de objetivos, animándonos a continuar en la lucha por más obstáculos que surjan en el camino.

Finalmente, hacer leña del árbol caído ha sido una tradición de la política venezolana. Esta actitud nutre la división y la desconfianza entre los aliados, brindándole argumentos al verdadero adversario. Debemos ser más magnánimos y consecuentes con quienes han luchado por un mejor país. Me pregunto si estamos conscientes quién representa hoy la dictadura, el irrespeto y el atraso, la traición al país y el entreguismo a Cuba. Es tiempo de profundas reflexiones que nos permitan superar estos errores históricos, en la seguridad que vamos a triunfar por el bien de todos los venezolanos.
                                                                                                                    Profesor Titular de LUZ