Esperanza
Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
“La esperanza es el sueño de los
que están despiertos”
(Carlo Magno)
La esperanza es el alimento que nos mantiene vivos, es
la fuerza que nos permite luchar contra la incertidumbre y el miedo. “… es como
el sol, arroja todas las sombras detrás de nosotros”. En momentos de tantas
dificultades y sufrimientos para nuestra Venezuela, la esperanza es el motor
que incita la rebelión del cambio y el progreso. Con esperanza será posible
construir el mejor país con el que soñamos la inmensa mayoría de los
venezolanos.
Aquí y en cualquier parte del mundo, la esperanza se constituye
en variable fundamental en los procesos electorales. Aquel candidato o
agrupación política, capaz de ofrecer esperanza a sus electores, tendrá mayores
posibilidades de posicionarse en sus mentes y podrá obtener la victoria sobre
sus contendores, porque los seres humanos tendemos a confiar más en quienes
cultivan la esperanza que en aquellos que nos privan de las oportunidades para
vivir mejor.
En 2008, salvando las profundas distancias con nuestro
país, Estados Unidos vivía una difícil situación producto de la crisis mundial
que afectó sensiblemente el status social de los norteamericanos; la pobreza
creció y más personas perdieron sus casas, empleos y propiedades; una guerra
con Irak que desaprobaba la mayoría del país; una visión guerrerista de la
política del presidente Bush en contra de la política de bienestar que siempre
ha aspirado la sociedad norteamericana. Frente a tan desolador panorama, Barak
Obama con su lema “Yes We Can” (Si se puede), inspirado en una canción del
grupo de hip hop Black Eyed Peas, logró revertir ese estado de desesperanza y
frustración de los electores, logrando una rutilante victoria contra todos los
pronósticos. En un mes, después de su publicación en You Tube, la canción fue
vista por más de 22 millones de personas, especialmente por los jóvenes,
segmento con menor disposición histórica de participar en eventos comiciales.
De esta manera, Obama fue capaz de contagiar de esperanza a los defraudados y
desilusionados, a los que veían a la política como la culpable de sus males. La
esperanza logró mover las fibras de un pueblo que por vez primera eligió a un afroamericano
como su presidente, reeligiéndolo cuatro años más tarde.
La Polonia comunista y la Sudáfrica del apartheid,
fueron liberadas gracias a la sabiduría, perseverancia de lucha y mensajes de
esperanza que Lech Walesa y Nelson Mandela, respectivamente, supieron encarnar
para darle confianza y fe a sus pueblos que era posible un nuevo amanecer.
En el caso venezolano, han sido muchas las campañas
electorales sustentadas en la esperanza como oferta básica del candidato.
Chávez en 1998, proyectó un discurso de
justicia e inclusión social como respuesta a las exigencias de cambio de
un país desesperanzado desde antes del famoso Caracazo de 1989. Rafael Caldera
(1969), después de 10 años consecutivos de gobiernos adecos, alcanzó la
victoria con un sencillo pero contundente mensaje, “Caldera es el Cambio”.
Carlos Andrés Pérez ganó en dos oportunidades, evocando mensajes de esperanza y
alegría. “Ese hombre sí camina”, o “con los adecos se vive mejor”, transmitía
la capacidad de un líder y su partido para mejorar la situación imperante. O el
lema “Luís Herrera arregla esto”, hacía alusión al desastre dejado por el
primer gobierno de CAP, a pesar de la cuantiosa riqueza que administró su
primera gestión, abriendo la posibilidad que las cosas mejorarían con su
llegada al poder.
¿Es posible aplicar campañas similares en la situación
actual del país? Venezuela dejó de ser desde hace un largo tiempo la referencia
democrática de Latinoamérica. El déficit democrático acompañado por una brutal
pérdida de la institucionalidad y el irrespeto agravado de los DDHH, es un
síntoma inequívoco que las cosas están muy mal en el país, a lo que se le suma
la ausencia de procesos eleccionarios imparciales, transparentes y equitativos,
en el que uno de los sectores en pugna goza de todas las ventajas y beneficios
que le brinda el poder electoral. Todo eso es verdad y conscientes de ello se
libra una dura batalla. Pero lo que sigue intacto es la esperanza de un pueblo
que es posible vivir mejor que ahora; que es posible un cambio de rumbo del
país que nos permita construir lo que hemos perdido en casi dos décadas,
gracias a un modelo fracasado, corrupto y destructivo que pretende arruinarnos
material y espiritualmente.
Esa esperanza está allí. Los venezolanos estamos
ansiosos de escuchar un mensaje que nos llene de fuerzas y nos motive luchar
por lo que queremos y merecemos. Me pregunto, ¿el régimen cuenta con la
capacidad y la autoridad moral para renovar la esperanza que volvieron añicos?;
¿es posible confiar nuevamente en aquellos que siguen destruyendo el país, sin
importarles el destino de millones de compatriotas?, ¿cuál es la oferta básica
de esperanza que nos ofrecen los que nos llevan al barranco del fracaso y la
pobreza?
Las banderas de la esperanza y del cambio están izadas
en un terreno fértil; en las manos de quienes nos garantizan libertad,
democracia, justicia y progreso. Los sectores democráticos del país tienen como
reto y compromiso histórico, desplegar una intensa campaña que deje al desnudo
la responsabilidad e incapacidad del régimen en el desmadre que estamos viviendo
pero, más que eso, están en la obligación de levantarnos el ánimo y abrir el
camino del cambio, basado en la posibilidad cierta de la esperanza que nos
permita despertar de esta horrenda pesadilla y enrumbarnos en la búsqueda de un
futuro promisorio para todos.
La continuidad, el pasado, el fracaso y la
desesperanza son las únicas armas de este régimen que se burló de la buena fe
de los venezolanos. Por eso, el 6-D debemos votar con alegría y firmeza por el
cambio, el futuro, el éxito y la esperanza que acompañan a los que queremos
realmente una Venezuela mejor para todos los venezolanos.
Profesor Titular de LUZ
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