miércoles, 23 de septiembre de 2015


Ganamos y cobramos
Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
 
La demanda de cambio de los venezolanos se acrecienta con el pasar de los días, lo cual denota el profundo estado de descomposición en el que se encuentra el país. Ya lo hemos escrito en otras ocasiones, ocho de cada diez venezolanos reportan la necesidad de cambio porque el país marcha por un rumbo equivocado, porcentaje sustancialmente superior al reportado en 1998, fecha en la que Hugo Chávez ganó por vez primera las elecciones presidenciales.
Lo que tratamos de decir es que, hoy más que nunca, está justificado un cambio del modelo político que nos ha gobernado por casi 17 años. La gente no aguanta más; cada venezolano, cada familia debe soportar una pesada carga que las envuelve en desesperanza e impotencia, impidiéndoles vivir con decencia y dignidad.
A lo largo y ancho del país se escuchan gritos de cambio; en la cara de millones de venezolanos se ve reflejado el rechazo a un régimen que destruyó el país y nos confinó a una de las peores tragedias que hemos vivido como nación. Sin embargo, el régimen está enviando mensajes que ponen al descubierto su radicalización y su disposición de mantenerse en el poder por cualquier medio. A esas cosas debemos ponerle atención, sobre todo la dirigencia organizada alrededor de la Mesa de la Unidad Democrática, a fin de proyectar la confianza y la convicción que, a pesar del ventajismo y de las triquiñuelas del régimen, el cambio será una realidad a partir del 6-D, porque sabremos defender los votos y cobraremos la contundente victoria que nos dará la inmensa mayoría de los venezolanos.
Frecuentemente me preguntan, ¿es posible que la oposición obtenga una amplia mayoría en la Asamblea Nacional el 6-D? Mi respuesta es positiva; claro que se puede. Las más reputadas encuestadoras del país presentan un panorama muy sombrío para el oficialismo. La base popular que disfrutó el proceso por muchos años, se desmorona vertiginosamente con el pasar de los días. El voto duro del chavismo se ubica en un poco más del 20%. Se les agotó la capacidad para mentir y manipular a un país que está decidido a cambiar, pero es necesario trabajar en función de la victoria haciendo bien las cosas; de allí, mi intención de plasmar algunas exigencias que escucho en la calle para garantizar el triunfo de la democracia y la libertad.
Es vital no subestimar al adversario, sobre todo si sabe derrotado. Ellos van hacer todo cuanto sea posible para ganar el 6-D. No olvidemos que el ropaje democrático que una vez tuvo el régimen, hoy día no existe; no tienen escrúpulos de ninguna naturaleza. Harán más uso del ventajismo que inmoralmente les proporciona el poder; por eso debemos estar atentos a las argucias de esta dictadura insolente.
No perdamos el rumbo. No caigamos en los trapos rojos del régimen, ni en las pequeñeces que algunos sectores opositores pretenden agrandar. Es hora de la gente. Es el momento del acompañamiento solidario con millones de venezolanos que están sufriendo las penurias que nos impone este régimen incapaz, corrupto y atrasado. A tal efecto, es fundamental ofrecer propuestas que desde la Asamblea Nacional contribuyan con la solución de los principales problemas del país: escasez, alto costo de la vida, inseguridad, desempleo, servicios públicos totalmente colapsados. Si la oposición es capaz de devolverle al pueblo la confianza y la esperanza, no habrá trampa que valga el 6-D.
Frente al establecimiento del Estado de Excepción en Táchira, Zulia, Apure y, próximamente, Bolívar y Amazonas, es pertinente articular una estrategia que neutralice las acciones del régimen tendentes a boicotear el proceso eleccionario del 6-D. Los candidatos deben instalarse permanentemente en tales circuitos, a fin de monitorear la situación reinante. Hay que hacerle un enérgico llamado al gobierno para que cumpla cuanto antes con la normalización de la frontera y respete los derechos consagrados en la Constitución, inherentes a los comicios: derecho a reuniones y manifestaciones, libre tránsito, expresión y las garantías para asistir a cada centro electoral.
La MUD debe blindar las elecciones, conformando un equipo de testigos y defensores del voto comprometidos con el cambio e inmunes a cualquier tentación totalitaria. Hay que conocer la particular realidad de cada circuito para detectar las oportunidades y las amenazas, las fortalezas y las debilidades. Frente a la falta de transparencia, equidad e imparcialidad del CNE, es menester exigir la presencia de una observación internacional que garantice que el voto refleje la verdadera opinión de los electores. Esa debe ser una exigencia nacional a pesar de la negativa de Tibisay Lucena.  
Con responsabilidad manifiesto que están dadas las condiciones para cristalizar el cambio. La mesa está servida, no permitamos que el triunfalismo y el exceso de confianza, la desmotivación, una defensa débil de los votos nos hagan perder esta maravillosa oportunidad. Hace falta un compromiso nacional en el que la MUD y los sectores democráticos nos digan con voz firme y enérgica: ¡el 6-D ganamos y cobramos!       
Profesor Titular de LUZ

miércoles, 16 de septiembre de 2015


Provocación peligrosa

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

En tiempos de excesos, injusticias y provocaciones del régimen, es recomendable practicar la prudencia, aquella que Aristóteles llamó “el justo medio”, virtud que nos permite alcanzar la felicidad basada en la sabiduría. Para el filósofo griego, la prudencia es sinónimo de moderación y templanza, aspectos que acompañan a la justicia y a la fortaleza.

Al contrario de los que algunos puedan pensar, la prudencia no es señal ni de miedo ni de debilidad; es fortaleza encaminada por el sentido común, sobre todo en circunstancias que incitan a tomar el camino más corto, sin importar las terribles consecuencias que produce una decisión equivocada.

El régimen quiere que perdamos la paciencia; nos provocan con sus viles acciones para que desechemos la opción del voto y escojamos  el camino de la violencia, en el que ellos tienen todas las de ganar. El régimen sabe que electoralmente está perdido; en estos últimos 16 años nunca estuvo peor. Según la encuesta IVAD, correspondiente al mes de agosto pasado, el 87% de los venezolanos cree que el país va por el rumbo equivocado, percepción compartida por el 55% del segmento oficialista. Asimismo, el 77.5% califica negativamente la gestión del presidente Maduro, contra un 22.5% que proyecta una opinión positiva de su gestión. Como corolario, el 76% de los venezolanos piensa que Maduro no está capacitado para resolver la crisis del país. De acuerdo al último estudio de Alfredo Keller y Asociados (correspondiente al mes de septiembre), desde que comenzó a gobernar hasta la fecha, Maduro ha perdido el apoyo de 5.650.000 ciudadanos, es decir, que en poco más de dos años de gestión, Maduro destruyó el apoyo del 75.29% de los electores que sufragaron por él en el 2013 (7.505.338 votos). Estas cifras colocan en verdaderos aprietos la sobrevivencia de la revolución de cara a las elecciones del 6-D.

Esta es la verdadera razón por la que el régimen lanza provocaciones peligrosas a la oposición democrática del país. Todo cuanto hacen tiene como propósito debilitar las extraordinarias oportunidades que tenemos para construir el cambio a través del voto popular. Quieren desmoralizarnos, desmotivarnos, desmovilizarnos para que creamos que aquí todo está perdido, que es el régimen quien tiene el poder y la autoridad. Ciertamente, por ahora, son ellos los que gobiernan el país pero no gozan del apoyo ni de la legitimidad de la inmensa mayoría nacional. Es un gobierno huérfano de pueblo; un régimen cuyo corazón dejó de latir hace tiempo porque traicionó los sueños y las esperanzas de los venezolanos.

El régimen quiere que pisemos el peine de la violencia; que cambiemos nuestra agenda democrática y de cambio por sus trapos rojos. De allí la injusta, inmoral e ilegal sentencia contra Leopoldo López, confinando a un venezolano inocente a más de 13 años de prisión. Quieren demostrar que su poder es para siempre y que no hay posibilidad alguna de sacarlos con los votos de los venezolanos que estamos ansiosos de vivir en un mejor país, donde la libertad, la justicia, el progreso, la unión y las oportunidades sea un derecho para todos, sin discriminaciones de ninguna índole.

Cuando se está ganando el juego, la prudencia debe orientar la estrategia y la acción. Jamás la impulsividad y la irracionalidad han sido aliadas de grandes proyectos que demandan sensatez e inteligencia, como es la liberación de Venezuela de esta cuerda de forajidos, corruptos e incapaces. Necesitamos la prudencia que nos de sabiduría para decidir correctamente; necesitamos maximizar las fortalezas y aprovechar las oportunidades que el entorno nos presenta en bandeja de oro. Es necesario motivar a los que queriendo el cambio lo ven muy lejos, convencerlos que su voto es el instrumento para iniciar la construcción de la Venezuela que nos merecemos. Si cambiamos las dudas, el desánimo y la desesperanza por la decisión inquebrantable de ir a votar,  no habrá quien detenga a un pueblo valiente  que decidió canalizar su indignación, frustración e impotencia a través de millones de votos que nos devuelvan la Venezuela que esta revolución destruyó.

Los que estamos ganando esta batalla debemos seguir trabajando con fe, fuerza y perseverancia, sin hacer caso de las peligrosas provocaciones del régimen, porque el cambio en Venezuela empieza a despuntar en el nuevo amanecer que muy pronto festejaremos todos los venezolanos de buena voluntad.

    Profesor Titular de LUZ

jueves, 10 de septiembre de 2015


¡No es la frontera, es la revolución!

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Si los esfuerzos, recursos y tiempo que el régimen utiliza en fabricar trapos rojos, los utilizará para resolver los problemas de los venezolanos, otro gallo cantaría. No tienen tregua en su pretensión de esconder la gravedad de la crisis que vivimos, gracias a la incapacidad y corrupción de un modelo político agotado y fracasado.

El régimen como buen discípulo de los estrategas cubanos, hace esfuerzos para meternos dentro de su agenda y ponernos hablar de los temas de su interés, pero con la profundización de la crisis les resulta muy difícil escapar del juicio popular, porque sabemos exactamente quiénes son los verdaderos culpables de este caos descomunal.

Desde que inició el 2015, Nicolás Maduro emulando a su difunto mentor y atrapado en una crisis  incapaz de resolver, inició una escalada de eventos y acusaciones con el propósito de esconder sus errores y culpar a otros de los desmanes de una revolución que, como dijo el presidente Santos, se está autodestruyendo. Recordemos que, en opinión del régimen, uno de los culpables de los infortunios del país era el primer ministro español, Mariano Rajoy, quien en alianza con las fuerzas más recalcitrantes de la derecha internacional conspiraba contra la patria. Pero como Rajoy está muy lejos y resulta desconocido para la mayoría de los venezolanos, era necesario fabricar otro trapo rojo más creíble y más cercano. Entonces, apareció Barak Obama, a propósito del decreto ejecutivo en el que se sancionaba a altos funcionarios del régimen venezolano. Epítetos como conspirador, intervencionista, fascista, etc., fueron endilgados al presidente norteamericano. El régimen hizo uso de los recursos de la nación para recabar firmas en todo el país solicitando la derogación del decreto de Obama, acompañado de marchas y de cuanto evento fuera necesario para protestar semejante agravio contra la patria de Bolívar. Al final, Obama no derogó el decreto y mantuvo firme su posición contra los funcionarios corruptos del régimen. Como los venezolanos no creímos que Obama sea el responsable de nuestra mala suerte, entonces, se inventó un nuevo trapo rojo, mucho más cerca del país.

Ahora, le tocaba el turno a una Guyana aliada con los intereses del capitalismo internacional –Mobil Company- para violar la soberanía nacional al pretender arrebatarle a Venezuela un territorio en reclamación. Quién puede dudar de las legítimas aspiraciones de Venezuela sobre el Esequibo, a pesar de 16 años de silencio y complicidad del régimen sobre un problema crucial que debimos resolver desde hace mucho tiempo atrás, pero era más importante el apoyo del Caricom al proceso revolucionario que la defensa de los intereses nacionales. Conclusión: Guyana está proyectando ahora la imagen de víctima de un gobierno prepotente, con el apoyo de más de 90 países de la ONU. Y los venezolanos seguimos con las colas, la escasez, la inflación, la inseguridad y otras tantas plagas que diezman nuestra existencia.

Al comprobar semejante “metida de pata” internacional, el régimen se vio en la necesidad de inventarse otra jugada, una mucho más cercana pero también más peligrosa, como es el Estado de Excepción en municipios del Táchira y del Zulia fronterizos con Colombia. Ahora, el culpable de la crisis venezolana es el contrabando, el bachaqueo y el paramilitarismo. Ciertamente, estos son problemas que han afectado el normal desarrollo de la frontera, pero de allí a hacernos creer que son los responsables de una crisis que tiene nombre y apellido -Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y la revolución bolivariana-, resulta un cuento burdo difícil de creer. Pregunto, ¿qué ha hecho el régimen en estos 16 años para combatir esos males endémicos de nuestras fronteras? Absolutamente nada. Han sido cómplices y aliados de las mafias que hacen vida allí, como es el caso de las FARC; han propiciado el contrabando gracias a las torpes políticas económicas y de seguridad que convierten nuestras fronteras en tierra de nadie. Han obrado con completa impunidad frente a los abusos y negocios que realizan los protegidos del régimen. Con el Estado de Excepción los que pagan, como siempre, son los más vulnerables, los que no gozan de la protección de la revolución, a los que ahora no les valen sus votos, porque los enchufados continúan con la danza de sus negocios en las fronteras.

¿Cuál es el verdadero propósito del régimen con esta andanada de trapos rojos? A simple vista es una política que pretende distraer la atención sobre los graves problemas del país, intentado endosarle a otros su inocultable culpa; pero hay más, el régimen quiere generar conflictos que profundicen la inestabilidad del país, generando un estado de conmoción nacional que sirva de pretexto para suspender las elecciones del 6 de diciembre.

Creo que el problema de la frontera es un tema delicado que merece nuestra atención y análisis, pero jamás debemos separarlo de los graves problemas del país, éste es una consecuencia de las malas políticas del régimen. La crisis que vive el país es muy profunda y tiende a agravarse; el responsable directo es este modelo político, cuya principal virtud ha sido la destrucción del país con las mejores perspectivas de progreso de Latinoamérica. Los verdaderos problemas de los venezolanos son la escasez de alimentos, medicinas, insumos, repuestos; una inflación incontrolada que nos hace cada día más pobres y miserables; una delincuencia desatada con más armas, capacidad y logística que los cuerpos de seguridad del Estado; servicios públicos colapsados; empleos mal pagados que no impactan la productividad del país; la pérdida de la institucionalidad democrática y la violación reiterada de los derechos humanos fundamentales; en otras palabras, nuestra crisis se deriva de una revolución fracasada e indolente que perdió la brújula del país e hipotecó nuestro presente y porvenir.

No cambiemos el rumbo, ni dejemos que el régimen quiera imponernos su agenda particular. Esta revolución es la única culpable de nuestras desgracias y eso podemos resolver si entendemos que con esta gente no hay salida, porque no tienen nada que ofrecernos. La solución de nuestros problemas se inicia el 6-D, cuando elijamos una nueva Asamblea Nacional con mayoría para empezar a enderezar tantos entuertos revolucionarios. Estemos vigilantes y exijamos el derecho de votar el 6-D; no le prestemos más atención a los trapos rojos del régimen, porque el culpable de la crisis de Venezuela no es la frontera, es esta revolución incapaz, corrupta y mentirosa.

            Profesor Titular de LUZ

martes, 1 de septiembre de 2015


Escasez de inteligencia

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Son días muy difíciles los que estamos viviendo los venezolanos. Tiempos donde el diálogo, la racionalidad y el entendimiento deberían ser el camino para resolver los graves problemas que nos afligen. Un gobierno responsable y con visión de estadista, privilegiaría esta opción y se esforzaría por defender los intereses del país, antes que los de un grupo o una parcialidad política. Pero lamentablemente, en Venezuela no sólo escasean los alimentos, las medicinas, la seguridad, los servicios públicos de calidad sino que, lo que es peor, el gobierno de Nicolás Maduro sufre de una terrible escasez de inteligencia.

Un gobierno insensato y aferrado a un modelo ideológico comprobadamente fracasado, es incapaz de asumir sus propias responsabilidades y ver con claridad las verdaderas causas de la crisis. Se empeña obstinadamente en buscar enemigos que sólo existen en su retorcida imaginación para tratar de justificar su mediocridad e incapacidad para gobernar la nación.

La última decisión del régimen fue la declaración del Estado de Excepción en varios municipios fronterizos del estado Táchira –probablemente se implante también en el Zulia-, con el pretexto de “poner orden” en la frontera colombo-venezolana y acabar con el contrabando y el paramilitarismo. El cierre de la frontera no resuelve el problema, porque una vez más el régimen se equivocó en el diagnóstico de la situación. La escasez y la inseguridad seguirán incrementándose, porque las verdaderas causas del problema no son asumidas ni reconocidas por el régimen. No tienen interés en rectificar y corregir los errores que estamos pagando con sangre, sudor y lágrimas.

En vez de ejecutar una política de Estado para resguardar las fronteras del país, acompañada de militares probos con autoridad legal y moral para impedir el contrabando, el régimen es complaciente y cómplice de esas mafias que desangran el país. En vez de apoyar y asistir a los nacionales que residen en las comunidades fronterizas, se les somete al más cruento olvido facilitando acciones delictivas o tentaciones por la riqueza fácil y sucia, proveniente del contrabando y el narcotráfico. En vez de haber ejecutado una diplomacia efectiva y responsable con Colombia, basada en el respeto y la cooperación mutua, con absoluta transparencia en el manejo de los asuntos que le atañen a ambas naciones, el régimen ha basado su política exterior en la promoción de su ideología, y no en la defensa de los intereses nacionales, incurriendo en una interminable lista de errores en las que la diplomacia del micrófono, las relaciones de odio-amor, los mejores nuevos amigos, el fantasma de Uribe, etc., son los que han orientado el desempeño internacional del régimen hacia Colombia.

Al no tener responsabilidad, transparencia y compromiso con el país, se habla y se culpa al paramilitarismo de la inseguridad en Venezuela, pero se le da beligerancia a la guerrilla de las FARC, convertidas en mafias que asesinan, secuestran, cobran vacunas y se lucran con el narcotráfico, cada vez con mayor presencia e influencia en el territorio nacional. Así, la visión del problema es incompleta e interesada porque se defiende a unos y se culpa a otros, cuando ambos grupos son peligrosos delincuentes y forajidos a los que tanto Colombia como Venezuela deben combatir sin que les tiemble el pulso.

El otro asunto del problema es la economía venezolana. El régimen destruyó la producción nacional, empoderando una política de expropiaciones, intervenciones y criminalización de la empresa privada, a costa de importaciones a granel que enriquecieron a productores y empresarios extranjeros, aunado a una economía artificial, basada en controles y regulaciones que impiden el normal  crecimiento y la salud de nuestra economía. Tales causas desataron la inflación más alta del planeta –tres dígitos-; una escasez calculada en más del 70%; un endeudamiento abismal en momentos en que el país obtuvo los mayores ingresos petroleros; la devaluación del bolívar que propicia un intercambio comercial favorable a Colombia, con el agravante que gran parte del intercambio se produce a través de mecanismos ilegales como el contrabando o el bachaqueo.

No podemos dejar de mencionar lo referente a las deportaciones de hermanos colombianos. Han pagado justo por pecadores, porque los verdaderos culpables siguen haciendo sus tropelías en la frontera sin que nadie los detenga. Las deportaciones han traído consigo violaciones a los derechos humanos, corroborando la imagen nefasta que el régimen se ha ganado ante los ojos del mundo. Nicolás Maduro ha dicho que “Colombia se ha convertido en un país exportador de pobres”, a los que la magnanimidad revolucionaria les ha tendido la mano. Hipócritas!!! Este régimen jamás ha practicado la caridad, desde una perspectiva cristiana, porque su interés particular es más importante que la solidaridad. Le tendieron la mano a cambio del apoyo al proceso traducido en votos. Fueron complacientes y solidarios con los colombianos porque sus votos eran muy importantes para mantener la revolución. Resultaba más fácil que un colombiano tuviese cédula venezolana que pelar una mandarina. Engrosaron las listas de beneficiarios de todas las misiones, incluyendo miles de viviendas de la Gran Misión Vivienda Venezuela, haciendo realidad el adagio de “claridad de la calle y oscuridad de la casa”. Pero ahora resulta que, en opinión del sucesor, la revolución ha impedido una crisis humanitaria en Colombia. Cinismo puro!

Este régimen no da puntada sin dedal. Su irresponsabilidad y ceguera ideológica nos están llevando a límites inimaginables. Lanzan trapos rojos, acusaciones e insultos con el propósito de esconder lo que es del conocimiento público, la popularidad del sucesor y la valoración de su gestión van palo abajo. Cada día son más los venezolanos que responsabilizamos directamente a Maduro y a su equipo del desmadre que vivimos; la guerra económica, el paramilitarismo, la ultraderecha, el imperio, Uribe y otras tantas sandeces forman parte de un guión decadente y aburrido que ya nadie cree. Por eso, la falta de inteligencia de este régimen se combate con el cambio que empezaremos a construir a partir del 6 de diciembre. Es hora que le retiremos el apoyo y la confianza a quienes destruyeron nuestro presente y futuro. Yo estoy seguro que sí se puede. Vamos a vencerlos con inteligencia, esperanza, fortaleza, unidad y amor por Venezuela.

                     Profesor Titular de LUZ

martes, 25 de agosto de 2015


Desprecio por la Universidad

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Los déspotas desprecian la educación porque la ven como el adversario poderoso que lucha contra la implementación de sus modelos totalitarios. Son muchos los pensadores que han escrito acerca del peligro que corren los pueblos cuyos gobernantes se burlan de las ideas y del conocimiento, porque su prioridad son las armas, la mediocridad y la ignorancia. Decía Martin Luther King que “una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales y educación, se acerca a la muerte espiritual”. Con este régimen, en Venezuela estamos cerca de tan terrible final.

Un gobierno que coloca la educación en segundo plano, o la utiliza con fines eminentemente ideológicos, condena a la sociedad al fracaso y a su total destrucción, porque como diría Nelson Mandela “la educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser cabeza de la mina, que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser presidente de una gran nación. No es lo que nos viene dado, sino la capacidad de valorar lo mejor que tenemos lo que distingue a una persona de otra”. La sumatoria del desarrollo personal, adquirido a través de una educación de calidad, se traduce en progreso y bienestar para la sociedad, en oportunidades para todos. La educación es el mejor antídoto para la pobreza y la marginalidad de cualquier naturaleza; tiene el don de potenciar el talento y la iniciativa privada; es capaz de cultivar los valores y las prácticas que identifican a una sociedad libre integrada por ciudadanos íntegros.

Una de las principales tareas de un gobierno responsable es promover, preservar y defender el derecho de la educación para todos sus conciudadanos, garantizando la formación de hombres y mujeres útiles, exitosos y comprometidos con el país, la sociedad y su familia. Pero la formación de los ciudadanos les corresponde a maestros y profesores, quienes deben trabajar afanosamente y calificarse para cumplir a cabalidad tan delicada misión; desde esta perspectiva, los profesores deben ser considerados como pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna.

¿Cuál es la situación actual de los profesores universitarios en Venezuela? Ante todo es necesario aclarar que para este régimen los profesores universitarios somos ciudadanos de segunda o de tercera categoría. En su escala de prioridades primero están los militares, funcionarios o clientes que siguen apoyando este modelo fracasado y destructivo. Ellos son dignos de la mayor consideración del régimen, incluyendo incrementos salariales apenas se oyen voces de descontento dentro de los cuarteles, especialmente, en las altas esferas militares. No es necesario crear mesas de trabajo ni largas e infructuosas negociaciones para discutir esos asuntos; sólo basta un decreto presidencial para hacer efectivo de inmediato el incremento salarial y otros tantos beneficios laborales.

En el caso de los profesores universitarios, desde hace cinco meses el gobierno mantiene reuniones con los gremios para firmar el segundo contrato colectivo, después de dos años de retraso. La semana pasada, el gobierno presentó una contrapropuesta salarial absolutamente injusta y fuera de cualquier lógica; la hemos considerado como la peor burla y desprecio a la universidad venezolana. Es la evidencia más contundente de lo qué significamos para este régimen; en palabras sencillas, somos considerados sus adversarios porque jamás avalaremos con nuestro silencio y complicidad sus tropelías y corruptelas.

Estamos pagando caro nuestra “rebeldía”, porque no hemos aceptado la censura y el silenciamiento académico y moral, la uniformización del pensamiento, ni las sanciones y caprichos que el régimen quiere imponernos; nos castigan porque somos  una universidad al servicio de la libertad y la democracia; una universidad que ha jugado papel protagónico en el desarrollo y progreso de Venezuela y los venezolanos. Esta universidad jamás se ha arrodillado ante dictadores y autócratas de  los siglos XIX, XX y XXI. No han podido callarnos a pesar del cerco financiero con el que quieren asfixiar la academia, la investigación y la extensión; han violado frecuentemente la autonomía universitaria para atemorizarnos y acobardarnos frente a un régimen que tiene cada menos razón y menos autoridad moral; nos niegan salarios y beneficios laborales dignos, absolutamente necesarios para sobrevivir en esta locura económica con sueldos de poco más de 20 dólares mensuales a profesores titulares. Han impedido desde hace más de tres años, la celebración de elecciones libres y democráticas para renovar las autoridades del gobierno universitario, algo inconcebible dentro del Estado de Derecho que proclama la Constitución. Ya no nos llaman profesores, como legalmente se denomina nuestro oficio, sino trabajadores universitarios. Pero nada de eso no nos amilana ni desmerita nuestra capacidad, talentos y dedicación. Somos la luz en tiempos de oscuridad.

Cada día intentan nuevas afrentas y triquiñuelas para desmoralizarnos porque saben que nos asiste la verdad y la razón. Frente a la burla y el desprecio del régimen, frente a las injusticias y arbitrariedades, es necesario mantenernos unidos y más firmes que nunca. Es vital inmiscuir en nuestra lucha a la sociedad civil, a los estudiantes, padres y representantes, a los egresados y gremios profesionales, a los partidos políticos democráticos, a los empresarios y comerciantes, a las iglesias; a todos y cada uno de los venezolanos. Esta es una lucha que no sólo le pertenece a los universitarios de buena voluntad; es la lucha por la defensa de las ideas y del conocimiento frente a la ignominia y la ignorancia; es la lucha de la dignidad y el progreso frente a las pretensiones de convertirnos en esclavos de una ideología que degrada al ser humano a niveles intolerables de pobreza y de miseria.

Es la hora de la Universidad grande, responsable, valiente, libre, democrática, al servicio de la sociedad del conocimiento y la tecnología. Es nuestro compromiso luchar juntos para defenderla por siempre de quienes han sido sus enemigos a través de la historia, porque los tiranos pasan pero la Universidad vivirá siempre.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 19 de agosto de 2015


Un gobierno incapaz e indolente

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

El país se cae a pedazos frente a los ojos insensibles de un gobierno que no hace absolutamente nada para detener la peor crisis que hemos vivido los venezolanos, gracias al fracaso e incapacidad de su modelo revolucionario.  A este régimen sólo le interesa atornillarse en el poder, aunque ello signifique terminar de destruir lo que aún queda en pie en nuestra maltratada Venezuela. El régimen piensa que no asumir su responsabilidad en tan difícil coyuntura, lo librará del castigo de un pueblo que ya no aguanta más y está decidido hacer realidad sus demandas de cambio.

El país está totalmente paralizado y al borde de un colapso descomunal. Los venezolanos nos hemos empobrecido como nunca en los últimos seis meses; no hay salario que soporte una inflación de tres dígitos; la capacidad de compra está hecha añicos. Cada día los precios de los alimentos, medicinas e insumos aumentan desorbitadamente, aunado a la escasez que amenaza con la llegada de una crisis humanitaria que se traduciría en más hambre, pobreza y delincuencia.

Los empresarios y productores del campo están de manos atadas. No hay ningún tipo de respuesta oficial frente a la angustiante necesidad de dólares para la reactivación del aparato productivo. No hay señales de confianza para estimular la economía y fortalecer el Estado de Derecho. Es un círculo vicioso que impide una salida efectiva a tan espantosa crisis. Mientras tanto, los pocos alimentos que se producen acá o que se importan, son sustraídos por los bachaqueros para revenderlos a precios estratosféricos o sencillamente sacarlos de contrabando a Colombia, bajo la anuencia y complicidad de los cuerpos de seguridad que están encargados de resguardar nuestras fronteras.

Frente a tan desolador y preocupante escenario, el régimen inventa cada día trapos rojos para eludir su exclusiva responsabilidad en este desmadre. Su preocupación es correr la arruga para tratar de llegar vivo al 6 de diciembre. Un gobierno que sólo piensa en sus intereses, beneficios y prebendas en desmedro del bienestar de sus gobernados, no merece la confianza de los ciudadanos. Este es un régimen que abusa de una nación que hace dieciséis años atrás pensó que Chávez era la solución a sus problemas; hoy estamos absolutamente convencidos que salió más cara la medicina que la enfermedad.

Un gobierno que se niega tomar decisiones para tratar de enderezar los entuertos del país, es un régimen condenado al fracaso porque no cuenta con la madurez y la sabiduría para asumir su responsabilidad histórica. Es un régimen secuestrado en sus propias contradicciones, miserias y culpas que nos lleva al precipicio a todos por igual.

No es tiempo de estar hablando tonterías todos los días por cadena nacional de radio y televisión; proyectando la visión de un país que sólo es posible vivirlo en las comodidades de Miraflores o de cualquier mansión de los enchufados que se hicieron ricos, gracias al cáncer de la corrupción que caracteriza a esta revolución. Es hora de rectificar, de actuar, de reivindicarse con el pueblo que han sumido en la más vergonzosa pobreza. Es momento de tomar decisiones transcendentes; aunque pensándolo bien, este régimen no tiene ni capacidad ni voluntad para que los venezolanos vivamos mejor. Ellos desprecian el progreso, la justicia, la libertad y la paz que nos permita construir el país grande que nos merecemos.

Frente a un gobierno incapaz, corrupto, insensato e indolente, el cambio y la unidad del país deben ser nuestras banderas para salir esta pesadilla que lleva más tiempo del que hubiésemos querido. Sólo así podremos darles una lección contundente a quienes continúan destruyendo nuestro presente y futuro.

     Profesor Titular de LUZ

miércoles, 12 de agosto de 2015


Esperanza

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

“La esperanza es el sueño de los que están despiertos”
                             (Carlo Magno)

 

La esperanza es el alimento que nos mantiene vivos, es la fuerza que nos permite luchar contra la incertidumbre y el miedo. “… es como el sol, arroja todas las sombras detrás de nosotros”. En momentos de tantas dificultades y sufrimientos para nuestra Venezuela, la esperanza es el motor que incita la rebelión del cambio y el progreso. Con esperanza será posible construir el mejor país con el que soñamos la inmensa mayoría de los venezolanos.

 La historia está repleta de testimonios donde la esperanza se convierte en un volcán capaz de destruir la oscuridad, la impunidad, las injusticias y el totalitarismo que una minoría corrupta pretende ejercer, con el único propósito de enquistarse en el poder para disfrutar de las ventajas y riquezas que de él se derivan. La esperanza acompañada de la fe y la perseverancia en la lucha, es garantía de un futuro promisorio por más difícil que sea la situación actual. Por el contrario, la desesperanza nos ata a la anomia y nos convierte en víctimas y cómplices de nuestros propios verdugos.

Aquí y en cualquier parte del mundo, la esperanza se constituye en variable fundamental en los procesos electorales. Aquel candidato o agrupación política, capaz de ofrecer esperanza a sus electores, tendrá mayores posibilidades de posicionarse en sus mentes y podrá obtener la victoria sobre sus contendores, porque los seres humanos tendemos a confiar más en quienes cultivan la esperanza que en aquellos que nos privan de las oportunidades para vivir mejor.

En 2008, salvando las profundas distancias con nuestro país, Estados Unidos vivía una difícil situación producto de la crisis mundial que afectó sensiblemente el status social de los norteamericanos; la pobreza creció y más personas perdieron sus casas, empleos y propiedades; una guerra con Irak que desaprobaba la mayoría del país; una visión guerrerista de la política del presidente Bush en contra de la política de bienestar que siempre ha aspirado la sociedad norteamericana. Frente a tan desolador panorama, Barak Obama con su lema “Yes We Can” (Si se puede), inspirado en una canción del grupo de hip hop Black Eyed Peas, logró revertir ese estado de desesperanza y frustración de los electores, logrando una rutilante victoria contra todos los pronósticos. En un mes, después de su publicación en You Tube, la canción fue vista por más de 22 millones de personas, especialmente por los jóvenes, segmento con menor disposición histórica de participar en eventos comiciales. De esta manera, Obama fue capaz de contagiar de esperanza a los defraudados y desilusionados, a los que veían a la política como la culpable de sus males. La esperanza logró mover las fibras de un pueblo que por vez primera eligió a un afroamericano como su presidente, reeligiéndolo cuatro años más tarde.

La Polonia comunista y la Sudáfrica del apartheid, fueron liberadas gracias a la sabiduría, perseverancia de lucha y mensajes de esperanza que Lech Walesa y Nelson Mandela, respectivamente, supieron encarnar para darle confianza y fe a sus pueblos que era posible un nuevo amanecer. 

En el caso venezolano, han sido muchas las campañas electorales sustentadas en la esperanza como oferta básica del candidato. Chávez en 1998, proyectó un discurso de  justicia e inclusión social como respuesta a las exigencias de cambio de un país desesperanzado desde antes del famoso Caracazo de 1989. Rafael Caldera (1969), después de 10 años consecutivos de gobiernos adecos, alcanzó la victoria con un sencillo pero contundente mensaje, “Caldera es el Cambio”. Carlos Andrés Pérez ganó en dos oportunidades, evocando mensajes de esperanza y alegría. “Ese hombre sí camina”, o “con los adecos se vive mejor”, transmitía la capacidad de un líder y su partido para mejorar la situación imperante. O el lema “Luís Herrera arregla esto”, hacía alusión al desastre dejado por el primer gobierno de CAP, a pesar de la cuantiosa riqueza que administró su primera gestión, abriendo la posibilidad que las cosas mejorarían con su llegada al poder.

¿Es posible aplicar campañas similares en la situación actual del país? Venezuela dejó de ser desde hace un largo tiempo la referencia democrática de Latinoamérica. El déficit democrático acompañado por una brutal pérdida de la institucionalidad y el irrespeto agravado de los DDHH, es un síntoma inequívoco que las cosas están muy mal en el país, a lo que se le suma la ausencia de procesos eleccionarios imparciales, transparentes y equitativos, en el que uno de los sectores en pugna goza de todas las ventajas y beneficios que le brinda el poder electoral. Todo eso es verdad y conscientes de ello se libra una dura batalla. Pero lo que sigue intacto es la esperanza de un pueblo que es posible vivir mejor que ahora; que es posible un cambio de rumbo del país que nos permita construir lo que hemos perdido en casi dos décadas, gracias a un modelo fracasado, corrupto y destructivo que pretende arruinarnos material y espiritualmente.

Esa esperanza está allí. Los venezolanos estamos ansiosos de escuchar un mensaje que nos llene de fuerzas y nos motive luchar por lo que queremos y merecemos. Me pregunto, ¿el régimen cuenta con la capacidad y la autoridad moral para renovar la esperanza que volvieron añicos?; ¿es posible confiar nuevamente en aquellos que siguen destruyendo el país, sin importarles el destino de millones de compatriotas?, ¿cuál es la oferta básica de esperanza que nos ofrecen los que nos llevan al barranco del fracaso y la pobreza?

Las banderas de la esperanza y del cambio están izadas en un terreno fértil; en las manos de quienes nos garantizan libertad, democracia, justicia y progreso. Los sectores democráticos del país tienen como reto y compromiso histórico, desplegar una intensa campaña que deje al desnudo la responsabilidad e incapacidad del régimen en el desmadre que estamos viviendo pero, más que eso, están en la obligación de levantarnos el ánimo y abrir el camino del cambio, basado en la posibilidad cierta de la esperanza que nos permita despertar de esta horrenda pesadilla y enrumbarnos en la búsqueda de un futuro promisorio para todos.

La continuidad, el pasado, el fracaso y la desesperanza son las únicas armas de este régimen que se burló de la buena fe de los venezolanos. Por eso, el 6-D debemos votar con alegría y firmeza por el cambio, el futuro, el éxito y la esperanza que acompañan a los que queremos realmente una Venezuela mejor para todos los venezolanos.

Profesor Titular de LUZ