miércoles, 16 de diciembre de 2015


¿Qué debemos aprender del 6-D?

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La jornada democrática que vivimos el pasado 6 de diciembre, nos deja muchas lecciones que debemos aprender si deseamos consolidar el cambio por el que votamos la inmensa mayoría de los venezolanos. Después de más de una semana de las elecciones, y con la mente más serena y alejada de los deseos mal intencionados de quienes no terminan de asimilar la contundente victoria de los demócratas, podemos plasmar algunas de las lecturas que proyecta el 6-D.    

1.- Venezuela es una nación amante de la paz. El pueblo esperó pacientemente la oportunidad que le ofreció la democracia para votar por el cambio. En esta oportunidad, la violencia perdió la batalla y los violentos siguen equivocándose con un pueblo que prefiere los votos, antes que las armas y las bravuconadas de un grupito que se resiste a ver el nacimiento de una nueva era en Venezuela.

2.- Los venezolanos demostramos que somos más inteligentes de lo que muchos suponen. Oí tantas veces que este es un pueblo sumiso, que se deja comprar por una bolsa de comida, o se paraliza de miedo por la arrogancia y los abusos del régimen. Nada de eso sucedió. Los venezolanos nos llenamos de valentía y derrotamos el miedo, la intimidación y el ventajismo que provee el poder cuando es utilizado para martirizar a los venezolanos. Debemos aprender que cuando un pueblo decide abrazar el cambio, no hay fuerza humana que lo detenga.

3.- El poder no es eterno ni se compra con dádivas y limosnas. Vamos aprender que, dentro de la democracia, los ciudadanos castigan la mala gestión de sus gobernantes. Cuando un pueblo descubre que el único culpable de sus desgracias es el gobierno, de nada vale buscar a terceros como responsables de sus errores. La guerra económica, la burguesía apátrida y genocida, el imperialismo y la derecha oligárquica, son epítetos vacios y falsos en los oídos de un pueblo que no se dejó engañar por tanta basura ideológica.

4.- En política hay frases que jamás deben decirse, y mucho menos convertirlas en banderas de lucha, porque el que escupe para arriba le cae la saliva. ¡No volverán, no volverán!, sigue coreando la minoría radical revolucionaria que piensa que los 112 diputados de la Unidad Democrática, son el producto de un ejercicio de laboratorio, porque se niegan aceptar que esos diputados representan la legítima soberanía popular. El 6-D nos enseñó que la oposición democrática venezolana no estaba muerta, andaba organizándose para conquistar la confianza de la mayoría de la nación. Y ahora bañada con ese extraordinario apoyo popular, debe arreciar la lucha democrática para que podamos disfrutar  del cambio de un modelo, un estilo y un liderazgo que destruyó sin piedad ni misericordia las oportunidades de desarrollo y progreso del país.

5.- Este es un régimen demasiado predecible en sus estrategias y acciones. Por eso debemos recordar que sus actuaciones de profunda irracionalidad, inmadurez e infantilismo post-electoral, no es nuevo. Ya sucedió en el 2007 cuando Chávez calificó la victoria de los factores democráticos como “una victoria pírrica, una victoria de mierda”. Ahora, Maduro dice que “ganaron porque el pueblo se dejó engañar por la guerra económica”. No se vislumbran las rectificaciones que exige el pueblo, sino que hablan de rectificaciones revolucionarias para radicalizar un modelo ideológico contra el que votó la mayoría nacional. La lección es que los radicalismos empiezan a ser un periódico de ayer para gran parte de los venezolanos. Las demandas están orientadas al abandono de la agenda política-ideológica para asumir con responsabilidad una agenda social, acompañada de un diálogo sincero y el concurso de todos los sectores de la vida nacional, como única opción para salir de esta feroz crisis causada por la revolución.

6.- La unidad es el valor más importante de los factores democráticos venezolanos. El 6-D proyectó con contundencia que ahora más que nunca la Unidad es fundamental para iniciar la construcción del cambio. La Unidad no es una entelequia, ni un discurso vacio, sino la estrategia más acertada que ha implementado la alternativa democrática durante este período de déficit democrático. Se demostró que la lucha por Venezuela es más importante que los intereses y visiones particulares de los partidos políticos. Esta Unidad debe estar presente durante muchos años más, hasta tener la absoluta convicción que el cáncer del odio, la división, la destrucción, la corrupción y la inmoralidad ha sido extirpado por la fuerza y la grandeza de un pueblo que sigue luchando unido.

7.- La polarización política va a continuar en este país, hasta tanto no se rescate completamente la institucionalidad democrática y se normalice la competencia electoral; por ello, no hay cabida para terceras vías porque la economía del voto las aniquila el día de las elecciones. Aquellos que, con razón o sin ella, se empecinan en formar grupos de independientes, le hacen un flaco favor al cambio que ya inició su tránsito por el país. Vamos a luchar unidos para combatir este modelo autoritario y fracasado, después vendrán mejores tiempos para todos.

8.- El triunfo debe administrarse con prudencia e inteligencia. Este triunfo no le pertenece a una de las parcelas políticas del país. Es la victoria de todo un pueblo que decidió dar un paso al frente y castigar a sus victimarios; por ello, la Unidad Democrática debe ejercer el poder legislativo con sentido de servicio y acompañamiento a un país que encontró en ella la posibilidad de salir adelante y combatir con firmeza a quienes son los únicos culpables del estado de postración que injusta e inexplicablemente estamos viviendo los venezolanos. Si se hacen bien las cosas, el pueblo seguirá apoyándolos y empezará a percibirlos como una real opción de poder, basada en la confianza, la responsabilidad y el compromiso con el país; de lo contrario, los castigará como castigaron ayer a los revolucionarios. La política es compleja y dinámica, actuemos con racionalidad para aprovechar al máximo las oportunidades que nos ofrece la inmensa mayoría de los venezolanos. No perdamos un juego que costó tanto ganarlo.

Profesor Titular de LUZ

martes, 8 de diciembre de 2015


Lealtades rotas

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

La lealtad política es un tema complejo dentro de la politología porque su análisis depende de múltiples factores donde se mezcla el afecto, la ideología, las actitudes, la cultura y tradición familiar, la sociedad y la economía. Cuando la lealtad política está sustentada en razones afectivas (identificación, compromiso, etc.), tiende a ser más perdurable en el tiempo que cuando se fundamenta en razones meramente cuantitativas (beneficios, prebendas, intereses). En todo caso, la lealtad política es una variable que puede cambiar a lo largo de la vida de una persona.

Los venezolanos somos proclives a mantener lealtades políticas relativamente estables en el tiempo. En el primer período de la democracia (1958-1998), las lealtades se repartieron entre los dos principales partidos, como fueron Acción Democrática y COPEI, desarrollando profundos lazos de identificación partidista, expresados en frases tan populares como “adeco es adeco hasta que se muera”. Con la crisis de legitimidad de esos partidos, la lealtad se resquebrajó y se conectó, a partir de 1998, con una nueva ideología eminentemente mesiánica y populista, centrada en la figura de Hugo Chávez Frías.

Han transcurrido diecisiete años desde la instauración del proceso revolucionario, y de cara a los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado domingo, resulta pertinente evaluar la lealtad política de los revolucionarios. ¿Acaso es el fin de la lealtad hacia la revolución?, ¿existen evidencias para pensar que esas lealtades están rotas?, ¿está emergiendo una nueva lealtad política entre los venezolanos?

Es prematuro responder tan difíciles preguntas, pero ciertamente están sucediendo eventos que apuntan hacia un resquebrajamiento de las lealtades políticas dominantes en Venezuela. La aplastante derrota del oficialismo el 6 de diciembre, puede interpretarse como un signo de cansancio y desencanto de electores que hasta hace poco tiempo defendían las bondades de la revolución chavista y, hoy día, muchos de ellos demandan un cambio de rumbo en el país, responsabilizando directamente a Nicolás Maduro de tan estruendosa derrota.

En esta coyuntura de minusvalía electoral, podríamos inferir que la lealtad chavista resultó más utilitaria que afectiva o emocional, en consecuencia, es más inestable y menos perdurable en el tiempo. Cuando la tasa de utilidad –entiéndase beneficios, pensiones, misiones, prebendas, etc.- proporcionada por el gobierno a los ciudadanos se ve afectada, emergen electores más racionales que buscan restituir lo perdido, apoyando la opción que le garantice mejorar su tasa de utilidad. En el caso de Venezuela, no sólo los beneficios directos que distribuye el gobierno a través de las misiones han disminuido substancialmente –apenas llegan al 8% de los hogares pobres-, sino que la economía en general experimenta una crisis colosal que está afectando a más del 80% de la población. En tales circunstancias, se encienden las alarmas de la lealtad en contra de quienes propiciaron condiciones de vida deplorables, especialmente, a nivel de los más pobres.

Al evaluar los resultados de las últimas elecciones nacionales, se ilustra la abultada pérdida de las lealtades chavistas. En las elecciones presidenciales del 2012, Chávez obtuvo 8.191.132 votos; en las elecciones del 2013, Maduro alcanzó 7.587.579 votos; y, el pasado 6-D, el PSUV descendió a 6.079.919 votos, registrando una pérdida de 2.111.213 electores en poco más de dos años. Por el contrario, la oposición experimentó, en ese mismo lapso de tiempo, un incremento de 1.804.775 sufragios, obteniendo una votación de 65.27%, porcentaje jamás obtenido por el presidente Hugo Chávez en todas las elecciones en las que participó. Este apoyo mayoritario por la MUD, ¿presagia el nacimiento de una nueva lealtad política? Aun es temprano para afirmarlo, pero las cosas ya no serán iguales en la política venezolana.

Definitivamente, el país decidió transitar por el camino del cambio, dejando muy claro que el chavismo, a pesar de sus más connotados líderes, no se quedará en Venezuela por siempre. Otra cosa que empieza a dilucidarse es que la lealtad hacia la revolución, está muy lejos del “amor” y la identificación que despertó Acción Democrática en sus tiempos de gloria. El afecto por Chávez y su revolución tienen nombres propios: misiones, pensiones, viviendas, ayudas, etc., pero una vez que éstas empiezan a escasear como los alimentos, las medicinas, la seguridad y la capacidad de compra, la adhesión de los electores chavistas empieza a cambia a modo “Racional”, ya que los beneficios que reciben son abrumadoramente menores que el costo que representa apoyar la revolución. En la medida que se profundice el deterioro de la economía nacional, haciéndose más evidente la incapacidad de Maduro para revertir la profunda crisis que vivimos los venezolanos, menor será la lealtad hacia el proceso revolucionario, perdiendo progresivamente la influencia política, tal como sucedió con AD y Copei.

Por el momento, algunos oficialistas prefirieron abstenerse que terminar de dar el salto a la otra opción política, pero mientras mayor sea la crisis y menor sea la tasa de utilidad, se producirán cambios más sólidos en las lealtades actuales, hasta lograr que la opción que sea percibida como garantía para mejorar la calidad de vida, se convierta en mayoría definitiva y con ella emerja una nueva lealtad política entre los venezolanos. En política nada es eterno y el que así lo crea, no conoce la verdadera idiosincrasia de un país que, como Venezuela, tiene características políticas muy peculiares, tal como lo reseñan episodios cruciales a lo largo de nuestra historia.

                                        Profesor Titular de LUZ

martes, 1 de diciembre de 2015


¡Ahora le toca a Venezuela!

 Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

El 6 de diciembre es una fecha histórica para los venezolanos. Es el tiempo de tomar una decisión firme y perdurable en torno a las dos opciones del país que queremos. Un país que continúe gobernado por un modelo político autoritario, excluyente, abusivo, corrupto, incapaz e inmoral, con el peor desempeño gubernamental del que los venezolanos tengamos memoria; o, con un cambio de rumbo que propicie la construcción de un modelo político democrático, responsable y con voluntad para unir a los venezolanos en la difícil tarea de reconstruir un país arruinado por el populismo, la politiquería y el impresionante robo de miles de millones de dólares por parte de una minoría criminal que hoy, con su cara bien lavada, pide de nuevo la confianza de los ciudadanos para seguir defalcando a la nación y secuestrar por siempre nuestro presente y futuro.

Ciertamente, el mesianismo y providencialismo de muchos líderes latinoamericanos -extraordinarios encantadores de serpientes-, ha sido un cultivo fértil para que nuestros pueblos elijan gobiernos que a la larga resultan peores que los males que juraron desterrar; Venezuela, es el mejor ejemplo de esta tragedia populista que lleva ya diecisiete años en nuestra existencia republicana. Pero también es cierto, que la historia está llena de ejemplos de naciones que aprovecharon inteligentemente  las oportunidades para rectificar sus errores e iniciar una nueva época que, con el concurso de todos, levantaron una sociedad más democrática, moderna y de progreso. Esa es la misma oportunidad que tendremos los venezolanos el 6 de diciembre y no podemos darnos el lujo de desaprovecharla porque, de lo contrario, nos costará mucho más sangre, sudor y lágrimas salir de este estado de postración en el que nos colocó la revolución chavista-madurista. Este es un régimen que vive en perfecta alianza con el fracaso y la pobreza, por eso no tiene nada mejor que ofrecernos a los venezolanos.

El análisis objetivo de la actual situación de Venezuela, plantea con claridad que estamos frente al quiebre histórico de un modelo y el potencial resurgimiento del cambio de rumbo de la nación, pero eso sólo será posible si creemos en nuestra voluntad de cambio y de lucha por un mejor país para todos. Y esa voluntad y determinación podemos hacerla efectiva a partir del 6 de diciembre, cuando estemos frente a la máquina de votación, solos con nuestra conciencia, responsabilidad y dignidad como ciudadanos que nos merecemos una Venezuela unida, fraterna, alegre y próspera. En ese momento tan íntimo y personal, el voto se convierte en el arma poderosa que puede emanciparnos de la servidumbre con la que pretenden dominarnos. Es una oportunidad muy corta, apenas segundos, que tendremos para pensar en el país que queremos para nuestras familias e hijos; es un momento que puede permitirnos hacer realidad nuestros sueños y esperanzas; liberarnos de un proyecto político que sólo nos ha traído desgracias y tristezas. Es el momento para ponerle un freno a un régimen que desprecia a la inmensa mayoría de los venezolanos.

Este es el tiempo de Venezuela y de todos los venezolanos, sin distingos de ninguna naturaleza. Es hora de revelarnos contra una camarilla que se burla de nuestra inteligencia, que piensa que somos ignorantes e indignos de vivir en un país que está llamado a ser libre por siempre. Es el momento de decirle no al continuismo, al pasado y al recuerdo de un líder al que siguen invocando para continuar la destrucción suprema del país.

Es el momento de luchar alrededor de la unidad nacional para exaltar los nobles sentimientos que aun nos acompañan, porque soy de los que piensa que en este país somos más los buenos que los malos que destruyeron un país imposible de ser arruinado.

Si confiamos en el poder del voto que nos ofrece la democracia, a pesar del déficit institucional, y acudimos masivamente a las mesas de votación, defendiendo cada uno de los millones de votos por el cambio y la unidad, podremos decir con absoluta convicción al amanecer del 7 de diciembre, que gracias a los venezolanos y a su profundo amor por la democracia, la libertad y la paz, ¡Ahora le toca a Venezuela!

     Profesor Titular de LUZ

martes, 24 de noviembre de 2015


Hagamos posible lo imposible

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)


A veces oímos frases sencillas pero tan contundentes que se graban en nuestra mente, dándonos más razones para seguir luchando por los sueños que queremos. El pasado domingo 22 de noviembre, cuando Mauricio Macri agradeció a los argentinos la confianza de elegirlo presidente dijo, entre otras cosas, “a través del voto, hoy ustedes hicieron posible lo imposible…”.

Esa corta frase proyecta la vocación democrática de Macri, porque su lucha política la basó en el poder del voto popular y en la participación ciudadana, en vez de transitar atajos que pudieran afectar la maltratada institucionalidad argentina. El voto libre y soberano fue el verdadero protagonista de esa hazaña que derrotó al continuismo de doce años, para empoderar en esa nación una nueva forma de hacer política y de relacionarse con la sociedad.

Hacer posible lo imposible, encarna el esfuerzo y dedicación de quienes creyeron en el cambio, convenciendo a los escépticos, a los desesperanzados, a aquellos que pensaban que el abusivo ventajismo del régimen era suficiente para aferrarse al poder de manera indefinida. Les tocó enfrentar  el control inmoral de un régimen que secuestró las instituciones públicas para su beneficio particular, y combatir la propaganda de la mentira y del miedo que pretendió intimidar y desmoralizar a una nación que dejó de confiar en quienes descaradamente los engañan.

Pero lo más significativo de esa frase es que pone de relieve el esfuerzo, la voluntad y la férrea determinación de una mayoría de ciudadanos que decidió luchar contra un liderazgo mesiánico para confiar en la unidad nacional, el trabajo en equipo y en las capacidades transformadoras de la sociedad argentina. El verdadero cambio lo acompaña la inteligencia y perseverancia de los ciudadanos y nunca la charlatanería de líderes iluminados que creen encarnar el espíritu de la patria y su inexorable destino.

Los 5.098 Kms. que separan a Caracas de Buenos Aires, no representan obstáculo alguno para que los venezolanos aprendamos de la extraordinaria jornada democrática que los argentinos protagonizaron el pasado 22 de noviembre. Esa hazaña nos hace pensar en la célebre frase de Gandhi: “Recordad que a lo largo de la historia, siempre ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre”.  Los regímenes abusivos y autoritarios no tienen duración indefinida; todo lo contrario, tienen fecha de caducidad, y esa fecha la establece la voluntad indómita de ciudadanos que no permiten que una minoría los utilicen –llamándolos pueblo ó patria- para perpetuarse en el poder a través de un modelo ideológico retrógrado  que sólo busca satisfacer los caprichos y apetencias de sus seudolíderes.

Ojalá, los venezolanos aprendamos de la experiencia argentina porque, si bien es cierto existen particularidades propias de ambos países, el régimen kichnerista y el chavista-madurista tienen muchas semejanzas; ambos se empeñaron en destruir sus respectivos países, dejando una estela de pobreza, hambre y odio social.

Tenemos el compromiso histórico de hacer posible lo imposible, convencernos que sí se puede porque las exigencias de cambio y progreso son más fuertes que el continuismo de un modelo que nos lleva inexorablemente a la ruina total. Venzamos el miedo y dejemos de creer que sólo con ellos es posible la paz y el bienestar de Venezuela, cuando sobran testimonios que nos dicen cada día que su principal arma es la violencia y el odio. Convenzámonos que con este modelo no tenemos presente ni futuro; que vale la pena darnos la oportunidad de cambiar todo aquello que nos ha dañado como sociedad, porque  cuando un pueblo se levanta para luchar por el cambio y un futuro promisorio, no existen  trampas, bayonetas, ni amenazas que lo detengan. La hazaña que los argentinos protagonizaron la semana pasada, podemos continuarla los venezolanos votando masivamente el 6 de diciembre por el cambio y contra este gobierno hambreador que no tiene capacidad ni moral para gobernar a nuestro hermoso país. ¡Votemos todos, esa es nuestra mejor opción!

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 18 de noviembre de 2015


Fervor Chiquinquireño

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 
Cada 18 de Noviembre, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se reencuentra con su grey que ansiosos recibimos su amor maternal y sus abundantes bendiciones. Nos postramos a tus pies para pedirte por la paz del mundo, de Venezuela y de nuestros hogares; que tu infinito amor nos guie por caminos de unión, justicia, libertad y progreso para todos los venezolanos.

La Virgen Morena es la Protectora de los zulianos, nunca nos ha fallado. En estos momentos de tantas dificultades, su presencia maternal es la fuerza que nos motiva seguir adelante, convencidos que con su auxilio podremos luchar por la construcción de una sociedad más humana y cercana a Dios. El Zulia confía en su Madre Celestial porque ha hecho maravillas en esta tierra de gracia. Su sublime amor transforma nuestras lágrimas en fe, esperanza y alegría; su permanente compañía nos guía en el trabajo afanoso y productivo de este noble pueblo; su admirable generosidad nos invita a ser solidarios con los otros, porque los zulianos mantenemos abiertos los corazones y las puertas de nuestros hogares para acompañar a quienes necesitan de nuestra ayuda.

Tus bendiciones Amada Chinita, son aire fresco que fortalece nuestro espíritu y nos da la valentía para vencer las dificultades que se hacen más ligeras con tu amor. Cada 18 de noviembre, los zulianos de buena voluntad, hacemos un alto en nuestro cotidiano andar para bendecirte y venerarte, confiados que tu intersección ante el Señor nos lleva de entusiasmo y firmeza para hacer del Zulia una tierra buena, protegida de los males con los que unos pocos quieren dañarnos.

Tú sabes cuáles son nuestras necesidades espirituales y materiales, por eso te pedimos con devoción que nos proveas de todo cuanto nos hace falta. Como Madre Celestial, que amas infinitamente a tus hijos, ayúdanos a combatir la pobreza que nos hace cada vez más vulnerables y miserables; la inseguridad que trastoca nuestra tranquilidad y sosiego, y diezma la vida de miles de inocentes; el odio y el rencor que nos divide como hermanos; ayúdanos a combatir el atraso que impide que tengamos progreso y oportunidades. Te pedimos Reina Morena que nos des la paz que sea bálsamo perfumado que cura nuestras heridas; que nos llenes de sabiduría para entender los designios del Señor y podamos tomar decisiones correctas tanto a nivel personal como colectivo. Danos la fe para confiar que en nuestras penas e infortunios, Cristo y Tú son los amigos que nunca fallan. Bendice con tu amor a las familias zulianas para que seamos ejemplo de amor, misericordia, tolerancia y respeto por el otro.

Chinita querida, estamos cerca de una fecha histórica para Venezuela. Que tu sagrada presencia nos acompañe para que el 6 de diciembre nos demos la oportunidad de transitar por el camino del cambio, la reconciliación, la paz y la rectificación de los errores y abusos cometidos. Ten compasión de nosotros y, como reza la Grey Zuliana, “Madre Mía si el gobierno no ayuda al pueblo zuliano, tendréis que meter la mano y mandarlos pa´el infierno”.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 11 de noviembre de 2015


Doble moral revolucionaria con las Universidades

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
 

Se dice que la doble moral “es un criterio aplicado cuando a un individuo o institución se le acusa de ejercer una doble norma en el tratamiento dado a diferentes grupos de personas”; en ese caso, la persona o institución que la ejerce no posee moral alguna, por cuanto es capaz de torcer las cosas o de esgrimir falsos testimonios para que las circunstancias le den la razón a como dé lugar. Entonces, si no hay moral, no existe la justicia.

Esa doble moral es el criterio que el régimen aplica a la Universidad Venezolana. Sus voceros más conspicuos exigen la renuncia de algunas de sus autoridades, cuando es el régimen quien las retiene en sus cargos, al impedir que los universitarios ejerzamos el derecho constitucional del voto para renovar libre y soberanamente las autoridades rectorales, decanales y todas aquellas que forman el gobierno universitario. El régimen sin explicación ni justificación, impide que los universitarios practiquemos y consolidemos la democracia, bandera que hemos defendido y defenderemos, a pesar de los nubarrones que un autoritarismo circunstancial quiere imponernos.

El régimen revolucionario, específicamente el gobernador del Estado Zulia, culpa y responsabiliza a la Universidad del Zulia de amparar al “malandraje” y delincuentes dentro del campus, cuando son ellos los que han incumplido hasta la saciedad los programas de seguridad para preservar el orden y la seguridad de personas y bienes dentro de las instalaciones universitarias. Lanzan con bombos y platillos planes rimbombantes de seguridad para la Universidad, que a los pocos días abandonan porque sus intereses y prioridades están en otro lado. Jamás les ha importado la seguridad de la Universidad ni la de los ciudadanos que vivimos “encarcelados” en un país donde los delincuentes son los que mandan e imponen las normas. Este es un régimen cómplice del malandraje.

Descalifican, amenazan y ofenden a los profesores universitarios porque, frente a un gobierno sordo e irresponsable, exigimos nuestro legítimo derecho de salarios dignos que se correspondan con la elevada misión social que cumplimos. Después de más de dos años del vencimiento del contrato colectivo –en otrora, normas de homologación-, el gobierno  decidió sentarse con los universitarios, estableciendo sus propias reglas y otorgándole beligerancia a gremios impuestos por su voluntad, despojando a la FAPUV de su genuina y legítima representación profesoral. Aprobaron al filo de la madrugada unas tablas salariales absolutamente injustas y, desde entonces, el ministro respectivo se ha negado a escuchar los planteamientos de la FAPUV, razones que obligaron la aprobación casi unánime de la desincorporación de actividades. Este régimen es enemigo del diálogo y del entendimiento constructivo para la resolución de los conflictos y diferencias.

Exigen el inicio inmediato de actividades, cuando es el régimen el único que promueve la parálisis y el cierre de la Universidad Venezolana. Han pretendido someterla y anularla mediante presupuestos deficitarios que a duras penas alcanza para pagar las nóminas, imposibilitando la requerida inversión en infraestructura, investigación, extensión y servicios estudiantiles. Ese menosprecio por la Universidad y el conocimiento, está generando que las Casas Superiores de Estudios se encuentren ruinas, abandonadas, sin las mínimas condiciones para que realicemos digna y efectivamente nuestra labor docente y de investigación.

Sin importarles la deplorable situación de las Universidades autónomas, el régimen decidió incrementar el número de cupos para nuevos ingresos; a pesar de esa desproporcionada decisión oficial, las Universidades acataron la orden. Sin embargo, el régimen se hace de la vista gorda con miles de jóvenes que tendrán que escuchar sus clases o realizar sus prácticas académicas en total hacinamiento, ya que no aprueban recursos para aperturar concursos de nuevos profesores que ocupen las cátedras de profesores eméritos, o de aquellos que, obligados por salarios de hambre y miseria, renuncian para migrar a otras naciones que les brindan un mejor tratamiento.

Para un régimen que menosprecia la inteligencia de sus conciudadanos, la Universidad se ubica en el último lugar de sus prioridades. Ellos saben que una sociedad educada e informada, jamás será presa de modelos ideológicos que nieguen la libertad como valor supremo de los seres humanos.

Por eso, en momentos de profundas dificultades para la Universidad Venezolana, debemos unirnos para defenderla como institución clave en el desarrollo nacional. No es momento de intereses particulares que se esconden en la mezquindad que la destruye. Reinventemos los mecanismos de legítima protesta, ajustados a la Constitución, a la prudencia y al sentido común que estos días convulsos recomiendan. Evitemos a toda costa darle pretextos al régimen que justifiquen acciones amparadas en su doble moral. Y recordemos siempre, que la Universidad es una institución que permanecerá a través de los tiempos, mientras que las tiranías por poderosas que sean son efímeras y repudiadas por las sociedades libres y civilizadas.

       Profesor Titular de LUZ

miércoles, 4 de noviembre de 2015


¿Para qué una nueva Asamblea Nacional?

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
 

El próximo 6 de diciembre, los venezolanos estamos convocados para elegir los diputados de la Asamblea Nacional. Esta no es una elección cualquiera, porque buena parte del futuro de la nación lo debatiremos ese día. Tendremos la posibilidad de elegir diputados capaces y con voluntad para defender los intereses de todos los venezolanos, en vez de los actuales que sólo levantan sus manos  para complacer los caprichos y disparates de un gobierno que ha demostrado su incapacidad, vocación violenta e insaciable apetito de corrupción.

La Asamblea Nacional es la suprema representación de la soberanía popular; es la esencia de la ciudadanía en una sociedad democrática y moderna. Funciona como una institución de contrapesos y equilibrios entre los diferentes poderes públicos, contribuyendo con la buena marcha de la democracia. La Asamblea Nacional tiene la atribución de controlar y fiscalizar  la gestión del Ejecutivo Nacional, proveyéndolo de los instrumentos legales para el cabal cumplimiento de sus obligaciones y señalándole, además, el rumbo correcto cuando sus excesos u omisiones comprometen el interés general de la nación. La Asamblea Nacional es el auditorio por excelencia para practicar el respeto, la libertad de expresión y la pluralidad de ideas que caracterizan a una sociedad moderna. Por estas razones debemos votar para elegir una nueva Asamblea Nacional.

La nueva Asamblea Nacional debe ser fiel reflejo de la realidad del país, incluyendo su cultura, diversidad, idiosincrasia y valores; debe ser lo contrario a la defensa e imposición de la hegemonía de una minoría política del país, tal como lo hacen los diputados oficialistas que consolidan un modelo autoritario, excluyente e inmoral. Esas prácticas perversas podemos cambiarlas el próximo 6 de diciembre, para dar paso a la inclusión, decencia y moralidad que demanda una República azotada por los abusos de un régimen autocrático que vive del culto grotesco hacia un único líder.

Los problemas de Venezuela son muy graves y, en los próximos meses, serán mucho peores, si no logramos ponerle freno a la demencia del régimen, exigiéndole rectificar ante tanta improvisación e irresponsabilidad. Necesitamos que el país empiece a construir un cambio desde la Asamblea Nacional, pero para ello se requiere que la Unidad Democrática obtenga una mayoría contundente para que pueda realizar una gestión que nos favorezca a todos. Es necesario que la participación sea masiva para enviarle al gobierno un claro mensaje de cambio y de unidad del pueblo venezolano.

Si el 6-D gana la oposición democrática, no amaneceremos el 7 con un nuevo gobierno. Maduro seguirá siendo presidente, acompañado con el mismo TSJ, CNE y los otros poderes públicos en manos del oficialismo. Eso sí, ya Diosdado Cabello no será presidente de la Asamblea, ahorrándonos sus descalificaciones y humillaciones llenas de arrogancia mediocre que ofende a millones de venezolanos.  Podemos iniciar el tránsito por un camino mejor y más amplio, porque el gobierno ya tendrá quien lo controle y fiscalice; ya no podrán hacer todo cuanto les dé la gana. Estarán obligados a escuchar nuevas propuestas e implementar acciones que permitan ir desmotando el complejo e ineficaz andamiaje burocrático de esta revolución. Se darán cuenta que en Venezuela ellos no están solos porque existen otras fuerzas de poder, legitimadas con el voto popular. Se acabaría la hegemonía roja y se daría paso a un sistema político de convivencia y respeto dentro de las diferencias que caracterizan a la democracia.

Estoy convencido que con una nueva Asamblea Nacional rescataremos la confianza y credibilidad en la política al servicio de los venezolanos; desde allí, se impulsarán reformas importantes que permitan ir resolviendo progresivamente las profundas deformaciones que se han enquistado con el proceso revolucionario. Dejará de ser una institución al servicio del engaño, la mentira y manipulación para empezar a debatir temas trascendentes para la nación, lejos de la frivolidad, violencia y folclorismo de los diputados del PSUV.

La Asamblea Nacional podrá realizar la labor de legislar en nombre de todos los venezolanos, pues, ya no estará sometida a las imposiciones de leyes habilitantes que sólo han servido para profundizar los errores de un gobierno que desde hace mucho tiempo perdió la brújula del país.

Y, por último, sólo pensar que efectivamente no hay mal que dure cien años, nos dará el impulso para continuar luchando en la seguridad que es posible construir un país como el que nos merecemos la inmensa mayoría de los venezolanos; un país donde se respire libertad, justicia, paz y mucha voluntad para trabajar unidos en nombre de la grandeza de Venezuela. El cambio es posible sólo si votamos masiva y correctamente el 6-D; de lo contrario, seguiremos sumergidos en esta vorágine que le falta poco para que nos destruya completamente.

                         Profesor Titular de LUZ