miércoles, 5 de agosto de 2015


Ciudadanía rota

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Abrumados por la gravedad de la crisis, a los venezolanos nos toca vivir en una especie de ley de la selva, donde cada quien hace lo que le da la gana. La viveza criolla, la violencia y la anarquía son mecanismos de sobrevivencia en este caos descomunal. Atrás quedó el respeto, la solidaridad y el don de gente que por muchos años identificó a la sociedad venezolana. El refrán popular “primero yo, que mi padre en las puertas del cielo”, está más vigente que nunca en la realidad que nos circunda. El individualismo se ha convertido en la referencia fundamental de un modelo político fracasado que se dice “socialista, popular y revolucionario”, exactamente igual a la historia de otros pueblos que han sido dominados por el comunismo.

En la medida que avanza la crisis y se intensifica la pobreza, mayor será la violencia e intolerancia de la población para acceder a los alimentos, medicinas e insumos cada vez más escasos y con precios tan altos que convierten en sal y agua el maltrecho presupuesto familiar. Los brotes de violencia, que rayan en psicosis colectiva, son la respuesta a la angustia, frustración e impotencia de una sociedad cuyo futuro fue asesinado por una elite irresponsable y corrupta que se ha propuesto no dejar piedra sobre piedra en nuestra sufrida nación.

La instauración del orden y la convivencia social, principales ingredientes de la ciudadanía, son una quimera en Venezuela. Aquí no existe ni gobierno, ni autoridad, ni leyes, ni buenos ejemplos por parte de aquellos que dirigen al país. La anarquía reina por doquier, mientras que el régimen se hace de la vista gorda frente al caos que su verbo insolente, incapacidad, corrupción e impunidad han creado para desgracia de todos nosotros. A los únicos que persigue, encarcela y criminaliza son a los hombres y mujeres que se oponen legítima y constitucionalmente a este desgobierno,  y a los venezolanos que producen y trabajan honradamente para contribuir con el progreso de la nación. Pero a los delincuentes y asesinos, a los corruptos y matraqueros, a los contrabandistas y bachaqueros, a los que infrigen las leyes en desmedro de los ciudadanos, a esos no los toca ni con el pétalo de una rosa, porque en definitiva son sus principales aliados y cómplices.

Con el transcurrir del tiempo, se agiganta el trato hostil y soez de las personas; el irrespeto a cualquier norma que preserve el orden y la convivencia social; la actitud violenta y agresiva frente a cualquier acción del prójimo; y, por si fuera poco, la búsqueda incesante de ganar partido a partir de las carencias y necesidades de los otros, a través del cáncer de la corrupción que está haciendo metástasis en el alma y en la mente de los venezolanos, indistintamente de su condición social.

Este régimen no sólo arruinó la economía y la institucionalidad democrática, sino que contribuyó como ningún otro con el incremento del déficit de ciudadanía que padecemos los venezolanos. La ciudadanía, aspecto vital para alcanzar una sociedad democrática, organizada y responsable, está seriamente amenazada en nuestra nación; por tal razón, su rescate es prioridad para el nuevo  gobierno que estamos demandando la mayoría nacional.

Porque, en honor a la verdad, sin ciudadanos íntegros resultará cuesta arriba construir un mejor país para todos. Necesitamos con urgencia ciudadanos a los que les duela y se comprometan con el país; hombres y mujeres respetuosos y tolerantes con los demás; ciudadanos con profundos valores democráticos, morales y espirituales que valoren la libertad, la familia,  la educación de calidad, el trabajo productivo, el compromiso con la verdad, la justicia, la solidaridad y la honestidad. Ciudadanos  que no se dejen tentar por el germen de la corrupción y la holgazanería, y que el precio de su dignidad sea la grandeza de Venezuela y la tranquilidad de sus conciencias.

El ser ciudadano es el mayor y más importante título que recibimos en nombre de la libertad y la justicia, porque como dice Simón Bolívar: “Prefiero el título de Ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra, aquel emana de las leyes”.

 
Profesor Titular de LUZ

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