martes, 14 de julio de 2015


La Venezuela que soñamos

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

En este artículo las ideas que expreso no me pertenecen; las tomé prestadas de mis alumnos de la cátedra de Análisis Socio-Político de la Escuela de Economía de LUZ, producto de uno de los debates realizados durante nuestras clases, en el que plasmaron en una cuartilla cómo es el país que sueñan de cara a una de las peores crisis que vive la nación. Podremos apreciar a continuación que nuestros jóvenes universitarios desean, como la inmensa mayoría de los venezolanos, una Venezuela donde todos tengamos la oportunidad y el legítimo derecho de vivir como ciudadanos de primera.

 “Queremos una Venezuela próspera, sin importar las preferencias políticas; donde no importe que seas rojo o azul; una sociedad capaz de imponerse sobre las diferencias políticas y donde tengamos claro que el objetivo es común; donde se incluya y no se excluya; donde pensar diferente no nos convierta en enemigos. Queremos un país con gobernantes que prediquen con el ejemplo, que tengan aptitudes para el diálogo y el pensamiento crítico. Un país con buenos gobiernos en ideas y en gestión. Un país en el que nosotros los jóvenes tengamos miles de oportunidades”.

 “Soñamos con una Venezuela productiva, de pleno empleo; donde la gente no necesite limosnas del Estado, sino que produzca tanto que pueda sostener al propio Estado. Una Venezuela sin pobres registrando los basureros para subsistir; sin niños en la calle; sin drogas y sin delincuencia. Quiero una Venezuela con gobernantes honestos y eficientes, que hablen menos y cumplan a cabalidad el trabajo para el que fueron elegidos como servidores públicos”.

 “Un país moderno en todas las dimensiones lo construyen sus ciudadanos, no su gobierno; por eso soñamos con venezolanos con profundos valores inculcados en su hogar; un país donde nos ayudemos los unos a los otros para salir adelante, y no nos aprovechemos de los más débiles para alcanzar las metas. El país que queremos tiene educación de primera calidad, comida en abundancia como una vez la tuvimos; donde salir a la calle no sea un riesgo para nuestras vidas; un país donde nos sintamos seguros fuera y dentro de nuestros hogares; donde el derecho hacer o no hacer lo decida cada persona. El país que queremos aprovecha cada recurso que su tierra le provee; cada oportunidad para mejorar a su gente; un país donde el principal beneficiado seamos los venezolanos y donde toda acción esté dirigida a la búsqueda del bienestar de su población. No queremos un país con estas cualidades, quiero que mi país las tenga”.

 “Venezuela fue bendecida ya que tenemos playas, montañas, llanos, de todo un poco, pero necesitamos unión; que las diferencias políticas no sean nuestro día a día; es necesario volver a esos días en que se ayudaba sin mirar a quién; donde los niños salían a jugar a la calle sin el miedo de ser secuestrados o asesinados; donde las discusiones y diferencias se remitían a un juego de beisbol o futbol y al día siguiente ya se olvidaban. La Venezuela con la que soñamos es aquella donde podamos cumplir nuestra meta de graduarnos, encontrar trabajo en el mercado laboral; que el sueldo alcance para cubrir nuestras necesidades, para ahorrar, e incluso para invertir y crear nuestras propias empresas, sin tener miedo a la represión de un gobierno que expropia o cierra empresas del sector privado”.

 “Quiero una Venezuela donde no asesinen semanalmente a tantos inocentes… Una Venezuela de ciudades lindas, limpias y ordenadas, con grandes avenidas y calles, con transporte público de calidad; donde la gente no tenga que hacer colas para comprar alimentos, medicinas y todo lo que necesite, para que ese tiempo que pierde a diario lo pueda utilizar para trabajar, para producir, para estar con su familia, o para seguir luchando en la construcción de un mejor país”.

Y a manera de conclusión, uno de los grupos terminó su reflexión de esta manera: “…por eso amigos y compañeros venezolanos sueñen por ser felices cada día, cada mañana que se levanten; no se rindan jamás porque la piedra no es tan grande, porque las injusticias tarde o temprano se pagan, porque el dolor se supera, porque el amor siempre está contigo, porque la verdad insiste, porque el coraje levanta, porque el miedo fortalece, porque los errores te enseñan, porque nadie es perfecto y porque nunca estarás solo, porque Dios nunca abandona, porque la vida siempre te da segundas oportunidades y nos da la fuerza necesaria para colocarnos donde debemos estar”.

De manera muy sencilla pero demasiado contundente, estos jóvenes expresan su inconformidad con la realidad del país; anhelan un cambio cuyos dolores de parto produzca el nacimiento de un mejor país, porque desde hace diecisiete años una minoría corrupta e irresponsable se planteó como objetivo destruir Venezuela a cambio de mantenerse en el poder que les provee de las riquezas que nos fueron arrebatadas mediante el más grande saqueo de nuestra historia.

Estos jóvenes son el fiel testimonio de que no todo está perdido y están dispuestos seguir luchando para alcanzar sus sueños; ellos jamás dejarán de soñar porque el día que dejen de hacerlo serán vivos muertos que sobreviven en la miseria de un país destruido.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 8 de julio de 2015


¿Quién secuestró la economía?

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La mentira y la manipulación del régimen no tienen parangón. Es increíble cómo Nicolás Maduro se burla de los venezolanos; cree que somos unos ignorantes a los que con una verborrea insoportable nos puede engatusar. Definitivamente, mientras más habla, deja en mayor evidencia su incapacidad para gobernar el país; calladito se ve mejor porque Venezuela le quedó grande.

 Ahora resulta que la crisis del país se debe al secuestro de la economía por parte de la derecha y la oligarquía que se han propuesto desestabilizar el país con la “guerra económica”. Pero lo más grave del asunto no es la mentira, sino la incapacidad y falta de voluntad del presidente para liberarla de sus “secuestradores”. A pesar de todo el poder y los controles del régimen, Maduro es incapaz de devolvernos una economía fuerte, estable, capaz de producir bienestar y progreso a todos los venezolanos, porque la enfermedad de la economía venezolana es culpa de un modelo que fracasó estrepitosamente y se encuentra atrapado en sus propios errores, miserias, limitaciones y corruptelas.

Afortunadamente, el cuento de la guerra económica cada vez lo cree menos gente, a pesar de la costosa propaganda oficial; hasta en el segmento de los chavistas, se observa una opinión crítica que señala directamente a Maduro del desmadre que estamos viviendo los rojos, los azules, los amarillos y aquellos que no tienen colores políticos. Esta es una crisis donde nadie sale ileso, excepto los boliburgueses y enchufados que se han hecho ricos a merced del hambre, la pobreza y los sufrimientos de los venezolanos.

Cómo creerle a Maduro y a su combo que los culpables de la debacle económica son la derecha, la oposición, la oligarquía o los pelucones, cuanto toda la actividad económica del país está absolutamente controlada por el régimen a través de una descomunal red de burocracia parasitaria, incompetente y corrupta. Definitivamente, ¿quién es el verdadero secuestrador de nuestra economía? Pienso que las próximas interrogantes dejan al descubierto a los raptores. ¿Quién estableció el control de cambio que fomentó la más grotesca corrupción y salida de capitales del país, dominada por una minoría inmoral que acumuló fortunas que cualquier empresario próspero del mundo envidiaría?, ¿Quién dirigió la política de confiscaciones, expropiaciones e invasiones a empresas, comercios y fincas, eliminando miles de empleos productivos y de calidad, arruinando así la producción en todas las áreas de la economía nacional?

¿Quién privilegió una política de importaciones masivas y agresivas en desmedro de la producción nacional y de las exportaciones que posibilitan el superávit de nuestra balanza de pagos?, ¿Quién estatizó la economía creando empresas improductivas que desfalcaron el fisco nacional para favorecer a una mafia nacional e internacional que se llenó los bolsillos con las divisas que le pertenecen a los venezolanos?, ¿Quién destruyó a PDVSA, convirtiéndola en una pésima agencia de empleos para garantizarle “clientes leales” al proceso, y en la caja chica de un gobierno voraz como ningún otro en los últimos 60 años?, ¿Quién administró la mayor bonanza petrolera del país, de la misma manera como se mal administra un sindicato o una cantina de cuartel, sin rendir cuentas de ningún tipo porque las instancias contraloras y fiscalizadoras actúan como cómplices a cambio de prebendas y beneficios personales y familiares?;

¿Quién destruyó la autonomía del Banco Central de Venezuela, transformándolo en un ministerio servil del gobierno, sin autoridad ni competencia para corregir los errores y entuertos de la política económica del régimen?, ¿Quién endeudó al país brutalmente en circunstancias cuando más divisas ingresaban al país producto de los más altos precios del petróleo en nuestra historia republicana?, ¿Quién inventó el Fonden, el Fondo Chino y otros fondos más, sin consultarnos a los venezolanos, contrayendo una deuda descomunal por la que le debemos a los chinos hasta nuestra manera de caminar?, ¿Quién dijo que Venezuela jamás llegaría a una crisis porque la economía estaba totalmente blindada?

¿Quién ha devaluado tanto nuestra moneda que hoy el bolívar no vale nada, sólo da lástima y vergüenza, con un dólar que ya supera los 540 bolívares?, ¿Quién se ha hecho de la vista gorda con el contrabando de gasolina y alimentos, desangrando al país y empobreciendo a los venezolanos que debemos hacer largas colas para encontrar alimentos y medicinas cada vez más escasos y más caros?

¿Quién ha hecho todo este desastre; arruinando al país con las mejores perspectivas de progreso y desarrollo en América Latina? Ese culpable tiene nombre y apellido y sabemos exactamente desde cuando empezó la destrucción nacional. El único secuestrador de nuestra economía es la revolución chavista y sus seudolíderes que se encargaron de destruir nuestro futuro y porvenir durante estos últimos diecisiete años. Es de hombres dignos y valientes asumir sus errores y no culpar a otros de sus propios fracasos y miserias, pero con este régimen cobarde y mentiroso no es posible que reconozcan sus irresponsabilidades e incompetencias.

Por eso, quienes nos han llevado al desastre y colapso, quienes nos engañaron y nos estafaron en nuestra buena fe, no merecen la confianza y apoyo del pueblo venezolano. La tragedia actual sólo puede resolverse apostando por un cambio de rumbo en Venezuela y eso sólo es posible votando el 6 de diciembre por la esperanza, el futuro y la construcción de una Venezuela donde todos hacemos falta; una Venezuela que todos podamos disfrutarla en unión, en paz, en libertad y en progreso. Diles NO a los verdaderos secuestradores de la crisis de Venezuela, diles NO al continuismo y vota con confianza y determinación por el cambio en nuestro querido país.
 
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 1 de julio de 2015


Inteligencia y sentido común

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Pareciera un disco rayado el tema de la abstención de algunos opositores venezolanos, pero es necesario abordarlo con la mayor responsabilidad, sobre todo en estos tiempos de dificultades, incertidumbre y una mayoritaria demanda de cambio. Los demócratas auténticos debemos comportarnos como tales en cualquier circunstancia de la vida, incluyendo el campo político. Como demócratas debemos hacer uso de los recursos que nos ofrece la democracia y la Constitución, tanto para resolver conflictos como para lograr el cambio de rumbo de nuestra maltratada Venezuela. Y una de las armas más poderosas es el voto popular, acompañado de la inteligencia y el sentido común para amalgamar la nación alrededor de un supremo propósito: construir un mejor país para todos, sin las exclusiones y discriminaciones que ha practicado este régimen a lo largo de dieciséis años consecutivos.
 
La inmensa mayoría de los venezolanos que nos oponemos a este modelo político que  destruye al país, no poseemos ni las armas, ni los tanques y aviones de guerra, ni las bombas lacrimógenas, ni los recursos que el régimen usa con cínico ventajismo y violando las leyes y la Constitución; sólo contamos con la férrea voluntad de lucha, el compromiso con la grandeza de Venezuela y el voto consciente que se opone a tanta ignominia revolucionaria. Esa es nuestra fuerza y debemos hacerla valer frente a un régimen forajido, abusador y autoritario que desde hace tiempo perdió el barniz democrático del que se ufana. Desde todo punto de vista, la lucha que hoy libramos los demócratas venezolanos es absolutamente desigual e injusta; todos los poderes del Estado actúan bajo las órdenes de la dupla (Maduro-Cabello) que gobierna al país, y sus decisiones están hechas a imagen y semejanza de las pretensiones del régimen, a fin de garantizar que se eternicen en el poder.

La lucha no ha sido ni será fácil contra un régimen capaz de hacer cualquier cosa para no abandonar el poder que les ha provisto de fortunas inimaginables; frente a esto, ¿nos quedamos de brazos cruzados esperando la destrucción total del país, mientras algunos hacen llamados a la abstención con la absurda frase de “salva tu voto”? Esta sería la posición más cómoda, menos arriesgada, la más colaboracionista con el régimen; un error garrafal que echaría por la borda la oportunidad de oro de materializar el cambio que estamos esperando desde hace mucho tiempo.

A las personas que apuestan por la abstención, que afortunadamente son pocas, les pregunto, ¿si no votamos, qué hacemos?, ¿salimos a la calle sin control y desorganizadamente esperando que el régimen nos masacren?, ¿propiciamos un golpe de estado para que otros gorilas “verdes” tomen el poder y hagan exactamente lo que no queremos que hagan?, ¿con cuántos tanques, metralletas, aviones, etc., disponen para enfrentarnos a un régimen que se jacta en decir que la revolución es pacífica pero está armada? Por favor, plantéenos una alternativa diferente al poder del voto que hoy defendemos millones de venezolanos que estamos convencidos que sí se puede.

Definitivamente, el voto es nuestra única salida, no tenemos otra opción. Desde luego, si nos sentamos a esperar el 6-D para ir a depositar el voto y no hacemos el trabajo previo a las elecciones, entonces, el ventajismo y los recursos del régimen nos arroparán y perderemos de nuevo la oportunidad de una victoria contundente de la Venezuela democrática y libre en contra de una minoría incapaz, fraudulenta y corrupta.

Es necesario activarnos con las tres “m”: motivarnos, convencidos que el triunfo es posible cuando un pueblo toma la firme decisión de unirse como uno solo, para luchar por sus derechos y por un futuro promisorio; movilizarnos con protestas contundentes que desenmascaren las mentiras del gobierno y nos permita ir en búsqueda de aquellos compatriotas desanimados y defraudados, pero ansiosos por un cambio para que voten el 6-D; o por aquellos venezolanos estafados por una revolución de pacotilla que los empobrece cada día, y están esperando una propuesta atractiva y convincente por la que puedan votar y que les devuelva la esperanza y la fe perdidas; y, por último, moralizarnos para combatir el miedo, el amedrentamiento y la pasividad con la que nos amenaza un régimen que se dice poderoso pero en verdad está agotado, fracasado y sin apoyo popular, que responde como fiera herida frente a la inevitable pérdida del poder y de su influencia política.

Nunca antes como ahora, la unidad democrática estuvo a las puertas de una extraordinaria victoria popular; si las cosas se hacen bien, eliminando cualquier tentación personalista y grupal, si se promueve la unidad perfecta, si se articula una estrategia política incluyente y vinculante con la solución de la crisis actual y se exigen las condiciones mínimas propias de una contienda electoral, no habrá nada ni nadie que detenga a un pueblo que se cansó de esta pesadilla y está dispuesto  defender la victoria y el cambio que tanto sufrimiento nos ha costado. La inteligencia y el sentido común nos aconsejan que votemos por el bien de Venezuela y el de todos los venezolanos de buena voluntad.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 24 de junio de 2015


¿Una oportunidad para el cambio?

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Después de muchas manifestaciones y protestas populares, huelgas de hambre de dirigentes y estudiantes universitarios de todo el país y la exigencia de gobiernos y líderes del mundo, finalmente, el Consejo Nacional Electoral anunció la fecha de los comicios parlamentarios para el próximo 6 de diciembre.

En estos comicios confluyen elementos inéditos en el análisis politológico. Por vez primera, durante los dieciséis años de revolución, el régimen inicia un proceso electoral en franca desventaja. Todas las encuestas proyectan una derrota del régimen frente a la oposición. El país experimenta una crisis económica de graves dimensiones, cuya responsabilidad es endosada mayoritariamente al presidente Nicolás Maduro; asimismo, siete de cada diez venezolanos consideran que el presidente es incapaz de solucionar los problemas del país, con lo cual está erosionada no sólo su popularidad (25%) sino la confianza y su credibilidad como mandatario.

Las fricciones en el oficialismo son evidentes, aunque se esfuercen en demostrar que están monolíticamente unidos. Sin la presencia del Comandante las cosas no serán iguales; estamos frente a un chavismo más crítico y descontento de la manera como Maduro gobierna el país y representa la revolución. La incondicionalidad hacia el proceso es una variable nueva en el análisis; buena parte de los oficialistas no están dispuestos firmar un cheque en blanco a la dupla Maduro-Cabello, cuando sienten que el “legado” del comandante lo hicieron añicos en poco más de dos años.

Por otra parte, el recuerdo mítico y religioso de Chávez empieza a esfumarse porque la base de lealtad a la revolución –la distribución de beneficios a los sectores populares- se ha vuelto sal y agua. Según la encuesta ENCOVI 2015, sólo un 10% de los pobres están recibiendo los beneficios de algunas de las muchas misiones creadas por el régimen. Con lo cual es válido pensar que “el amor con hambre no dura”.

Asimismo, cada día crece la creencia que la incapacidad de Maduro unida a la voraz corrupción de una minoría atornillada a la revolución, es la culpable de la dramática situación socio-económica que estamos viviendo la inmensa mayoría de los venezolanos (8 de cada 10 venezolanos así lo reportan). De manera, pues, que el régimen está atascado dentro de su propia ineficiencia y carente de un discurso capaz de renovar las esperanzas perdidas porque definitivamente representan el pasado y la continuidad de un modelo que fracasó aparatosamente.

Otro dato de interés, señalado por la última medición de Datanálisis (Junio, 2015), es que la autodefinición política de los venezolanos favorece ampliamente a la oposición con un 41.8% en contra del oficialismo que obtiene un 23.3%; no obstante, aún persiste una significativa franca de neutrales o desalineados (32.3%) que se constituyen en un sector clave para obtener la victoria en las elecciones parlamentarias.

Ahora bien, ¿qué está pasando en la MUD? Los retos que debe superar son enormes. En primer lugar, debe demostrar capacidad y visión estratégica para administrar y dar respuestas efectivas a la mayor demanda de cambio exigida por el país durante la era revolucionaria. Hoy, 7 de cada 10 venezolanos, están demandando un cambio de rumbo a las actuales políticas defendidas por la revolución. Sin duda, estas cifras favorecen al sector que se opone al culpable del desastre nacional, pero esta percepción no es suficiente. La oposición debe articular una estrategia y un discurso incluyentes, que ofrezca desde la Asamblea Nacional soluciones a los problemas del país, especialmente, a la economía que es la que golpea más fuertemente a las familias venezolanas. Necesariamente, debe convencer a esa mayoría que es una alternativa confiable y con capacidad para optar al poder e iniciar los profundos cambios que requiere el país, motivándola a votar masivamente para vencer el fantasma de la abstención que sigue rondando en la mente de muchos compatriotas. Porque la abstención es una de las principales enemigas de la victoria opositora.

Otro elemento que debe formar parte de la campaña de la MUD, es la convicción que la Unidad está por encima de las legítimas diferencias y desacuerdos propios de la democracia. Los partidos políticos deben convencer a los venezolanos, especialmente a los neutrales y a los oficialistas desencantados, que el bienestar de los venezolanos es su interés supremo y están dispuestos  acompañar al pueblo venezolano en el cambio y el progreso que sólo ellos pueden construir en alianza con todos los sectores nacionales, incluyendo a los chavistas blandos. Sólo así podría materializarse una mayoría sólida que eche por la borda las aspiraciones del régimen de atornillarse al poder y profundizar el modelo político, social y económico que destruyó a Venezuela.

Aunado a ello, se debe destacar la organización y logística electoral de la MUD. Además de realizar una campaña intensa que privilegia el contacto personal; la MUD debe ser enfática en la exigencia de condiciones electorales imparciales y equitativas que, incluyan, la observación internacional transparente, el resguardo de los cuadernos electorales físicos, la participación imparcial del Plan República, la eliminación del voto asistido, entre otros; debe garantizar la presencia de testigos en todos los centros electorales del país, con mística y valentía para defender cada voto que se deposite por la democracia. No olvidemos que el día de las elecciones suceden cosas inesperadas y hasta truculentas que normalmente benefician al oficialismo, otorgándole gran cantidad de votos especialmente al filo del cierre de la jornada electoral.

Finalmente, la MUD debe implementar un plan de inteligencia y monitoreo que le brinde información de primera mano acerca de los planes “sorpresivos” que el régimen está acostumbrado ejecutar en los días preliminares a las elecciones. Recordemos que en el 2012 la carta debajo de la manga fue la Gran Misión Vivienda Venezuela; en el 2013 ejecutaron el Dakazo antes de las elecciones municipales. No debería extrañarnos la reedición de un Dakazo II o cualquier otro mecanismo que permita mejorar, por lo menos en apariencia y en un cortísimo plazo, la percepción de una crisis que ya no se aguanta más.

La oportunidad para el cambio está más cerca que nunca pero es menester luchar con inteligencia y desprendimiento para que los venezolanos nos motivemos, nos moralicemos y nos movilicemos en búsqueda de la victoria que nos encamine por un cambio que nos beneficie a todos, porque sigo insistiendo que “el mandado no está hecho” y “los deseos no preñan”.
 
Profesor Titular de LUZ

martes, 16 de junio de 2015


Revolución, Corrupción y Pobreza

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La justicia y la igualdad social, banderas por las que supuestamente luchó Hugo Chávez, hoy están hechas añicos. Bastó su desaparición física y la disminución del precio del barril de petróleo, para que la verdadera esencia de esta revolución quedara al descubierto. Lo que se ha dicho desde hace mucho tiempo, la fuerza de los hechos lo corrobora hoy día; esta revolución es la más grande estafa que hemos sufrido los venezolanos desde que se inició la era democrática en 1958.

La brecha entre pobres y ricos crece vertiginosamente; los discursos huecos e hipócritas del régimen no detienen el crecimiento de la pobreza en Venezuela. A pesar de que esta revolución  administró la más grande riqueza de nuestra historia contemporánea, hoy el número de pobres crece alarmantemente y los ricos cada vez son menos, ensanchándose peligrosamente la brecha social. Pero lo que es peor, la inmensa mayoría de los ricos son parte de una nueva clase social –los boliburgueses o los enchufados-, cuya riqueza proviene de la corrupción y de los guisos enquistados en todas las áreas de la administración pública, incluyendo al estamento militar.

Esa es una riqueza que empobreció y destruyó al país, pues, no ha generado empleos productivos y de calidad, ni inversiones que alimentan el progreso, ni mucho menos bienestar social. Es una riqueza que sólo sirve para que unos pocos la acumulen en bancos y paraísos fiscales, permitiéndoles adquirir todo tipo de bienes –mansiones, carros de lujo, yates, etc.-, por costosos que sean,  acrecentando su impunidad e influencia política para atornillarse en el poder a fin de no perder los negocios y prebendas que sólo una alianza servil con el régimen puede garantizar.  

Esas incalculables fortunas que disfruta una minoría enchufada, producto del mayor saqueo al que ha sido sometida Venezuela en estos 16 años de revolución, es la principal causa de la pobreza y la ruina de Venezuela. Es el culpable de porque no hay insumos ni equipos en los hospitales y ambulatorios, colocando a la salud pública en situación tan deprimente y vergonzosa que le pedimos a Dios no enfermarnos nunca para no morir de mengua en cualquier hospital. Por la corrupción revolucionaria, nuestra principal empresa –PDVSA-, después de ser una de las más grandes y calificadas empresas del mundo, hoy es una empresa arruinada que a duras penas produce petróleo a gotas, pues, se ha convertido en uno de los centros más apetecidos y atractivos para los guisos de la revolución; allí se importan alimentos, se construyen viviendas y se negocian equipos que los compramos como de última tecnología y son verdaderas chatarras.

La corrupción revolucionaria saqueó los recursos destinados a mantener nuestras universidades como centros del conocimiento y del desarrollo nacional; hoy no hay dinero para pagar salarios justos a los universitarios, ni mucho menos para fomentar la investigación y la tecnología, y ofrecer espacios e infraestructuras dignas de universidades que se merecen el mayor respeto del gobierno.

Por culpa de la corrupción en tiempos de revolución, nuestro pueblo está pasando hambre gracias a una escasez que sobrepasa el 70%, con alimentos a precios exorbitantes producto de una economía absolutamente desarticulada. Una economía paralizada que nos mantiene en estado de sobrevivencia. Somos la nación más depauperada de la región; con los peores indicadores sociales y económicos, sin considerar las permanentes violaciones a los derechos humanos. Cuidado si no estamos en una situación similar a la de Haití, que ya es bastante decir.

Gracias al defalco revolucionario, carecemos de eficientes servicios públicos. Venezuela es un país a oscuras, cuando tuvimos la más grande hidroeléctrica del mundo. Nuestros pueblos y ciudades carecen de un servicio ininterrumpido de agua potable; el racionamiento de la electricidad y el agua es algo normal y cotidiano para nosotros. No hay carreteras en buen estado, ni instalaciones aeroportuarias apropiadas; ni gasolina, ni comida, ni medicinas. Eso sí, tenemos colas, escasez, alto costo de la vida, desempleo, inseguridad y represión; todo es un caos y una pesadilla, gracias a forajidos y ladrones que nos robaron el porvenir y el futuro y, con el mayor caradurismo, nos amenazan ahora diciéndonos que si la revolución pierde habrá sangre y masacre, como si les pareciera poco todo el sufrimiento y desolación que estamos padeciendo gracias a su incompetencia y a su insaciable voracidad para robar las arcas nacionales.

No tengo dudas que esta revolución fracasó estrepitosamente. Fue incapaz de proporcionarnos bienestar, progreso, seguridad y modernidad para construir el país puntero de América Latina. Representan el fraude, el engaño y la peor estafa que hemos padecido los venezolanos. Por eso, con mucha firmeza, sabiduría y amplitud, debemos decirles a los pocos que todavía confían en esta revolución de pacotilla que, gracias a esos corruptos, perdimos una patria que hoy nos exige unidad, lucha, esfuerzos y buena voluntad para vencer esta podredumbre y transitar por el camino del cambio que nos devuelva la felicidad y la tranquilidad que perdimos.
 
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 10 de junio de 2015


EstaFAO

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 
Cuando creíamos que la capacidad de asombro de los venezolanos se había agotado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) nos sorprende con la entrega de un premio al gobierno de Nicolás Maduro por los esfuerzos realizados en materia de alimentación. Qué desfachatez y caradurismo!!! Cómo se ve que los directivos de la FAO desconocen la peor crisis alimentaria que ha sufrido Venezuela en los últimos sesenta años, así como las penurias que a diario nos toca vivir para encontrar los alimentos de primera necesidad.

Exijo que la FAO nos responda cuál es la verdadera razón de ese premio, ¿acaso se le reconoce al régimen su impresionante capacidad para destruir la agricultura del país obligándonos a importar la casi totalidad de los alimentos que consumimos?, o ¿el premio es por las kilométricas colas que hacemos a diario para comprar alimentos que escasean como si viviéramos en un país que enfrenta una guerra de grandes dimensiones?, o será ¿por los precios estratosféricos de los alimentos debido a la más alta inflación del planeta, que amenaza con el aumento de la pobreza en porcentajes inimaginables?

¿De qué se trata esto? ¿Es una burla a los venezolanos, o es un “guiso” más de los que el régimen acostumbra negociar para lavar su sucia imagen internacional, a través de petrodólares cada vez más escasos? Pensábamos que el régimen poseía la exclusividad para estafar nuestra buena fe, pero ya vemos que además de los “chulos” de la región, existen organizaciones internacionales cómplices de un circo que ya no tiene ni el pan ni la “emoción” que en otros tiempos dilapidó con irresponsabilidad abismal.

Se reconoce a un régimen que destruyó la producción agrícola, como langostas que devoran en segundos plantaciones enteras. Sus expropiaciones y confiscaciones acabaron con fincas, sembradíos e ingenios azucareros en plena producción que pasaron a las manos incapaces y corruptas del Estado; ordenando importaciones de alimentos a gran escala que sólo benefician  a productores extranjeros en conchupancia con los boliburgueses nacionales, sin importarles el daño a nuestra  economía y a una soberanía alimentaria ahora más vulnerable que nunca, porque dejamos de producir rubros en cantidades suficientes para abastecer la demanda nacional y exportar. Si el reconocimiento es por esta razón, entonces, se justifica la actuación de ese organismo internacional.

Ahora si el reconocimiento que la FAO le otorgó al régimen se debe a razones diferentes, entonces, tengo el legítimo derecho de dudar de la idoneidad del organismo para conocer la relación que existe entre la agricultura y la alimentación, pues, en la medida que un país esté en capacidad de producir directamente sus alimentos está garantizado el acceso y distribución intensa y equitativa de los mismos, lográndose la verdadera soberanía alimentaria. Pero una nación que, como la nuestra, depende indiscriminadamente de las importaciones amparado en la chequera de petrodólares, cuando éstos disminuyen, como sucede actualmente, se presenta una cruenta escasez de alimentos con precios que imposibilitan el acceso a los sectores más vulnerables de la sociedad. Dentro de este escenario, la soberanía alimentaria se convierte en sofisma que alienta la pobreza y el hambre de los venezolanos, a diferencia de la propaganda oficialista que miente y manipula sin rubor alguno.

Ese premio pretenderá aquietar hipócritamente la conciencia de un régimen que nos lleva, gracias a su modelo fracasado y obstinadamente incompetente y corrupto, a las puertas de una crisis humanitaria jamás vista en nuestro país, es decir, más pobreza y más hambre bajo la mirada insensible de un gobierno que le importa más el poder y los privilegios que de él se derivan, que el bienestar y la felicidad de sus conciudadanos.

De lo que si estoy seguro es que ese reconocimiento internacional es una bofetada a un país que se siente estaFAO y burlado por las mentiras de un régimen, en complicidad con la FAO, que pretende destruir la esperanza de vivir en un país como el que nos merecemos los venezolanos de buena voluntad. Ese premio es una razón más para culpar de nuestras tragedias a un gobierno que representa el atraso, la pobreza y el pasado. Sigamos construyendo el cambio para liberarnos de esta podredumbre que aniquila el profundo orgullo de sentirnos venezolanos de primera.
 
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 3 de junio de 2015


La Universidad no se rinde

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La sociedad del conocimiento se ha convertido en la vía más expedita para que los países puedan disfrutar de un desarrollo sostenible en el tiempo. Atrás quedaron las teorías que planteaban que la posesión y transformación de los recursos naturales, era la clave del crecimiento y el desarrollo de las naciones. Hoy día, el conocimiento y la tecnología se constituyen en los motores de la sociedad, amenazando con dejar rezagados y empobrecidos aquellos países cuyos gobernantes  se niegan aceptar la tesis de la globalización o, lo que es peor, desprecian y se burlan del mundo de las ideas y del conocimiento, debido a los complejos ideológicos que profundizan su ignorancia y mediocridad.

El mejor ejemplo de lo que estamos hablando lo representa el régimen de Venezuela.  Este gobierno irrespeta las ideas basadas en el conocimiento, porque las consideran peligrosas para su propósito de convertirnos en esclavos de seudolíderes y de una ideología obsoleta y comprobadamente fracasada.

La actual crisis que experimenta la universidad venezolana tiene su principal causa en la ignorancia deliberada del régimen; no les conviene tener activa una universidad democrática y formadora del conocimiento que libera y transforma; pensamiento crítico y plural con dignidad y fortaleza suficientes para combatir a quienes desean destruirla. No olvidemos que los regímenes, por crueles y poderosos que sean, tienen corta vida, mientras que el conocimiento que emana de la universidad se ha mantenido vivo por siglos. Esa es la gran diferencia entre la ignorancia, que oprime y empobrece, y el conocimiento que nos convierte en ciudadanos libres e independientes, útiles a nuestro país y a nuestras familias.

El aporte de la universidad venezolana al país ha sido extraordinario. No sólo ha formado miles y miles de profesionales capaces y competentes, impulsando una revolucionaria movilidad social que produjo la más vigorosa clase media de Latinoamérica, sino que ha sido aliada y defensora de la libertad y la democracia, en momentos donde los tiranos y autócratas han pretendido gobernar al país como una hacienda, como una cantina de cualquier comando militar, o como un sindicato de poca monta. La universidad venezolana ha estado invariablemente presente en la historia de nuestra nación, convirtiéndose en especial referencia ética y académica.

Hoy el régimen quiere colocar a nuestra universidad de rodillas, bajo la complacencia de personas y gremios que inexplicablemente siguen apoyando a sus victimarios. El cerco financiero ha sido permanente con la idea de asfixiarla; antes del desplome de los precios del petróleo, ya el régimen aprobaba presupuestos deficitarios que sólo alcanzan para pagar nóminas de hambre a sus profesores y empleados; las labores de investigación, claves en los procesos de innovación científica, se han reducido drásticamente; el mantenimiento de la infraestructura y la construcción de obras necesarias se han paralizado, agravando el deterioro físico de nuestras casas de estudios. La extensión universitaria y los servicios estudiantiles tan prolíficos en otras épocas, hoy son actividades que se cumplen con demasiadas limitaciones y por debajo de las expectativas.

Simultáneamente, el régimen viola la autonomía universitaria, permitiendo no sólo el reiterado ingreso de cuerpos de seguridad a su campus sino que, valiéndose del control sobre las instituciones del Estado, ha impedido la celebración de elecciones para renovar autoridades que tienen sus períodos vencidos y, algunas de ellas, proyectan desgano y falta de firmeza para encarar la dramática crisis de la universidad. Como si fuera poco, nuestras legítimas demandas salariales en vez de ser canalizadas ante el Ministerio de Educación Superior, organismo competente,  son tratadas por el Ministerio del Trabajo, como si fuésemos empleados de cualquier oficina gubernamental o trabajadores de la empresa privada. Recientemente, el régimen invadió la política de ingresos de las universidades, endosándose la competencia exclusiva de asignar los cupos a los nuevos bachilleres, irrespetando normas y desconociendo realidades demográficas, académicas y geográficas, con la intención de controlar absolutamente todo y convertir nuestras vidas en un cupo, única opción que tienen para gobernar el país.

Hoy, los universitarios de buena voluntad estamos en pié de lucha. Seguiremos defendiendo nuestros derechos y el futuro que se merece nuestra juventud. La arrogancia y la prepotencia de este régimen fracasado, no podrán destruir la fuerza y la dignidad de quienes estamos convencidos que la educación es la mejor alternativa para garantizarle a los venezolanos un futuro promisorio con libertad, justicia y progreso. La Universidad Venezolana no se rinde; cada día son más los que apoyan esta lucha y están conscientes que nuestras protestas no sólo persiguen reivindicaciones salariales, sino que representan el legítimo derecho a una educación de calidad, comprometida con la democracia y la justicia. Demostremos una vez más que la Universidad sigue siendo reserva moral y ética del país, y referencia fundamental de la grandeza que aún permanece en el corazón de los venezolanos que amamos profundamente este país. Muy a despecho del régimen, los universitarios venezolanos jamás nos rendiremos!!!

Profesor Titular de LUZ