martes, 19 de junio de 2018

¡Por ahora no gobernaremos!

Efraín Rincón Marroquín (EfrainRincon17)

Aún retumba en mis oídos el “por ahora no se cumplieron los objetivos”, trágica frase del golpista Hugo Chávez en la mañana del 5 de febrero de 1992. Desde ese mismo momento, Chávez supo que era posible instaurar un modelo político de cambio que a la postre arruinaría a Venezuela. Ese “por ahora” lo catapultó políticamente y millones empezaron a endosarle la honestidad, la capacidad y el “amor” por el pueblo que ya escaseaba en la élite política de ese tiempo.

Veintiséis años después oigo otro “por ahora no gobernaremos”, pero esta vez  en boca de Gustavo Petro, candidato guerrillero que perdió las elecciones presidenciales colombianas del pasado 17 de junio. Esas palabras no son el consuelo tonto de quien perdió la batalla; son en sí mismas la amenaza de instaurar en Colombia un modelo político similar al chavismo con las consecuencias nefastas que los venezolanos estamos padeciendo. Ese domingo por la tarde, Petro escribió en twitter, con el cinismo que caracteriza a los comunistas, “Cuál derrota. Ocho millones de colombianos y colombianas libres en pie”.

La nueva oposición colombiana, liderada por un ex guerrillero acompañado por la izquierda más radical y subversiva, es uno de los grandes desafíos que debe enfrentar el nuevo gobierno. Ciertamente, Duque ganó con una ventaja superior a 2.3 millones de votos, pero también es verdad que Petro obtuvo una votación muy significativa, aunado a una abstención superior al 45%. La sociedad colombiana empieza a proyectar síntomas de cansancio, frustración y desesperanza que fácilmente puede ser manipulada por el discurso populista y mesiánico de la izquierda inspirada en el ideario chavista. Ya hicieron el primer intento y la verdad no ganaron, pero no les fue mal.

Iván Duque, el más joven de los presidentes de Colombia,  tiene en sus hombros la enorme responsabilidad de liberar a su país de la tentación populista y revolucionaria. Y eso no es poca cosa. Por tal razón, su única opción es gobernar bien, convocando la unidad nacional y practicando la inclusión de todos los colombianos;  de lo contrario, el “por ahora” de Petro podría hacerse realidad dentro de cuatro años.

El gran reto del presidente Duque es gobernar con mano fuerte para combatir la corrupción enquistada en las élites colombianas; administrar los recursos públicos con honestidad y eficiencia, a fin de zanjar las injusticias y la pobreza que mantienen excluidos a millones de colombianos. La pobreza se combate con una economía social de mercado que combine la productividad empresarial con la responsabilidad social y el bienestar colectivo. La visión excluyente de la política colombiana se supera con el acceso a más oportunidades educativas, laborales y de emprendimiento para que más colombianos salgan de la pobreza y contribuyan con el desarrollo integral de la nación.

El presidente Duque tiene el compromiso histórico de reivindicar a la democracia como un sistema político capaz de mejorar la calidad de vida de sus gobernados; es un imperativo hacer que los colombianos se enamoren de la democracia y la defiendan de la amenaza comunista. Duque debe conquistar la confianza de 8 millones que no votaron por él y la de los abstencionistas para evitar que apoyen a un falso mesías que a la postre les traerá más sufrimientos que alegrías. Es la hora de la Colombia libre, incluyente y solidaria de la mano de una democracia fuerte al servicio de todos.

Profesor Titular Eméritus de LUZ

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