Ayuda humanitaria que salva vidas
Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
La profunda e inédita crisis política que experimenta
Venezuela, producto de un régimen que por veinte años ha pretendido destruir a
la nación y empobrecer a los venezolanos, tiene su peor rostro humano en la
diáspora venezolana y en el cuadro generalizado de miseria que demanda con
urgencia la ayuda humanitaria internacional. Estos dos aspectos han influido en
el escenario de cambio que empieza a perfilarse a partir del pasado 5 de enero,
bajo el liderazgo del presidente encargado Juan Guaidó, sensibilizando a la
comunidad internacional sobre la pronta y necesaria salida de Nicolás Maduro
del poder usurpado.
Venezuela sufre hoy la diáspora más grande que haya
registrado América Latina en toda su historia. Se calcula que cerca de 4
millones de venezolanos han salido del país; un gran porcentaje de estos
migrantes han huido del país por falta de condiciones mínimas que le garanticen
su sobrevivencia humana; no tienen empleo, ni comida, ni medicinas y, lo que es
peor, los persigue el miedo de morir en un país donde la vida cada vez vale
menos.
Lo he dicho en reiteradas oportunidades, la diáspora
convirtió la crisis venezolana en un problema de Estado para las naciones de la
región, especialmente, para los gobiernos de Colombia, Ecuador, Brasil, Perú,
Argentina y Chile, así como los Estados Unidos y España, entre otras naciones
del mundo. Sin duda, la emigración venezolana ha repercutido gravemente en la
economía, en los servicios públicos, en los programas de asistencia social y en
la propia seguridad de esas naciones, motivando a sus gobiernos a tomar
decisiones que permitan la restitución de la democracia y la Constitución en
Venezuela y, por ende, la salida del poder de Nicolás Maduro. Están conscientes,
hoy más que nunca, que la instauración de un gobierno de transición en
Venezuela, es el camino correcto para neutralizar las peligrosas consecuencias
de la diáspora venezolana en América Latina, pues, con seguridad muchos de los emigrantes
retornarían a Venezuela apenas mejore la calamitosa situación que sufre la
nación.
El otro caballo de troya de esta crisis es la ayuda
humanitaria. En estricto sentido, la ayuda humanitaria tiene como propósito
salvar las vidas de seres humanos en riesgo de morir, así como aliviar las necesidades
básicas de los grupos más vulnerables de la sociedad. El sufrimiento del pueblo
venezolano infringido por un régimen tiránico que viola flagrantemente los
derechos humanos de sus conciudadanos, se ha convertido también en una razón de
especialísimo peso en el contundente apoyo de la comunidad internacional para
liberar a Venezuela de la usurpación de Nicolás Maduro.
Tanto la diáspora como la ayuda humanitaria le han
dado una visión internacional más humana al conflicto venezolano. Sabemos que
el fondo de la crisis es eminentemente político, basado en la entronización de
un régimen fallido y forajido, incapaz de resolver los más ingentes problemas del
país; un régimen corrupto que saqueó las arcas del fisco nacional haciendo
inmensamente ricos a la elite gobernante, a costa del hambre y la muerte de los
venezolanos; un régimen que viola con cinismo los más elementales derechos
humanos; en fin, un régimen ilegitimo y usurpador que destruyó la
institucionalidad republicana colocándose de espaldas a la Constitución y a los
ciudadanos. Desde hace tiempo, esa realidad la sentimos en carne propia los
venezolanos y es conocida al detalle por la comunidad internacional; pero lo
que hoy está en los ojos del mundo es la vocación criminal de una tiranía, que no
le importa el dolor y el hambre de niños y ancianos que claman por ayuda
humanitaria para evitar morirse por desnutrición o por la ausencia de un
medicamento vital para aliviar sus dolencias.
Esta es la percepción que las democracias del mundo tienen
hoy día del usurpador Nicolás Maduro y de toda la cúpula de un régimen que se
atrinchera para defender sus oscuros intereses, impidiendo que los más necesitados
tengan acceso a alimentos y a asistencia médica inmediata. Que el régimen
usurpador niegue la existencia de una crisis humanitaria en Venezuela, es ya un
delito de lesa humanidad; bloquear la llegada de una ayuda urgente que
pretender salvar de la muerte a más de 300 mil venezolanos, es la perversidad
de un régimen que pasará a la historia, no sólo como la peor tiranía del siglo
XXI latinoamericano, sino como un régimen genocida que pretendió asesinar a su
pueblo con el hambre y por la falta de asistencia médica.
Frente a cualquier discusión jurídica, lo que subyace
es que Venezuela está sometida a un estado de necesidades básicas (alimentos,
salud, seguridad) que amenazan con eliminar a los ciudadanos más vulnerables,
dentro de una sociedad en la que más del 80% son pobres y más de la mitad de
éstos están dentro del umbral de la pobreza crítica. La verdad dantesca de todo
esto es que cada día mueren decenas de niños por desnutrición o por falta de
medicamentos; también es verdad que familias enteras se encuentran en completo
de estado de inanición; que cada vez son más los pacientes con enfermedades
crónicas destinados a morir porque no tienen asistencia médica o el tratamiento
que les permita mantenerse vivos; que cientos de ONG no se dan abasto frente a
la creciente demanda de medicinas y alimentos de venezolanos de todos los
rincones del país. Esa es la cruel realidad de nuestro país; nunca antes una
nación de la región había sufrido los peores embates del hambre y la pobreza,
producto de un modelo ideológico corrupto e inmoral cuyo único objetivo es
mantenerse en el poder, aunque ello signifique el exterminio de los
venezolanos.
Satisfacer las necesidades básicas de los más
vulnerables, justifica la acción internacional para evitar la muerte de miles
de venezolanos a los que el régimen les niega la vida; dentro de este concepto
de Estado de Derecho de necesidad, se eximiría de responsabilidad a quienes
intentan aliviar los sufrimientos y carencias de seres humanos que padecen
necesidades que puedan derivarse en muerte. Por eso la importancia de la ayuda
humanitaria internacional, como un mecanismo humano y moral para aligerar el
cese de la usurpación y propender al advenimiento de un gobierno de transición
que corrija las profundas desigualdades de la Venezuela que heredamos del régimen
castro comunista de Nicolás Maduro.
Profesor Titula Eméritus de LUZ
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