miércoles, 19 de agosto de 2015


Un gobierno incapaz e indolente

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

El país se cae a pedazos frente a los ojos insensibles de un gobierno que no hace absolutamente nada para detener la peor crisis que hemos vivido los venezolanos, gracias al fracaso e incapacidad de su modelo revolucionario.  A este régimen sólo le interesa atornillarse en el poder, aunque ello signifique terminar de destruir lo que aún queda en pie en nuestra maltratada Venezuela. El régimen piensa que no asumir su responsabilidad en tan difícil coyuntura, lo librará del castigo de un pueblo que ya no aguanta más y está decidido hacer realidad sus demandas de cambio.

El país está totalmente paralizado y al borde de un colapso descomunal. Los venezolanos nos hemos empobrecido como nunca en los últimos seis meses; no hay salario que soporte una inflación de tres dígitos; la capacidad de compra está hecha añicos. Cada día los precios de los alimentos, medicinas e insumos aumentan desorbitadamente, aunado a la escasez que amenaza con la llegada de una crisis humanitaria que se traduciría en más hambre, pobreza y delincuencia.

Los empresarios y productores del campo están de manos atadas. No hay ningún tipo de respuesta oficial frente a la angustiante necesidad de dólares para la reactivación del aparato productivo. No hay señales de confianza para estimular la economía y fortalecer el Estado de Derecho. Es un círculo vicioso que impide una salida efectiva a tan espantosa crisis. Mientras tanto, los pocos alimentos que se producen acá o que se importan, son sustraídos por los bachaqueros para revenderlos a precios estratosféricos o sencillamente sacarlos de contrabando a Colombia, bajo la anuencia y complicidad de los cuerpos de seguridad que están encargados de resguardar nuestras fronteras.

Frente a tan desolador y preocupante escenario, el régimen inventa cada día trapos rojos para eludir su exclusiva responsabilidad en este desmadre. Su preocupación es correr la arruga para tratar de llegar vivo al 6 de diciembre. Un gobierno que sólo piensa en sus intereses, beneficios y prebendas en desmedro del bienestar de sus gobernados, no merece la confianza de los ciudadanos. Este es un régimen que abusa de una nación que hace dieciséis años atrás pensó que Chávez era la solución a sus problemas; hoy estamos absolutamente convencidos que salió más cara la medicina que la enfermedad.

Un gobierno que se niega tomar decisiones para tratar de enderezar los entuertos del país, es un régimen condenado al fracaso porque no cuenta con la madurez y la sabiduría para asumir su responsabilidad histórica. Es un régimen secuestrado en sus propias contradicciones, miserias y culpas que nos lleva al precipicio a todos por igual.

No es tiempo de estar hablando tonterías todos los días por cadena nacional de radio y televisión; proyectando la visión de un país que sólo es posible vivirlo en las comodidades de Miraflores o de cualquier mansión de los enchufados que se hicieron ricos, gracias al cáncer de la corrupción que caracteriza a esta revolución. Es hora de rectificar, de actuar, de reivindicarse con el pueblo que han sumido en la más vergonzosa pobreza. Es momento de tomar decisiones transcendentes; aunque pensándolo bien, este régimen no tiene ni capacidad ni voluntad para que los venezolanos vivamos mejor. Ellos desprecian el progreso, la justicia, la libertad y la paz que nos permita construir el país grande que nos merecemos.

Frente a un gobierno incapaz, corrupto, insensato e indolente, el cambio y la unidad del país deben ser nuestras banderas para salir esta pesadilla que lleva más tiempo del que hubiésemos querido. Sólo así podremos darles una lección contundente a quienes continúan destruyendo nuestro presente y futuro.

     Profesor Titular de LUZ

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