La basura: un problema de todos
Efraín Rincón Marroquín
El problema de la basura trascendió el ámbito
municipal para convertirse en un problema nacional, cuya solución definitiva
demanda la participación efectiva y responsable de los tres niveles de
gobierno. A pesar que la recolección de basura y de desechos sólidos, es una
competencia exclusiva de las alcaldías, la Ley de Gestión Integral de la Basura
(2010), le asigna a las gobernaciones de Estado, la administración y adecuación
de los rellenos sanitarios, lugares donde finalmente se dispone la basura y los
desechos sólidos. En tal sentido, tanto la fase de recolección como la de
disposición final deben marchar al unísono, a fin de garantizar la limpieza de
nuestras ciudades. Por otra parte, en vista que las alcaldías no cuentan con
los recursos suficientes para cumplir a cabalidad con tan importante servicio,
debido a que el poder central distribuye de manera excluyente, ilegal e injusta
los recursos que por ley le corresponden a los municipios, se hace imperioso el
involucramiento del gobierno nacional en la compra de los camiones
compactadores y la construcción de áreas de transferencia necesarios para que los
ciudadanos disfrutemos de un servicio de aseo urbano de calidad, tal como lo
exigen las normas de sanidad ambiental.
En el caso particular de Maracaibo observamos que, a
pesar de los esfuerzos acometidos por la alcaldía, el servicio de aseo urbano de
la ciudad no es capaz de recoger eficientemente la basura de las 18 parroquias
que conforman el municipio capital. Frente a esta realidad, es pertinente
recordar algunos asuntos del pasado y reiterar el compromiso tanto de la
gobernación del Zulia como del gobierno nacional en tan complejo problema. En
el 2008, cuando los maracaiberos eligen a Manuel Rosales como su alcalde y Di
Martino pierde las elecciones a la gobernación frente a Pablo Pérez, el
gobierno nacional en una vil componenda con Di Martino decidió que los
servicios e impuestos municipales (aseo urbano, gas domiciliario e impuesto
inmobiliario) que se cobraban a través del recibo de Corpoelec (antigua
Enelven), no se cobraran más por esta vía, dejando a la alcaldía de Maracaibo
sin los recursos provenientes del pago de los contribuyentes. Esta perversa
decisión sólo fue efectiva para Maracaibo ya que, por ejemplo, los
sanfranciscanos siguen pagando esos servicios a través del recibo de Corpoelec.
Pero como si esto fuera poco, Di Martino vendió como chatarra noventa (90)
camiones compactadores de basura a cambio de un cheque sin fondos, con lo cual
quedó absolutamente desmantelada la flota del IMAU. La ciudad se quedó sin
camiones para recoger la basura, traición que fue aplaudida por los enemigos de
Maracaibo que hoy siguen jugando al saboteo de la gestión de la alcaldesa
Eveling de Rosales, sin importarles un rábano la salud de los maracaiberos y la
limpieza de nuestra querida ciudad.
A ello hay que agregarle el absoluto desinterés del
gobernador Arias Cárdenas en asumir de una buena vez la administración y
adecuación del relleno sanitario que por ley le corresponde. Mientras tanto, es
la alcaldía de Maracaibo el único ente que trata de corregir los entuertos de
un relleno colapsado con más de treinta años de vida útil, sin recibir ningún
apoyo de los alcaldes de San Francisco y Lossada que se sirven del mismo. Si la
disposición final de la basura no puede realizarse en un tiempo óptimo, debido
al caos del relleno, se afecta la frecuencia de la recolección de la basura, con
un pésimo balance para todos.
Además, en el 2013 el presidente Maduro se
comprometió en entregarle 100 unidades compactadoras al municipio, promesa que
no sólo ha sido incumplida sino que recientemente entregó a la gobernación diez
de esas unidades que nunca pasaron a manos de la alcaldía; sin contar las 30
unidades que llevan más de un año en el puerto de Maracaibo sin que la
autoridad competente realice los trámites respectivos para que dichos camiones
presten el servicio para el cual fueron adquiridos. Prefieren que esos camiones
se dañen, antes que ayudar a paliar la crisis de la basura. Pero además, los
gobiernos nacional y regional han hecho caso omiso a los proyectos para
construir dos áreas de transferencia en la ciudad, obras que ahorrarían más del
50% del tiempo de descarga de basura por cada unidad compactadora, impactando
favorablemente la frecuencia del servicio de aseo urbano. De esa manera
ganaríamos todos.
No nos caigamos a cuentos chinos, por cierto, muy de
moda en estos días tormentosos. La basura es un problema estructural y, en el
caso de Maracaibo, no se resuelve ni con 10 unidades compactadoras, ni jugando
al saboteo permanente de la gestión municipal. Como dirían los chamos, Arias y
Maduro es hora de ponerse serios, dejen a un lado la politiquería que tanto
daño nos hace, para trabajar responsable y coordinadamente por una Maracaibo
limpia que sea orgullo de todos, porque esta ciudad no tiene colores políticos,
pero sí una fe inquebrantable en un futuro mejor con el concurso de todos los
que amamos profundamente a la ciudad del sol amada, nuestra Maracaibo Mía.
Profesor Titular de LUZ
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