martes, 16 de junio de 2015


Revolución, Corrupción y Pobreza

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La justicia y la igualdad social, banderas por las que supuestamente luchó Hugo Chávez, hoy están hechas añicos. Bastó su desaparición física y la disminución del precio del barril de petróleo, para que la verdadera esencia de esta revolución quedara al descubierto. Lo que se ha dicho desde hace mucho tiempo, la fuerza de los hechos lo corrobora hoy día; esta revolución es la más grande estafa que hemos sufrido los venezolanos desde que se inició la era democrática en 1958.

La brecha entre pobres y ricos crece vertiginosamente; los discursos huecos e hipócritas del régimen no detienen el crecimiento de la pobreza en Venezuela. A pesar de que esta revolución  administró la más grande riqueza de nuestra historia contemporánea, hoy el número de pobres crece alarmantemente y los ricos cada vez son menos, ensanchándose peligrosamente la brecha social. Pero lo que es peor, la inmensa mayoría de los ricos son parte de una nueva clase social –los boliburgueses o los enchufados-, cuya riqueza proviene de la corrupción y de los guisos enquistados en todas las áreas de la administración pública, incluyendo al estamento militar.

Esa es una riqueza que empobreció y destruyó al país, pues, no ha generado empleos productivos y de calidad, ni inversiones que alimentan el progreso, ni mucho menos bienestar social. Es una riqueza que sólo sirve para que unos pocos la acumulen en bancos y paraísos fiscales, permitiéndoles adquirir todo tipo de bienes –mansiones, carros de lujo, yates, etc.-, por costosos que sean,  acrecentando su impunidad e influencia política para atornillarse en el poder a fin de no perder los negocios y prebendas que sólo una alianza servil con el régimen puede garantizar.  

Esas incalculables fortunas que disfruta una minoría enchufada, producto del mayor saqueo al que ha sido sometida Venezuela en estos 16 años de revolución, es la principal causa de la pobreza y la ruina de Venezuela. Es el culpable de porque no hay insumos ni equipos en los hospitales y ambulatorios, colocando a la salud pública en situación tan deprimente y vergonzosa que le pedimos a Dios no enfermarnos nunca para no morir de mengua en cualquier hospital. Por la corrupción revolucionaria, nuestra principal empresa –PDVSA-, después de ser una de las más grandes y calificadas empresas del mundo, hoy es una empresa arruinada que a duras penas produce petróleo a gotas, pues, se ha convertido en uno de los centros más apetecidos y atractivos para los guisos de la revolución; allí se importan alimentos, se construyen viviendas y se negocian equipos que los compramos como de última tecnología y son verdaderas chatarras.

La corrupción revolucionaria saqueó los recursos destinados a mantener nuestras universidades como centros del conocimiento y del desarrollo nacional; hoy no hay dinero para pagar salarios justos a los universitarios, ni mucho menos para fomentar la investigación y la tecnología, y ofrecer espacios e infraestructuras dignas de universidades que se merecen el mayor respeto del gobierno.

Por culpa de la corrupción en tiempos de revolución, nuestro pueblo está pasando hambre gracias a una escasez que sobrepasa el 70%, con alimentos a precios exorbitantes producto de una economía absolutamente desarticulada. Una economía paralizada que nos mantiene en estado de sobrevivencia. Somos la nación más depauperada de la región; con los peores indicadores sociales y económicos, sin considerar las permanentes violaciones a los derechos humanos. Cuidado si no estamos en una situación similar a la de Haití, que ya es bastante decir.

Gracias al defalco revolucionario, carecemos de eficientes servicios públicos. Venezuela es un país a oscuras, cuando tuvimos la más grande hidroeléctrica del mundo. Nuestros pueblos y ciudades carecen de un servicio ininterrumpido de agua potable; el racionamiento de la electricidad y el agua es algo normal y cotidiano para nosotros. No hay carreteras en buen estado, ni instalaciones aeroportuarias apropiadas; ni gasolina, ni comida, ni medicinas. Eso sí, tenemos colas, escasez, alto costo de la vida, desempleo, inseguridad y represión; todo es un caos y una pesadilla, gracias a forajidos y ladrones que nos robaron el porvenir y el futuro y, con el mayor caradurismo, nos amenazan ahora diciéndonos que si la revolución pierde habrá sangre y masacre, como si les pareciera poco todo el sufrimiento y desolación que estamos padeciendo gracias a su incompetencia y a su insaciable voracidad para robar las arcas nacionales.

No tengo dudas que esta revolución fracasó estrepitosamente. Fue incapaz de proporcionarnos bienestar, progreso, seguridad y modernidad para construir el país puntero de América Latina. Representan el fraude, el engaño y la peor estafa que hemos padecido los venezolanos. Por eso, con mucha firmeza, sabiduría y amplitud, debemos decirles a los pocos que todavía confían en esta revolución de pacotilla que, gracias a esos corruptos, perdimos una patria que hoy nos exige unidad, lucha, esfuerzos y buena voluntad para vencer esta podredumbre y transitar por el camino del cambio que nos devuelva la felicidad y la tranquilidad que perdimos.
 
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 10 de junio de 2015


EstaFAO

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 
Cuando creíamos que la capacidad de asombro de los venezolanos se había agotado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) nos sorprende con la entrega de un premio al gobierno de Nicolás Maduro por los esfuerzos realizados en materia de alimentación. Qué desfachatez y caradurismo!!! Cómo se ve que los directivos de la FAO desconocen la peor crisis alimentaria que ha sufrido Venezuela en los últimos sesenta años, así como las penurias que a diario nos toca vivir para encontrar los alimentos de primera necesidad.

Exijo que la FAO nos responda cuál es la verdadera razón de ese premio, ¿acaso se le reconoce al régimen su impresionante capacidad para destruir la agricultura del país obligándonos a importar la casi totalidad de los alimentos que consumimos?, o ¿el premio es por las kilométricas colas que hacemos a diario para comprar alimentos que escasean como si viviéramos en un país que enfrenta una guerra de grandes dimensiones?, o será ¿por los precios estratosféricos de los alimentos debido a la más alta inflación del planeta, que amenaza con el aumento de la pobreza en porcentajes inimaginables?

¿De qué se trata esto? ¿Es una burla a los venezolanos, o es un “guiso” más de los que el régimen acostumbra negociar para lavar su sucia imagen internacional, a través de petrodólares cada vez más escasos? Pensábamos que el régimen poseía la exclusividad para estafar nuestra buena fe, pero ya vemos que además de los “chulos” de la región, existen organizaciones internacionales cómplices de un circo que ya no tiene ni el pan ni la “emoción” que en otros tiempos dilapidó con irresponsabilidad abismal.

Se reconoce a un régimen que destruyó la producción agrícola, como langostas que devoran en segundos plantaciones enteras. Sus expropiaciones y confiscaciones acabaron con fincas, sembradíos e ingenios azucareros en plena producción que pasaron a las manos incapaces y corruptas del Estado; ordenando importaciones de alimentos a gran escala que sólo benefician  a productores extranjeros en conchupancia con los boliburgueses nacionales, sin importarles el daño a nuestra  economía y a una soberanía alimentaria ahora más vulnerable que nunca, porque dejamos de producir rubros en cantidades suficientes para abastecer la demanda nacional y exportar. Si el reconocimiento es por esta razón, entonces, se justifica la actuación de ese organismo internacional.

Ahora si el reconocimiento que la FAO le otorgó al régimen se debe a razones diferentes, entonces, tengo el legítimo derecho de dudar de la idoneidad del organismo para conocer la relación que existe entre la agricultura y la alimentación, pues, en la medida que un país esté en capacidad de producir directamente sus alimentos está garantizado el acceso y distribución intensa y equitativa de los mismos, lográndose la verdadera soberanía alimentaria. Pero una nación que, como la nuestra, depende indiscriminadamente de las importaciones amparado en la chequera de petrodólares, cuando éstos disminuyen, como sucede actualmente, se presenta una cruenta escasez de alimentos con precios que imposibilitan el acceso a los sectores más vulnerables de la sociedad. Dentro de este escenario, la soberanía alimentaria se convierte en sofisma que alienta la pobreza y el hambre de los venezolanos, a diferencia de la propaganda oficialista que miente y manipula sin rubor alguno.

Ese premio pretenderá aquietar hipócritamente la conciencia de un régimen que nos lleva, gracias a su modelo fracasado y obstinadamente incompetente y corrupto, a las puertas de una crisis humanitaria jamás vista en nuestro país, es decir, más pobreza y más hambre bajo la mirada insensible de un gobierno que le importa más el poder y los privilegios que de él se derivan, que el bienestar y la felicidad de sus conciudadanos.

De lo que si estoy seguro es que ese reconocimiento internacional es una bofetada a un país que se siente estaFAO y burlado por las mentiras de un régimen, en complicidad con la FAO, que pretende destruir la esperanza de vivir en un país como el que nos merecemos los venezolanos de buena voluntad. Ese premio es una razón más para culpar de nuestras tragedias a un gobierno que representa el atraso, la pobreza y el pasado. Sigamos construyendo el cambio para liberarnos de esta podredumbre que aniquila el profundo orgullo de sentirnos venezolanos de primera.
 
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 3 de junio de 2015


La Universidad no se rinde

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La sociedad del conocimiento se ha convertido en la vía más expedita para que los países puedan disfrutar de un desarrollo sostenible en el tiempo. Atrás quedaron las teorías que planteaban que la posesión y transformación de los recursos naturales, era la clave del crecimiento y el desarrollo de las naciones. Hoy día, el conocimiento y la tecnología se constituyen en los motores de la sociedad, amenazando con dejar rezagados y empobrecidos aquellos países cuyos gobernantes  se niegan aceptar la tesis de la globalización o, lo que es peor, desprecian y se burlan del mundo de las ideas y del conocimiento, debido a los complejos ideológicos que profundizan su ignorancia y mediocridad.

El mejor ejemplo de lo que estamos hablando lo representa el régimen de Venezuela.  Este gobierno irrespeta las ideas basadas en el conocimiento, porque las consideran peligrosas para su propósito de convertirnos en esclavos de seudolíderes y de una ideología obsoleta y comprobadamente fracasada.

La actual crisis que experimenta la universidad venezolana tiene su principal causa en la ignorancia deliberada del régimen; no les conviene tener activa una universidad democrática y formadora del conocimiento que libera y transforma; pensamiento crítico y plural con dignidad y fortaleza suficientes para combatir a quienes desean destruirla. No olvidemos que los regímenes, por crueles y poderosos que sean, tienen corta vida, mientras que el conocimiento que emana de la universidad se ha mantenido vivo por siglos. Esa es la gran diferencia entre la ignorancia, que oprime y empobrece, y el conocimiento que nos convierte en ciudadanos libres e independientes, útiles a nuestro país y a nuestras familias.

El aporte de la universidad venezolana al país ha sido extraordinario. No sólo ha formado miles y miles de profesionales capaces y competentes, impulsando una revolucionaria movilidad social que produjo la más vigorosa clase media de Latinoamérica, sino que ha sido aliada y defensora de la libertad y la democracia, en momentos donde los tiranos y autócratas han pretendido gobernar al país como una hacienda, como una cantina de cualquier comando militar, o como un sindicato de poca monta. La universidad venezolana ha estado invariablemente presente en la historia de nuestra nación, convirtiéndose en especial referencia ética y académica.

Hoy el régimen quiere colocar a nuestra universidad de rodillas, bajo la complacencia de personas y gremios que inexplicablemente siguen apoyando a sus victimarios. El cerco financiero ha sido permanente con la idea de asfixiarla; antes del desplome de los precios del petróleo, ya el régimen aprobaba presupuestos deficitarios que sólo alcanzan para pagar nóminas de hambre a sus profesores y empleados; las labores de investigación, claves en los procesos de innovación científica, se han reducido drásticamente; el mantenimiento de la infraestructura y la construcción de obras necesarias se han paralizado, agravando el deterioro físico de nuestras casas de estudios. La extensión universitaria y los servicios estudiantiles tan prolíficos en otras épocas, hoy son actividades que se cumplen con demasiadas limitaciones y por debajo de las expectativas.

Simultáneamente, el régimen viola la autonomía universitaria, permitiendo no sólo el reiterado ingreso de cuerpos de seguridad a su campus sino que, valiéndose del control sobre las instituciones del Estado, ha impedido la celebración de elecciones para renovar autoridades que tienen sus períodos vencidos y, algunas de ellas, proyectan desgano y falta de firmeza para encarar la dramática crisis de la universidad. Como si fuera poco, nuestras legítimas demandas salariales en vez de ser canalizadas ante el Ministerio de Educación Superior, organismo competente,  son tratadas por el Ministerio del Trabajo, como si fuésemos empleados de cualquier oficina gubernamental o trabajadores de la empresa privada. Recientemente, el régimen invadió la política de ingresos de las universidades, endosándose la competencia exclusiva de asignar los cupos a los nuevos bachilleres, irrespetando normas y desconociendo realidades demográficas, académicas y geográficas, con la intención de controlar absolutamente todo y convertir nuestras vidas en un cupo, única opción que tienen para gobernar el país.

Hoy, los universitarios de buena voluntad estamos en pié de lucha. Seguiremos defendiendo nuestros derechos y el futuro que se merece nuestra juventud. La arrogancia y la prepotencia de este régimen fracasado, no podrán destruir la fuerza y la dignidad de quienes estamos convencidos que la educación es la mejor alternativa para garantizarle a los venezolanos un futuro promisorio con libertad, justicia y progreso. La Universidad Venezolana no se rinde; cada día son más los que apoyan esta lucha y están conscientes que nuestras protestas no sólo persiguen reivindicaciones salariales, sino que representan el legítimo derecho a una educación de calidad, comprometida con la democracia y la justicia. Demostremos una vez más que la Universidad sigue siendo reserva moral y ética del país, y referencia fundamental de la grandeza que aún permanece en el corazón de los venezolanos que amamos profundamente este país. Muy a despecho del régimen, los universitarios venezolanos jamás nos rendiremos!!!

Profesor Titular de LUZ

martes, 26 de mayo de 2015


Un país deprimido

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Confieso que la actitud de los venezolanos acerca de la situación del país, es asombrosa; yo diría que inédita. Nuestra capacidad de aguante es infinita. La crisis se agrava con mayor fuerza; ya está cómodamente instalada en nuestros hogares, dejándonos una sensación de absoluta pobreza y, sin embargo, pareciera que aun tienen que pasar muchas más cosas para que reaccionemos, para que tomemos conciencia del estado de postración en el que estamos viviendo.

La depresión científicamente “es un trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés y disminución de las funciones psíquicas”; definición que ilustra gráficamente la psiquis actual de los venezolanos. Después de ser un pueblo alegre y dicharachero, reímos para no llorar. Nos colocamos la máscara de la indiferencia, cuando en el fondo de nuestro ser emerge la incertidumbre, la frustración y la impotencia que nos mantiene en un estado de agresividad como nunca antes lo habíamos experimentado. Basta con salir a la calle para percatarnos cómo hemos transformado la amabilidad y los buenos modales en violencia y hostilidad que aflora por cualquier cosa. La crisis está carcomiendo lo mejor que llevamos dentro.

La otrora alta autoestima de los venezolanos –llegó a ser una de las más altas de la región- está hecha añicos. El régimen nos abusa, se burla y nos humilla, irrespetando nuestra dignidad como seres humanos. Sus decisiones invariablemente van dirigidas a menoscabar nuestra calidad de vida; nos han convertido en mendigos que hacen colas para comprar o buscar cualquier cosa, desde los alimentos hasta la gasolina; ni se diga de las kilométricas colas en bancos, ministerios, hospitales, empresas de servicios públicos. Las colas han copado nuestra vida y conversaciones, son el centro de la cotidianidad diaria. Empezamos hacer cosas que jamás pensamos que haríamos; y lo más doloroso es que cada vez son más las voces que anuncian que ya nos estamos acostumbrando a esta vida de escasez, de colas, de impunidad, de corrupción y de pobreza en todas las áreas del quehacer nacional.  

La tristeza, la angustia, la impotencia y el irrespeto de nuestra dignidad humana, han producido desinterés en todas aquellas actividades diferentes a las del entorno personal y familiar. Nada nos motiva, nada nos inspira para lograr un cambio. Nos refugiamos en nuestros espacios de confort sin percatarnos siquiera que la vorágine revolucionaria nos arrastra a la destrucción total. La anomia amenaza con destruir el espíritu irreverente y protestario que en otros tiempos interpretaba nuestra gaita zuliana.

Resulta difícil entender cómo un régimen tan incapaz, mentiroso y carente de apoyo popular, nos haya hecho la vida de cuadritos. Permanecemos pasivos confiados en que “aquí va a pasar algo”, como si nos pareciera poco todo lo que hemos vivido, con pronósticos más funestos conforme transcurre el tiempo. No obstante, esa actitud pasiva y conformista que observamos en gran parte de las personas con las que a menudo interactuamos, contrasta diametralmente con la mayoritaria demanda de cambio que recogen los más recientes estudios de opinión pública del país.

¿Qué nos hace falta entonces para levantarnos y vencer tanta ignominia? Lamentablemente la depresión del país no pueden sanarla los psiquiatras ni los antidepresivos. Sólo nuestra firmeza y determinación harán posible que salgamos del decaimiento y desinterés que nos aniquila. Fortalezcamos la convicción que juntos podemos construir un mejor país porque contamos con el talento y los recursos para hacerlo. Vamos a inyectarnos una dosis de esperanza capaz de doblegar las dudas y el miedo que nos ata a un presente lúgubre y miserable, impidiéndonos abrazar un futuro luminoso al que tienen legítimo derecho nuestros hijos y nietos. Jamás olvidemos que la esperanza es el motor que mueve nuestras fibras y nos impulsa a luchar por la grandeza que una minoría corrupta y apátrida pretende arrebatarnos. Si perdemos la esperanza de cambio, entonces, se cumplirá el nefasto propósito del régimen, convertirnos en una sociedad ciega, sorda y muda que se rinde ante un grupo de forajidos que traicionaron los sueños de un país.

Vamos a levantarnos del suelo, limpiemos el polvo de nuestros zapatos y emprendamos todos unidos el camino del cambio, porque la historia siempre está del lado de los que luchan por la libertad, la justicia y la grandeza de nuestra amada Venezuela. Es la hora de despertar, participar y luchar con todas nuestras fuerzas por Venezuela, por nuestras familias, por el futuro que ansioso espera por todos los venezolanos de buena voluntad.

 
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 20 de mayo de 2015


Reflexiones sobre las Primarias de la MUD

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Las primarias de la MUD, celebradas el pasado domingo 17 de mayo, en 33 circunscripciones electorales de 11 estados de la República, superaron las expectativas planteadas por el bloque democrático. A pesar de la poca promoción del evento, tanto por los medios de comunicación como por los propios partidos, y considerando que son comicios que despiertan poco interés en los ciudadanos, votaron 544.000 electores reflejados en 641.000 votos, por cuanto existen circuitos plurinominales como es el caso por ejemplo de Barcelona y Maturín.

La mayor afluencia de votantes se registró en aquellas circunscripciones afectadas por los abusos y arbitrariedades políticas del régimen, como es el caso de San Diego (Carabobo) y San Cristóbal; cuyos electores votaron por nuevos liderazgos que desplazaron a reconocidos líderes que no acompañaron ni defendieron a los ciudadanos en sus legítimas demandas. Están emergiendo nuevas organizaciones partidistas acompañadas de rostros frescos que, sin duda, van a oxigenar a la alternativa democráticas en determinadas regiones del país, como es el caso particular de Carabobo, Táchira y Nueva Esparta.

Ciertamente, los resultados de las primarias proyectan a unos partidos políticos con mejor desempeño que otros, al endosarse un mayor número de votos y  de candidatos a la AN, pero en las actuales circunstancias del país estos cálculos son contraproducentes para alcanzar la unidad perfecta. Lo importante es destacar que más de medio millón de venezolanos fueron a votar, para fortalecer la unidad democrática como instrumento que puede materializar la demanda de cambio exigida  por siete de cada diez venezolanos.

De manera reiterada he manifestado que es el tiempo de la política inteligente para enfrentar la podredumbre de este régimen corrupto y fracasado; que es necesario fortalecer los partidos para recuperar la democracia y la libertad; ya basta de antipolítica;  pero debemos centrar la atención en los ciudadanos porque es el tiempo de la gente que exige el acompañamiento de partidos políticos responsables y comprometidos con el país; partidos que contribuyan efectivamente con la organización de una sociedad con voluntad  y determinación para participar activamente en la construcción del cambio.

En nuestra opinión, esa debería ser la principal lección de las primarias del 17M. La MUD empieza a despejar un camino que está lleno de obstáculos; fue capaz de “agarrar el toro por los cachos” en circunstancias donde la población se encuentra desmotivada y desesperanzada. Esto debería ser interpretado como el inicio de una nueva jornada de la alternativa democrática, razón por la cual debería ser celebrado masivamente como un logro, como un extraordinario éxito de la MUD. Que nadie opaque la extraordinaria importancia de este triunfo de la oposición democrática venezolana; es hora de trabajar incansablemente por la unidad perfecta, en vez de criticar y lamentarse por asuntos particulares que no tienen interés alguno para la inmensa mayoría de los venezolanos, cuya máxima aspiración es materializar el final de una pesadilla que lleva más de 16 años en el poder.

La demostración más fehaciente de lo que decimos, la reflejan las opiniones de los más radicales voceros del oficialismo al descalificar el éxito de las primarias de la MUD. Si en verdad, las primarias “fueron una estafa”, ¿por qué le han dedicado tanto tiempo en televisión y otros medios de comunicación? Definitivamente, el régimen jamás pensó en resultados tan favorables para la oposición. Ahora le corresponde a los líderes, partidos y organizaciones sociales que hacen vida activa dentro la MUD y fuera de ella, aprovechar esta coyuntura para presentarle al país la lista de los candidatos de la Unidad y el Cambio, para lograr la motivación y participación multitudinaria de los venezolanos que, a través de su voto, elegiremos una nueva Asamblea Nacional con una clara y contundente mayoría democrática, para iniciar los cambios que nos devuelva el país que anhelamos y nos merecemos.

La historia juzgará las acciones de los principales actores de oposición de Venezuela. La mesa está servida, invitemos a los comensales para compartir la lucha, los sueños y la esperanza por un país donde tengamos un mejor presente y un futuro con oportunidades para todos. La única opción es no equivocarnos e interpretar fielmente lo que está sintiendo el pueblo venezolano que, sin emitir palabra alguna, nos dice a gritos que ya está cansado de esta vaina!!!
 
Profesor Titular de LUZ

lunes, 11 de mayo de 2015


Amarga despedida

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Nací en una familia que sembró su vida en tierras del Sur del Lago; acompañado de la tranquilidad de la naturaleza y de la bondad y afecto de su gente. Mi infancia transcurrió sin la incertidumbre y los sobresaltos a la que nos tienen acostumbrados estos tiempos de revolución. La unión familiar fue uno de los valores más preciados y practicados por mis padres, Neptaly y Laura. Para ellos, la unidad de la familia era amor, respeto, solidaridad, lealtad y fortaleza para encarar las dificultades. Con la sabiduría acumulada por la experiencia de los años, mi padre afirmaba frecuentemente: “la familia es mi mayor tesoro y su unión es la razón que me inspira para seguir luchando”. Hasta el día de hoy, he tratado de honrar el portentoso legado de mis padres, fortaleciendo el amor hacia mi familia, los Rincón Marroquín, con el mismo esmero con el que se cuida la flor más bella del jardín.

Cuando hace más de treinta años me casé con mi esposa Adeila, el Señor me bendijo otra vez al regalarme una nueva familia, conformada por los Atencio Finol; que al igual que mi familia biológica valoran y practican la unión familiar, como herencia que nos dejó Chinco “El Negro” y Mamá Rosa, en calidad de líderes vitales de esta gran familia.

Durante toda la vida, Dios me ha permitido disfrutar de familias cuyo amor, lealtad y unión son más poderosas que las diferencias que normalmente puedan suscitarse entre sus miembros, constituyéndose en el mejor apoyo para alcanzar metas y proyectos, y en esa fuerza y valor que nos ayudan a sortear las adversidades que encontramos en el camino.

Puedo decir a viva voz, y en lo más profundo de mi corazón, que la familia es uno de los dones más maravillosos que el Señor me regala con cada amanecer. Por eso no me cansaré jamás de darle infinitas gracias por tan hermoso obsequio. Pero, muy a pesar nuestro, la separación de la familia empieza a tocar nuestras puertas, llenándonos de profunda tristeza. Separación que se produce por causas ajenas a nuestra voluntad; una separación que no puede detenerse con un fuerte abrazo, con una palabra de perdón, o con el sentimiento del amor más genuino; no la podemos detener porque es de otros la culpa; es una separación que produce nostalgia, lágrimas e impotencia. Que amenaza con paralizarnos frente a lo que jamás pensamos que podría suceder.

Sin oportunidades para echar adelante; sin empleos dignos que le permitan levantar decentemente a sus familias; con el dolor de saber que en su país, sus talentos y capacidades son menospreciados y pisoteados por un gobierno incapaz, excluyente y corrupto; sin la garantía de servicios básicos de calidad como la educación, la salud, la seguridad, la electricidad y el agua potable; un país sin alimentos, ni medicinas; un país sin futuro. Con este escenario tan desolador, nuestros hijos, nietos, sobrinos, primos y amigos se ven obligados irse a otros países en búsqueda de lo que en Venezuela no pueden alcanzar, dejando atrás una familia que poco a poco se desintegra por una separación que nos duele hasta en el alma.

Ayer fueron mis sobrinos Marisol y Alejandro; Orlando y Kate; Ingrid, Emilio e hijos; José Ricardo, Claudia e hijas; hoy son mis compadres, sobrinos y ahijados, Mary Gaby y Victorino, con sus niños Camila y Juan Diego, que son la luz y la alegría de nuestro hogar; mañana será, Dios mediante, Laura Virginia, nuestra hija amada y así otros tantos, hasta que esta familia tan numerosa empiece a reducirse y a llenarse de recuerdos que jamás podrán borrarse de nuestra memoria.

De la separación de miles de familias, también es culpable este régimen nefasto que transformó a Venezuela en un país de emigrantes, cuando siempre fuimos una nación que cobijó con afecto y respeto a extranjeros provenientes de todas partes del mundo. Usted, Nicolás Maduro, y su régimen fracasado, transformaron un país de progreso que daba oportunidades a nacionales y extranjeros, porque aquí cabíamos todos, en una nación en la que sus hijos se ven obligados a abandonarla para evitar morir de mengua.

Los que nos quedamos aquí para continuar la lucha por un mejor país, o porque sencillamente no podemos irnos, le pedimos al Señor bendiga con abundancia a los que por fuerza mayor dejan su tierra, sus familias, sus afectos, sus recuerdos; a los que se van con sus corazones rotos; que les brinde la fortaleza y la perseverancia para alcanzar en sus nuevos destinos lo que en su país no pudieron obtener. Que esta amarga despedida se transforme en fe viva y maravillosa esperanza que les guíe por un mejor camino y les proporcione el bienestar necesario y anhelado. 

Queridos hijos, jamás olviden que por muy grande que sea la distancia física, nada podrá destruir la unión espiritual y el amor sublime de la familia, porque como dice la canción de Rubén Blades “… a pesar de los problemas, Familia es Familia y Cariño es Cariño”. Dios los bendiga y los proteja siempre.

Profesor Titular de LUZ

martes, 5 de mayo de 2015


La mayoría quiere un cambio

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Frente a la profunda polarización que ha experimentado la política venezolana en los últimos dieciséis años, empieza a visualizarse un tema que une a la inmensa mayoría del país, inclusive a los estratos más pobres, otrora incondicionales del proceso revolucionario. Ese elemento que unifica y amalgama a los venezolanos, es la demanda de cambio como respuesta para salir de una crisis de la que se culpa directamente al gobierno de Nicolás Maduro.

Esta percepción de cambio se proyecta claramente en los estudios de opinión pública correspondientes al primer trimestre del año en curso, de dos de las más reputadas firmas de investigación y consultoría del país, como son Consultores 21 y Alfredo Keller y Asociados. En ambos estudios, se revela que siete de cada diez venezolanos desean un cambio para solucionar la grave crisis que atraviesa el país, mientras que los tres restantes consideran que el continuismo –o la profundización del socialismo- sigue siendo la fórmula ideal para solucionar los graves problemas de Venezuela.

En el estudio de Keller, la demanda de cambio se ubica en 69%, en contra de un 20% que favorece las políticas del régimen. Pero lo más importante es que en todos los estratos sociales, la demanda de cambio es mayoritaria; por ejemplo, en el estrato E –los más pobres-, el 57% quiere un cambio de rumbo del país, en contra de un 27% que prefiere la continuidad del modelo socialista; en los estratos D (D- y D+), en promedio, siete de cada diez desean un cambio; en los estratos medios y altos, la demanda del cambio es superior al 83%. Como puede apreciarse, la demanda de cambio es un clamor de la inmensa mayoría de los venezolanos. Al considerar la variable de identificación política, los resultados de Keller proyectan la evidencia cada vez más creciente de la condicionalidad y criticidad de los sectores chavistas; de los que se declaran “muy chavistas”, el 66% prefiere continuar con el modelo político del régimen, mientras que un 28% expresó la necesidad de un cambio en el país; pero los entrevistados que se autodenominan como “algo chavistas”, más de la mitad (52%) prefiere en un cambio de rumbo que mantenerse aferrados al modelo que representa Nicolás Maduro.

Lo más relevante de estas cifras es el pronunciado deterioro del apoyo popular hacia Maduro y su gobierno. No sólo los sectores populares empiezan a proyectar descontento con el régimen, sino que dentro de las propias bases del chavismo la incondicionalidad y la lealtad absoluta al proceso se resquebrajan con inusitada rapidez. Gran parte de los que se declaran chavistas, son ahora críticos al régimen y todo pareciera indicar que no estarían dispuestos a firmar de nuevo un cheque en blanco a una revolución incapaz de satisfacer sus demandas básicas.

En opinión de Keller, al ponderar algunas variables de su estudio (percepción positiva de la situación del país, opinión positiva de la situación socio-económica familiar, calificación positiva de la gestión y popularidad de Maduro e intención de voto a favor del PSUV), el apoyo duro del chavismo se ubica en 26%, en comparación con un 72% a principios del 2005 (era de Chávez), o con el 50% al inicio del 2013 (era de Maduro). En dos años de gestión, Maduro dilapidó la mitad del apoyo político que permitió su acceso al poder.

Dentro de este contexto, el estudio de Consultores 21, expresa que el 69.7% de los entrevistados cree que “Venezuela es un país que se está desmoronando”, en contra de una cuarta parte (25.4%) que piensa que “el país está cada vez mejor”. Estas cifras son muy similares a la evaluación de la gestión de Nicolás Maduro, esto es, un 27.3% de valoración positiva y un 72.7% de valoración negativa.

Estas cifras tan desfavorables colocan al régimen, por vez primera, en posición muy vulnerable de cara a las elecciones parlamentarias. No obstante, desde una perspectiva simplista, sería ingenuo pensar que “el mandado ya está hecho” y que de manera espontánea el descontento popular se encargará de castigar la incapacidad del régimen para favorecer una victoria de la oposición. Mucho cuidado con pensar de esta manera. No olvidemos que el gobierno aun posee recursos provenientes del uso del poder que le proporcionan ventajas nada desestimables.

Para capitalizar el abrumador descontento popular y transformarlo en verdadera voluntad de cambio, es necesario que la MUD, en primer lugar, consolide y proyecte sincera y efectivamente el sentimiento de Unidad al servicio de los venezolanos. Esta actitud contribuiría a ganarse el respeto y la confianza de millones de ciudadanos que están esperando por una nueva opción que los acompañe en la construcción de un mejor país para todos.

Por otra parte, la oposición debe esforzarse en motivar la participación mayoritaria en las próximas elecciones; hoy como ayer, el fantasma de la abstención sigue rondando especialmente en los predios naturales de la oposición democrática; ya es suficiente con la estrategia abstencionista promovida por el CNE a favor del régimen, para que la MUD mantenga una posición que profundice las dudas y la desmotivación de los electores. Es necesario articular un mensaje atractivo y convincente que explique claramente la importancia de elegir una nueva Asamblea Nacional con mayoría opositora, porque éste es el inicio del cambio necesario para hacer de Venezuela un país democrático, moderno, progresista y con justicia social.

Esa es una tarea inaplazable que nos convoca a todos los venezolanos que seguimos creyendo que el déficit democrático que afecta al país, se resuelve con una mayor dosis de democracia, libertad y ciudadanía. No tenemos otra opción, apreciados lectores. Si alguien cree que existe una mejor y más efectiva opción para alcanzar el cambio que la inmensa mayoría anhela, por favor dénosla a conocer, mucho sabríamos agradecerles.

Profesor Titular de LUZ