Un gobierno incapaz e indolente
Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
El país se cae a pedazos frente a los ojos insensibles
de un gobierno que no hace absolutamente nada para detener la peor crisis que
hemos vivido los venezolanos, gracias al fracaso e incapacidad de su modelo
revolucionario. A este régimen sólo le
interesa atornillarse en el poder, aunque ello signifique terminar de destruir
lo que aún queda en pie en nuestra maltratada Venezuela. El régimen piensa que
no asumir su responsabilidad en tan difícil coyuntura, lo librará del castigo
de un pueblo que ya no aguanta más y está decidido hacer realidad sus demandas
de cambio.
El país está totalmente paralizado y al borde de un
colapso descomunal. Los venezolanos nos hemos empobrecido como nunca en los
últimos seis meses; no hay salario que soporte una inflación de tres dígitos;
la capacidad de compra está hecha añicos. Cada día los precios de los
alimentos, medicinas e insumos aumentan desorbitadamente, aunado a la escasez
que amenaza con la llegada de una crisis humanitaria que se traduciría en más
hambre, pobreza y delincuencia.
Los empresarios y productores del campo están de manos
atadas. No hay ningún tipo de respuesta oficial frente a la angustiante
necesidad de dólares para la reactivación del aparato productivo. No hay
señales de confianza para estimular la economía y fortalecer el Estado de
Derecho. Es un círculo vicioso que impide una salida efectiva a tan espantosa
crisis. Mientras tanto, los pocos alimentos que se producen acá o que se
importan, son sustraídos por los bachaqueros para revenderlos a precios estratosféricos
o sencillamente sacarlos de contrabando a Colombia, bajo la anuencia y
complicidad de los cuerpos de seguridad que están encargados de resguardar
nuestras fronteras.
Frente a tan desolador y preocupante escenario, el
régimen inventa cada día trapos rojos para eludir su exclusiva responsabilidad
en este desmadre. Su preocupación es correr la arruga para tratar de llegar
vivo al 6 de diciembre. Un gobierno que sólo piensa en sus intereses,
beneficios y prebendas en desmedro del bienestar de sus gobernados, no merece
la confianza de los ciudadanos. Este es un régimen que abusa de una nación que
hace dieciséis años atrás pensó que Chávez era la solución a sus problemas; hoy
estamos absolutamente convencidos que salió más cara la medicina que la
enfermedad.
Un gobierno que se niega tomar decisiones para tratar
de enderezar los entuertos del país, es un régimen condenado al fracaso porque
no cuenta con la madurez y la sabiduría para asumir su responsabilidad
histórica. Es un régimen secuestrado en sus propias contradicciones, miserias y
culpas que nos lleva al precipicio a todos por igual.
No es tiempo de estar hablando tonterías todos los
días por cadena nacional de radio y televisión; proyectando la visión de un
país que sólo es posible vivirlo en las comodidades de Miraflores o de
cualquier mansión de los enchufados que se hicieron ricos, gracias al cáncer de
la corrupción que caracteriza a esta revolución. Es hora de rectificar, de
actuar, de reivindicarse con el pueblo que han sumido en la más vergonzosa
pobreza. Es momento de tomar decisiones transcendentes; aunque pensándolo bien,
este régimen no tiene ni capacidad ni voluntad para que los venezolanos vivamos
mejor. Ellos desprecian el progreso, la justicia, la libertad y la paz que nos
permita construir el país grande que nos merecemos.
Frente a un gobierno incapaz, corrupto, insensato e
indolente, el cambio y la unidad del país deben ser nuestras banderas para
salir esta pesadilla que lleva más tiempo del que hubiésemos querido. Sólo así
podremos darles una lección contundente a quienes continúan destruyendo nuestro
presente y futuro.
Profesor Titular de LUZ
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