domingo, 17 de febrero de 2019


El 23 de febrero

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

De nuevo, una fecha se convierte en referencia para los venezolanos dentro del calendario de una solución a la dramática crisis que vive el país. El presidente encargado Juan Guaidó, ha planteado que el próximo 23 de febrero entrará la ayuda humanitaria internacional a Venezuela, con la anuencia o no de las fuerzas armadas. Sin embargo, de manera reiterada y haciendo uso de todos los medios, incluyendo a la ley de Amnistía y Garantías, Guaidó les ha hablado con firmeza a los militares conminándolos que se coloquen del lado de la Constitución y del pueblo, y permitan el ingreso de la ayuda humanitaria; de esa manera, se precipitaría el desconocimiento militar al régimen de Maduro, conformándose un gobierno de transición para la realización de elecciones libres en un plazo prudencial.

Guaidó conectado con el sentimiento mayoritario de los venezolanos, sabe que el país apuesta por una salida pacífica de la crisis, aquí nadie quiere guerra, pero la gente está impaciente y no puede esperar mucho más; por ello, Guaidó ha manifestado insistentemente que la usurpación de Nicolás Maduro debe finalizar con el menor trauma posible para los venezolanos, consciente que ello dependerá de la actitud que asuman los militares en estas horas cruciales para el destino de la patria.

Negar la crisis humanitaria de Venezuela refleja la perversidad de un régimen empeñado en asesinar a los venezolanos, especialmente a los más vulnerables que son la mayoría de la nación. Mientras miles de niños mueren por desnutrición o por falta de alimentos; mientras los enfermos crónicos temen morir por no disponer del medicamento que les alarga la vida; mientras millones de venezolanos no pueden comer porque no hay alimentos o sencillamente no tienen cómo comprarlos, al usurpador sigue sin importarle la tragedia en la que sumergió al país; a pesar de su desnudez, el régimen desea librar una guerra que ya perdió. Y, créanme, esa no es la opción más inteligente para quienes irreversiblemente ya no podrán gobernar el país.

Sin pretender colocarle una fecha límite a la crisis venezolana, el 23 de febrero se perfila como un día decisivo, en el que comprobaremos de qué lado está la mayoría de los militares venezolanos; si se mantienen leales a la tiranía o, por el contrario, honran el juramento de defender a la Constitución y al pueblo. Si ocurre lo segundo -todos quisiéramos que así fuese- el desenlace será relativamente pacífico y, en el corto plazo, se enrumbaría el país hacia la transición. Si ocurriese el primer escenario, entonces, el presidente Guaidó estaría obligado constitucional y moralmente a que la ayuda humanitaria ingrese al territorio nacional, aunque ello signifique la intervención internacional con fines humanitarios para defender los derechos humanos de la población venezolana.

En cualquier escenario, la situación de Maduro luce muy complicada; todo pareciera indicar que es el comienzo definitivo del fin o el final definitivo de la tragedia. El poder de maniobra del régimen se reduce con el pasar de los días. Y, lo que es peor para Maduro y su camarilla, históricamente los militares venezolanos han tenido poca disposición de inmolarse por su superior, especialmente, por uno que no tiene capacidad alguna para protegerlos frente a un desenlace fatal. Nuestros militares no tienen vocación de kamikaze, aunque oigamos a algunos estar dispuestos a dar su vida por la revolución. Estos últimos forman parte de la cúpula que durante veinte años se benefició de las prebendas, negocios y corruptelas de un régimen que se encargó de desarticular y desintitucionalizar a las fuerzas armadas, para ponerlas al servicio de una revolución que resultó ser la peor estafa en la historia de Venezuela.

Estamos viviendo tiempos decisivos en los que la neutralidad no tiene cabida. Por eso los militares venezolanos aún tienen la oportunidad de salvar su honor, a fin de evitar que la historia los juzgue como traidores a la libertad, a la Constitución y al pueblo venezolano. En todo caso, en palabras del Dr. Ángel Lombardi, por vez primera en la historia republicana venezolana, un ciclo se cerrará y otro se abrirá sin el protagonismo de las fuerzas armadas; en esta oportunidad, el rescate de la libertad y la democracia es obra de la sociedad civil venezolana (partidos políticos, estudiantes, movimientos sociales, gremios, trabajadores, empresarios, amas de casa, etc.) que, por espacio de dos decenios, resistió los embates de la peor tiranía que nunca jamás tuvimos y, aún así, mantuvo intacta su vocación democrática para luchar sin descanso hasta conquistar de nuevo la libertad.

Se siente cerca la victoria en esta cruenta y larga batalla. Estamos frente a una tormenta perfecta, en la que todos los factores están alineados a favor del cambio político en Venezuela. Hoy tenemos condiciones con las que antes no contábamos. Existe una estrategia y una ruta definida: 1. Cese de la usurpación; 2. Gobierno de transición; y, 3. Elecciones libres. Logramos el apoyo y una multitudinaria movilización popular; las calles en todo el país gritan con brío ¡libertad!; se hizo posible, contra todos los pronósticos, la unidad útil de la oposición democrática; el liderazgo de Juan Guaidó se conectó con la emoción de la gente, brotando de nuevo la esperanza, a través de un discurso fresco y sencillo que transmite la sensación que ¡sí se puede!; la comunidad internacional mayoritariamente reconoce la presidencia de Juan Guaidó y, ahora más que antes, realizan esfuerzos extraordinarios para que por fin se instaure la democracia en nuestro país.

Estos acontecimientos deben estar siendo evaluados detenidamente por las fuerzas militares. Aún quedan algunos días para que tomen una decisión inteligente y desconozcan a un régimen que destruyó al país, a los venezolanos y a sus propias familias. Ustedes saben que Maduro no les garantiza ninguna protección y, mucho menos, el futuro para vivir con dignidad. Al régimen se le acabaron las opciones. Lo inteligente, humano y patriota es que, ustedes militares, se coloquen del lado correcto de la historia. El noble pueblo venezolano les recompensará la hidalguía de haber defendido a la Constitución y haber contribuido con la instauración de la libertad en nuestro país. Den un paso al frente para evitar mayores calamidades. Pero sepan que, con ustedes o sin ustedes, los venezolanos rescataremos la libertad, la justicia, la democracia y el progreso para todos.

Profesor Titular Emeritus de LUZ

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