miércoles, 12 de agosto de 2015


Esperanza

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

“La esperanza es el sueño de los que están despiertos”
                             (Carlo Magno)

 

La esperanza es el alimento que nos mantiene vivos, es la fuerza que nos permite luchar contra la incertidumbre y el miedo. “… es como el sol, arroja todas las sombras detrás de nosotros”. En momentos de tantas dificultades y sufrimientos para nuestra Venezuela, la esperanza es el motor que incita la rebelión del cambio y el progreso. Con esperanza será posible construir el mejor país con el que soñamos la inmensa mayoría de los venezolanos.

 La historia está repleta de testimonios donde la esperanza se convierte en un volcán capaz de destruir la oscuridad, la impunidad, las injusticias y el totalitarismo que una minoría corrupta pretende ejercer, con el único propósito de enquistarse en el poder para disfrutar de las ventajas y riquezas que de él se derivan. La esperanza acompañada de la fe y la perseverancia en la lucha, es garantía de un futuro promisorio por más difícil que sea la situación actual. Por el contrario, la desesperanza nos ata a la anomia y nos convierte en víctimas y cómplices de nuestros propios verdugos.

Aquí y en cualquier parte del mundo, la esperanza se constituye en variable fundamental en los procesos electorales. Aquel candidato o agrupación política, capaz de ofrecer esperanza a sus electores, tendrá mayores posibilidades de posicionarse en sus mentes y podrá obtener la victoria sobre sus contendores, porque los seres humanos tendemos a confiar más en quienes cultivan la esperanza que en aquellos que nos privan de las oportunidades para vivir mejor.

En 2008, salvando las profundas distancias con nuestro país, Estados Unidos vivía una difícil situación producto de la crisis mundial que afectó sensiblemente el status social de los norteamericanos; la pobreza creció y más personas perdieron sus casas, empleos y propiedades; una guerra con Irak que desaprobaba la mayoría del país; una visión guerrerista de la política del presidente Bush en contra de la política de bienestar que siempre ha aspirado la sociedad norteamericana. Frente a tan desolador panorama, Barak Obama con su lema “Yes We Can” (Si se puede), inspirado en una canción del grupo de hip hop Black Eyed Peas, logró revertir ese estado de desesperanza y frustración de los electores, logrando una rutilante victoria contra todos los pronósticos. En un mes, después de su publicación en You Tube, la canción fue vista por más de 22 millones de personas, especialmente por los jóvenes, segmento con menor disposición histórica de participar en eventos comiciales. De esta manera, Obama fue capaz de contagiar de esperanza a los defraudados y desilusionados, a los que veían a la política como la culpable de sus males. La esperanza logró mover las fibras de un pueblo que por vez primera eligió a un afroamericano como su presidente, reeligiéndolo cuatro años más tarde.

La Polonia comunista y la Sudáfrica del apartheid, fueron liberadas gracias a la sabiduría, perseverancia de lucha y mensajes de esperanza que Lech Walesa y Nelson Mandela, respectivamente, supieron encarnar para darle confianza y fe a sus pueblos que era posible un nuevo amanecer. 

En el caso venezolano, han sido muchas las campañas electorales sustentadas en la esperanza como oferta básica del candidato. Chávez en 1998, proyectó un discurso de  justicia e inclusión social como respuesta a las exigencias de cambio de un país desesperanzado desde antes del famoso Caracazo de 1989. Rafael Caldera (1969), después de 10 años consecutivos de gobiernos adecos, alcanzó la victoria con un sencillo pero contundente mensaje, “Caldera es el Cambio”. Carlos Andrés Pérez ganó en dos oportunidades, evocando mensajes de esperanza y alegría. “Ese hombre sí camina”, o “con los adecos se vive mejor”, transmitía la capacidad de un líder y su partido para mejorar la situación imperante. O el lema “Luís Herrera arregla esto”, hacía alusión al desastre dejado por el primer gobierno de CAP, a pesar de la cuantiosa riqueza que administró su primera gestión, abriendo la posibilidad que las cosas mejorarían con su llegada al poder.

¿Es posible aplicar campañas similares en la situación actual del país? Venezuela dejó de ser desde hace un largo tiempo la referencia democrática de Latinoamérica. El déficit democrático acompañado por una brutal pérdida de la institucionalidad y el irrespeto agravado de los DDHH, es un síntoma inequívoco que las cosas están muy mal en el país, a lo que se le suma la ausencia de procesos eleccionarios imparciales, transparentes y equitativos, en el que uno de los sectores en pugna goza de todas las ventajas y beneficios que le brinda el poder electoral. Todo eso es verdad y conscientes de ello se libra una dura batalla. Pero lo que sigue intacto es la esperanza de un pueblo que es posible vivir mejor que ahora; que es posible un cambio de rumbo del país que nos permita construir lo que hemos perdido en casi dos décadas, gracias a un modelo fracasado, corrupto y destructivo que pretende arruinarnos material y espiritualmente.

Esa esperanza está allí. Los venezolanos estamos ansiosos de escuchar un mensaje que nos llene de fuerzas y nos motive luchar por lo que queremos y merecemos. Me pregunto, ¿el régimen cuenta con la capacidad y la autoridad moral para renovar la esperanza que volvieron añicos?; ¿es posible confiar nuevamente en aquellos que siguen destruyendo el país, sin importarles el destino de millones de compatriotas?, ¿cuál es la oferta básica de esperanza que nos ofrecen los que nos llevan al barranco del fracaso y la pobreza?

Las banderas de la esperanza y del cambio están izadas en un terreno fértil; en las manos de quienes nos garantizan libertad, democracia, justicia y progreso. Los sectores democráticos del país tienen como reto y compromiso histórico, desplegar una intensa campaña que deje al desnudo la responsabilidad e incapacidad del régimen en el desmadre que estamos viviendo pero, más que eso, están en la obligación de levantarnos el ánimo y abrir el camino del cambio, basado en la posibilidad cierta de la esperanza que nos permita despertar de esta horrenda pesadilla y enrumbarnos en la búsqueda de un futuro promisorio para todos.

La continuidad, el pasado, el fracaso y la desesperanza son las únicas armas de este régimen que se burló de la buena fe de los venezolanos. Por eso, el 6-D debemos votar con alegría y firmeza por el cambio, el futuro, el éxito y la esperanza que acompañan a los que queremos realmente una Venezuela mejor para todos los venezolanos.

Profesor Titular de LUZ

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