martes, 1 de septiembre de 2015


Escasez de inteligencia

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Son días muy difíciles los que estamos viviendo los venezolanos. Tiempos donde el diálogo, la racionalidad y el entendimiento deberían ser el camino para resolver los graves problemas que nos afligen. Un gobierno responsable y con visión de estadista, privilegiaría esta opción y se esforzaría por defender los intereses del país, antes que los de un grupo o una parcialidad política. Pero lamentablemente, en Venezuela no sólo escasean los alimentos, las medicinas, la seguridad, los servicios públicos de calidad sino que, lo que es peor, el gobierno de Nicolás Maduro sufre de una terrible escasez de inteligencia.

Un gobierno insensato y aferrado a un modelo ideológico comprobadamente fracasado, es incapaz de asumir sus propias responsabilidades y ver con claridad las verdaderas causas de la crisis. Se empeña obstinadamente en buscar enemigos que sólo existen en su retorcida imaginación para tratar de justificar su mediocridad e incapacidad para gobernar la nación.

La última decisión del régimen fue la declaración del Estado de Excepción en varios municipios fronterizos del estado Táchira –probablemente se implante también en el Zulia-, con el pretexto de “poner orden” en la frontera colombo-venezolana y acabar con el contrabando y el paramilitarismo. El cierre de la frontera no resuelve el problema, porque una vez más el régimen se equivocó en el diagnóstico de la situación. La escasez y la inseguridad seguirán incrementándose, porque las verdaderas causas del problema no son asumidas ni reconocidas por el régimen. No tienen interés en rectificar y corregir los errores que estamos pagando con sangre, sudor y lágrimas.

En vez de ejecutar una política de Estado para resguardar las fronteras del país, acompañada de militares probos con autoridad legal y moral para impedir el contrabando, el régimen es complaciente y cómplice de esas mafias que desangran el país. En vez de apoyar y asistir a los nacionales que residen en las comunidades fronterizas, se les somete al más cruento olvido facilitando acciones delictivas o tentaciones por la riqueza fácil y sucia, proveniente del contrabando y el narcotráfico. En vez de haber ejecutado una diplomacia efectiva y responsable con Colombia, basada en el respeto y la cooperación mutua, con absoluta transparencia en el manejo de los asuntos que le atañen a ambas naciones, el régimen ha basado su política exterior en la promoción de su ideología, y no en la defensa de los intereses nacionales, incurriendo en una interminable lista de errores en las que la diplomacia del micrófono, las relaciones de odio-amor, los mejores nuevos amigos, el fantasma de Uribe, etc., son los que han orientado el desempeño internacional del régimen hacia Colombia.

Al no tener responsabilidad, transparencia y compromiso con el país, se habla y se culpa al paramilitarismo de la inseguridad en Venezuela, pero se le da beligerancia a la guerrilla de las FARC, convertidas en mafias que asesinan, secuestran, cobran vacunas y se lucran con el narcotráfico, cada vez con mayor presencia e influencia en el territorio nacional. Así, la visión del problema es incompleta e interesada porque se defiende a unos y se culpa a otros, cuando ambos grupos son peligrosos delincuentes y forajidos a los que tanto Colombia como Venezuela deben combatir sin que les tiemble el pulso.

El otro asunto del problema es la economía venezolana. El régimen destruyó la producción nacional, empoderando una política de expropiaciones, intervenciones y criminalización de la empresa privada, a costa de importaciones a granel que enriquecieron a productores y empresarios extranjeros, aunado a una economía artificial, basada en controles y regulaciones que impiden el normal  crecimiento y la salud de nuestra economía. Tales causas desataron la inflación más alta del planeta –tres dígitos-; una escasez calculada en más del 70%; un endeudamiento abismal en momentos en que el país obtuvo los mayores ingresos petroleros; la devaluación del bolívar que propicia un intercambio comercial favorable a Colombia, con el agravante que gran parte del intercambio se produce a través de mecanismos ilegales como el contrabando o el bachaqueo.

No podemos dejar de mencionar lo referente a las deportaciones de hermanos colombianos. Han pagado justo por pecadores, porque los verdaderos culpables siguen haciendo sus tropelías en la frontera sin que nadie los detenga. Las deportaciones han traído consigo violaciones a los derechos humanos, corroborando la imagen nefasta que el régimen se ha ganado ante los ojos del mundo. Nicolás Maduro ha dicho que “Colombia se ha convertido en un país exportador de pobres”, a los que la magnanimidad revolucionaria les ha tendido la mano. Hipócritas!!! Este régimen jamás ha practicado la caridad, desde una perspectiva cristiana, porque su interés particular es más importante que la solidaridad. Le tendieron la mano a cambio del apoyo al proceso traducido en votos. Fueron complacientes y solidarios con los colombianos porque sus votos eran muy importantes para mantener la revolución. Resultaba más fácil que un colombiano tuviese cédula venezolana que pelar una mandarina. Engrosaron las listas de beneficiarios de todas las misiones, incluyendo miles de viviendas de la Gran Misión Vivienda Venezuela, haciendo realidad el adagio de “claridad de la calle y oscuridad de la casa”. Pero ahora resulta que, en opinión del sucesor, la revolución ha impedido una crisis humanitaria en Colombia. Cinismo puro!

Este régimen no da puntada sin dedal. Su irresponsabilidad y ceguera ideológica nos están llevando a límites inimaginables. Lanzan trapos rojos, acusaciones e insultos con el propósito de esconder lo que es del conocimiento público, la popularidad del sucesor y la valoración de su gestión van palo abajo. Cada día son más los venezolanos que responsabilizamos directamente a Maduro y a su equipo del desmadre que vivimos; la guerra económica, el paramilitarismo, la ultraderecha, el imperio, Uribe y otras tantas sandeces forman parte de un guión decadente y aburrido que ya nadie cree. Por eso, la falta de inteligencia de este régimen se combate con el cambio que empezaremos a construir a partir del 6 de diciembre. Es hora que le retiremos el apoyo y la confianza a quienes destruyeron nuestro presente y futuro. Yo estoy seguro que sí se puede. Vamos a vencerlos con inteligencia, esperanza, fortaleza, unidad y amor por Venezuela.

                     Profesor Titular de LUZ

martes, 25 de agosto de 2015


Desprecio por la Universidad

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Los déspotas desprecian la educación porque la ven como el adversario poderoso que lucha contra la implementación de sus modelos totalitarios. Son muchos los pensadores que han escrito acerca del peligro que corren los pueblos cuyos gobernantes se burlan de las ideas y del conocimiento, porque su prioridad son las armas, la mediocridad y la ignorancia. Decía Martin Luther King que “una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales y educación, se acerca a la muerte espiritual”. Con este régimen, en Venezuela estamos cerca de tan terrible final.

Un gobierno que coloca la educación en segundo plano, o la utiliza con fines eminentemente ideológicos, condena a la sociedad al fracaso y a su total destrucción, porque como diría Nelson Mandela “la educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser cabeza de la mina, que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser presidente de una gran nación. No es lo que nos viene dado, sino la capacidad de valorar lo mejor que tenemos lo que distingue a una persona de otra”. La sumatoria del desarrollo personal, adquirido a través de una educación de calidad, se traduce en progreso y bienestar para la sociedad, en oportunidades para todos. La educación es el mejor antídoto para la pobreza y la marginalidad de cualquier naturaleza; tiene el don de potenciar el talento y la iniciativa privada; es capaz de cultivar los valores y las prácticas que identifican a una sociedad libre integrada por ciudadanos íntegros.

Una de las principales tareas de un gobierno responsable es promover, preservar y defender el derecho de la educación para todos sus conciudadanos, garantizando la formación de hombres y mujeres útiles, exitosos y comprometidos con el país, la sociedad y su familia. Pero la formación de los ciudadanos les corresponde a maestros y profesores, quienes deben trabajar afanosamente y calificarse para cumplir a cabalidad tan delicada misión; desde esta perspectiva, los profesores deben ser considerados como pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna.

¿Cuál es la situación actual de los profesores universitarios en Venezuela? Ante todo es necesario aclarar que para este régimen los profesores universitarios somos ciudadanos de segunda o de tercera categoría. En su escala de prioridades primero están los militares, funcionarios o clientes que siguen apoyando este modelo fracasado y destructivo. Ellos son dignos de la mayor consideración del régimen, incluyendo incrementos salariales apenas se oyen voces de descontento dentro de los cuarteles, especialmente, en las altas esferas militares. No es necesario crear mesas de trabajo ni largas e infructuosas negociaciones para discutir esos asuntos; sólo basta un decreto presidencial para hacer efectivo de inmediato el incremento salarial y otros tantos beneficios laborales.

En el caso de los profesores universitarios, desde hace cinco meses el gobierno mantiene reuniones con los gremios para firmar el segundo contrato colectivo, después de dos años de retraso. La semana pasada, el gobierno presentó una contrapropuesta salarial absolutamente injusta y fuera de cualquier lógica; la hemos considerado como la peor burla y desprecio a la universidad venezolana. Es la evidencia más contundente de lo qué significamos para este régimen; en palabras sencillas, somos considerados sus adversarios porque jamás avalaremos con nuestro silencio y complicidad sus tropelías y corruptelas.

Estamos pagando caro nuestra “rebeldía”, porque no hemos aceptado la censura y el silenciamiento académico y moral, la uniformización del pensamiento, ni las sanciones y caprichos que el régimen quiere imponernos; nos castigan porque somos  una universidad al servicio de la libertad y la democracia; una universidad que ha jugado papel protagónico en el desarrollo y progreso de Venezuela y los venezolanos. Esta universidad jamás se ha arrodillado ante dictadores y autócratas de  los siglos XIX, XX y XXI. No han podido callarnos a pesar del cerco financiero con el que quieren asfixiar la academia, la investigación y la extensión; han violado frecuentemente la autonomía universitaria para atemorizarnos y acobardarnos frente a un régimen que tiene cada menos razón y menos autoridad moral; nos niegan salarios y beneficios laborales dignos, absolutamente necesarios para sobrevivir en esta locura económica con sueldos de poco más de 20 dólares mensuales a profesores titulares. Han impedido desde hace más de tres años, la celebración de elecciones libres y democráticas para renovar las autoridades del gobierno universitario, algo inconcebible dentro del Estado de Derecho que proclama la Constitución. Ya no nos llaman profesores, como legalmente se denomina nuestro oficio, sino trabajadores universitarios. Pero nada de eso no nos amilana ni desmerita nuestra capacidad, talentos y dedicación. Somos la luz en tiempos de oscuridad.

Cada día intentan nuevas afrentas y triquiñuelas para desmoralizarnos porque saben que nos asiste la verdad y la razón. Frente a la burla y el desprecio del régimen, frente a las injusticias y arbitrariedades, es necesario mantenernos unidos y más firmes que nunca. Es vital inmiscuir en nuestra lucha a la sociedad civil, a los estudiantes, padres y representantes, a los egresados y gremios profesionales, a los partidos políticos democráticos, a los empresarios y comerciantes, a las iglesias; a todos y cada uno de los venezolanos. Esta es una lucha que no sólo le pertenece a los universitarios de buena voluntad; es la lucha por la defensa de las ideas y del conocimiento frente a la ignominia y la ignorancia; es la lucha de la dignidad y el progreso frente a las pretensiones de convertirnos en esclavos de una ideología que degrada al ser humano a niveles intolerables de pobreza y de miseria.

Es la hora de la Universidad grande, responsable, valiente, libre, democrática, al servicio de la sociedad del conocimiento y la tecnología. Es nuestro compromiso luchar juntos para defenderla por siempre de quienes han sido sus enemigos a través de la historia, porque los tiranos pasan pero la Universidad vivirá siempre.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 19 de agosto de 2015


Un gobierno incapaz e indolente

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

El país se cae a pedazos frente a los ojos insensibles de un gobierno que no hace absolutamente nada para detener la peor crisis que hemos vivido los venezolanos, gracias al fracaso e incapacidad de su modelo revolucionario.  A este régimen sólo le interesa atornillarse en el poder, aunque ello signifique terminar de destruir lo que aún queda en pie en nuestra maltratada Venezuela. El régimen piensa que no asumir su responsabilidad en tan difícil coyuntura, lo librará del castigo de un pueblo que ya no aguanta más y está decidido hacer realidad sus demandas de cambio.

El país está totalmente paralizado y al borde de un colapso descomunal. Los venezolanos nos hemos empobrecido como nunca en los últimos seis meses; no hay salario que soporte una inflación de tres dígitos; la capacidad de compra está hecha añicos. Cada día los precios de los alimentos, medicinas e insumos aumentan desorbitadamente, aunado a la escasez que amenaza con la llegada de una crisis humanitaria que se traduciría en más hambre, pobreza y delincuencia.

Los empresarios y productores del campo están de manos atadas. No hay ningún tipo de respuesta oficial frente a la angustiante necesidad de dólares para la reactivación del aparato productivo. No hay señales de confianza para estimular la economía y fortalecer el Estado de Derecho. Es un círculo vicioso que impide una salida efectiva a tan espantosa crisis. Mientras tanto, los pocos alimentos que se producen acá o que se importan, son sustraídos por los bachaqueros para revenderlos a precios estratosféricos o sencillamente sacarlos de contrabando a Colombia, bajo la anuencia y complicidad de los cuerpos de seguridad que están encargados de resguardar nuestras fronteras.

Frente a tan desolador y preocupante escenario, el régimen inventa cada día trapos rojos para eludir su exclusiva responsabilidad en este desmadre. Su preocupación es correr la arruga para tratar de llegar vivo al 6 de diciembre. Un gobierno que sólo piensa en sus intereses, beneficios y prebendas en desmedro del bienestar de sus gobernados, no merece la confianza de los ciudadanos. Este es un régimen que abusa de una nación que hace dieciséis años atrás pensó que Chávez era la solución a sus problemas; hoy estamos absolutamente convencidos que salió más cara la medicina que la enfermedad.

Un gobierno que se niega tomar decisiones para tratar de enderezar los entuertos del país, es un régimen condenado al fracaso porque no cuenta con la madurez y la sabiduría para asumir su responsabilidad histórica. Es un régimen secuestrado en sus propias contradicciones, miserias y culpas que nos lleva al precipicio a todos por igual.

No es tiempo de estar hablando tonterías todos los días por cadena nacional de radio y televisión; proyectando la visión de un país que sólo es posible vivirlo en las comodidades de Miraflores o de cualquier mansión de los enchufados que se hicieron ricos, gracias al cáncer de la corrupción que caracteriza a esta revolución. Es hora de rectificar, de actuar, de reivindicarse con el pueblo que han sumido en la más vergonzosa pobreza. Es momento de tomar decisiones transcendentes; aunque pensándolo bien, este régimen no tiene ni capacidad ni voluntad para que los venezolanos vivamos mejor. Ellos desprecian el progreso, la justicia, la libertad y la paz que nos permita construir el país grande que nos merecemos.

Frente a un gobierno incapaz, corrupto, insensato e indolente, el cambio y la unidad del país deben ser nuestras banderas para salir esta pesadilla que lleva más tiempo del que hubiésemos querido. Sólo así podremos darles una lección contundente a quienes continúan destruyendo nuestro presente y futuro.

     Profesor Titular de LUZ

miércoles, 12 de agosto de 2015


Esperanza

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

“La esperanza es el sueño de los que están despiertos”
                             (Carlo Magno)

 

La esperanza es el alimento que nos mantiene vivos, es la fuerza que nos permite luchar contra la incertidumbre y el miedo. “… es como el sol, arroja todas las sombras detrás de nosotros”. En momentos de tantas dificultades y sufrimientos para nuestra Venezuela, la esperanza es el motor que incita la rebelión del cambio y el progreso. Con esperanza será posible construir el mejor país con el que soñamos la inmensa mayoría de los venezolanos.

 La historia está repleta de testimonios donde la esperanza se convierte en un volcán capaz de destruir la oscuridad, la impunidad, las injusticias y el totalitarismo que una minoría corrupta pretende ejercer, con el único propósito de enquistarse en el poder para disfrutar de las ventajas y riquezas que de él se derivan. La esperanza acompañada de la fe y la perseverancia en la lucha, es garantía de un futuro promisorio por más difícil que sea la situación actual. Por el contrario, la desesperanza nos ata a la anomia y nos convierte en víctimas y cómplices de nuestros propios verdugos.

Aquí y en cualquier parte del mundo, la esperanza se constituye en variable fundamental en los procesos electorales. Aquel candidato o agrupación política, capaz de ofrecer esperanza a sus electores, tendrá mayores posibilidades de posicionarse en sus mentes y podrá obtener la victoria sobre sus contendores, porque los seres humanos tendemos a confiar más en quienes cultivan la esperanza que en aquellos que nos privan de las oportunidades para vivir mejor.

En 2008, salvando las profundas distancias con nuestro país, Estados Unidos vivía una difícil situación producto de la crisis mundial que afectó sensiblemente el status social de los norteamericanos; la pobreza creció y más personas perdieron sus casas, empleos y propiedades; una guerra con Irak que desaprobaba la mayoría del país; una visión guerrerista de la política del presidente Bush en contra de la política de bienestar que siempre ha aspirado la sociedad norteamericana. Frente a tan desolador panorama, Barak Obama con su lema “Yes We Can” (Si se puede), inspirado en una canción del grupo de hip hop Black Eyed Peas, logró revertir ese estado de desesperanza y frustración de los electores, logrando una rutilante victoria contra todos los pronósticos. En un mes, después de su publicación en You Tube, la canción fue vista por más de 22 millones de personas, especialmente por los jóvenes, segmento con menor disposición histórica de participar en eventos comiciales. De esta manera, Obama fue capaz de contagiar de esperanza a los defraudados y desilusionados, a los que veían a la política como la culpable de sus males. La esperanza logró mover las fibras de un pueblo que por vez primera eligió a un afroamericano como su presidente, reeligiéndolo cuatro años más tarde.

La Polonia comunista y la Sudáfrica del apartheid, fueron liberadas gracias a la sabiduría, perseverancia de lucha y mensajes de esperanza que Lech Walesa y Nelson Mandela, respectivamente, supieron encarnar para darle confianza y fe a sus pueblos que era posible un nuevo amanecer. 

En el caso venezolano, han sido muchas las campañas electorales sustentadas en la esperanza como oferta básica del candidato. Chávez en 1998, proyectó un discurso de  justicia e inclusión social como respuesta a las exigencias de cambio de un país desesperanzado desde antes del famoso Caracazo de 1989. Rafael Caldera (1969), después de 10 años consecutivos de gobiernos adecos, alcanzó la victoria con un sencillo pero contundente mensaje, “Caldera es el Cambio”. Carlos Andrés Pérez ganó en dos oportunidades, evocando mensajes de esperanza y alegría. “Ese hombre sí camina”, o “con los adecos se vive mejor”, transmitía la capacidad de un líder y su partido para mejorar la situación imperante. O el lema “Luís Herrera arregla esto”, hacía alusión al desastre dejado por el primer gobierno de CAP, a pesar de la cuantiosa riqueza que administró su primera gestión, abriendo la posibilidad que las cosas mejorarían con su llegada al poder.

¿Es posible aplicar campañas similares en la situación actual del país? Venezuela dejó de ser desde hace un largo tiempo la referencia democrática de Latinoamérica. El déficit democrático acompañado por una brutal pérdida de la institucionalidad y el irrespeto agravado de los DDHH, es un síntoma inequívoco que las cosas están muy mal en el país, a lo que se le suma la ausencia de procesos eleccionarios imparciales, transparentes y equitativos, en el que uno de los sectores en pugna goza de todas las ventajas y beneficios que le brinda el poder electoral. Todo eso es verdad y conscientes de ello se libra una dura batalla. Pero lo que sigue intacto es la esperanza de un pueblo que es posible vivir mejor que ahora; que es posible un cambio de rumbo del país que nos permita construir lo que hemos perdido en casi dos décadas, gracias a un modelo fracasado, corrupto y destructivo que pretende arruinarnos material y espiritualmente.

Esa esperanza está allí. Los venezolanos estamos ansiosos de escuchar un mensaje que nos llene de fuerzas y nos motive luchar por lo que queremos y merecemos. Me pregunto, ¿el régimen cuenta con la capacidad y la autoridad moral para renovar la esperanza que volvieron añicos?; ¿es posible confiar nuevamente en aquellos que siguen destruyendo el país, sin importarles el destino de millones de compatriotas?, ¿cuál es la oferta básica de esperanza que nos ofrecen los que nos llevan al barranco del fracaso y la pobreza?

Las banderas de la esperanza y del cambio están izadas en un terreno fértil; en las manos de quienes nos garantizan libertad, democracia, justicia y progreso. Los sectores democráticos del país tienen como reto y compromiso histórico, desplegar una intensa campaña que deje al desnudo la responsabilidad e incapacidad del régimen en el desmadre que estamos viviendo pero, más que eso, están en la obligación de levantarnos el ánimo y abrir el camino del cambio, basado en la posibilidad cierta de la esperanza que nos permita despertar de esta horrenda pesadilla y enrumbarnos en la búsqueda de un futuro promisorio para todos.

La continuidad, el pasado, el fracaso y la desesperanza son las únicas armas de este régimen que se burló de la buena fe de los venezolanos. Por eso, el 6-D debemos votar con alegría y firmeza por el cambio, el futuro, el éxito y la esperanza que acompañan a los que queremos realmente una Venezuela mejor para todos los venezolanos.

Profesor Titular de LUZ

miércoles, 5 de agosto de 2015


Ciudadanía rota

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Abrumados por la gravedad de la crisis, a los venezolanos nos toca vivir en una especie de ley de la selva, donde cada quien hace lo que le da la gana. La viveza criolla, la violencia y la anarquía son mecanismos de sobrevivencia en este caos descomunal. Atrás quedó el respeto, la solidaridad y el don de gente que por muchos años identificó a la sociedad venezolana. El refrán popular “primero yo, que mi padre en las puertas del cielo”, está más vigente que nunca en la realidad que nos circunda. El individualismo se ha convertido en la referencia fundamental de un modelo político fracasado que se dice “socialista, popular y revolucionario”, exactamente igual a la historia de otros pueblos que han sido dominados por el comunismo.

En la medida que avanza la crisis y se intensifica la pobreza, mayor será la violencia e intolerancia de la población para acceder a los alimentos, medicinas e insumos cada vez más escasos y con precios tan altos que convierten en sal y agua el maltrecho presupuesto familiar. Los brotes de violencia, que rayan en psicosis colectiva, son la respuesta a la angustia, frustración e impotencia de una sociedad cuyo futuro fue asesinado por una elite irresponsable y corrupta que se ha propuesto no dejar piedra sobre piedra en nuestra sufrida nación.

La instauración del orden y la convivencia social, principales ingredientes de la ciudadanía, son una quimera en Venezuela. Aquí no existe ni gobierno, ni autoridad, ni leyes, ni buenos ejemplos por parte de aquellos que dirigen al país. La anarquía reina por doquier, mientras que el régimen se hace de la vista gorda frente al caos que su verbo insolente, incapacidad, corrupción e impunidad han creado para desgracia de todos nosotros. A los únicos que persigue, encarcela y criminaliza son a los hombres y mujeres que se oponen legítima y constitucionalmente a este desgobierno,  y a los venezolanos que producen y trabajan honradamente para contribuir con el progreso de la nación. Pero a los delincuentes y asesinos, a los corruptos y matraqueros, a los contrabandistas y bachaqueros, a los que infrigen las leyes en desmedro de los ciudadanos, a esos no los toca ni con el pétalo de una rosa, porque en definitiva son sus principales aliados y cómplices.

Con el transcurrir del tiempo, se agiganta el trato hostil y soez de las personas; el irrespeto a cualquier norma que preserve el orden y la convivencia social; la actitud violenta y agresiva frente a cualquier acción del prójimo; y, por si fuera poco, la búsqueda incesante de ganar partido a partir de las carencias y necesidades de los otros, a través del cáncer de la corrupción que está haciendo metástasis en el alma y en la mente de los venezolanos, indistintamente de su condición social.

Este régimen no sólo arruinó la economía y la institucionalidad democrática, sino que contribuyó como ningún otro con el incremento del déficit de ciudadanía que padecemos los venezolanos. La ciudadanía, aspecto vital para alcanzar una sociedad democrática, organizada y responsable, está seriamente amenazada en nuestra nación; por tal razón, su rescate es prioridad para el nuevo  gobierno que estamos demandando la mayoría nacional.

Porque, en honor a la verdad, sin ciudadanos íntegros resultará cuesta arriba construir un mejor país para todos. Necesitamos con urgencia ciudadanos a los que les duela y se comprometan con el país; hombres y mujeres respetuosos y tolerantes con los demás; ciudadanos con profundos valores democráticos, morales y espirituales que valoren la libertad, la familia,  la educación de calidad, el trabajo productivo, el compromiso con la verdad, la justicia, la solidaridad y la honestidad. Ciudadanos  que no se dejen tentar por el germen de la corrupción y la holgazanería, y que el precio de su dignidad sea la grandeza de Venezuela y la tranquilidad de sus conciencias.

El ser ciudadano es el mayor y más importante título que recibimos en nombre de la libertad y la justicia, porque como dice Simón Bolívar: “Prefiero el título de Ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra, aquel emana de las leyes”.

 
Profesor Titular de LUZ

martes, 28 de julio de 2015


José Miguel
Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)
 
José Miguel es el nombre de nuestro hijo menor. El 1 de agosto de los corrientes, gracias a Dios, recibe el título de Ingeniero Electricista en Acto Solemne de la Universidad Rafael Urdaneta. Han sido años de esfuerzos, dedicación y perseverancia; pero como todo lo que se hace bien tiene su justa recompensa, celebramos felices y orgullosos la culminación de tan importante meta de nuestro amado hijo.
José Miguel, el título que recibes es sólo un peldaño en la empinada y difícil escalera de la vida. Tendrás que asumir nuevos retos, enfrentar dificultades, plantearte otras metas, porque en definitiva la vida es un permanente transitar en la que debes llenarte de fe, valor, disciplina y sabiduría para afrontar con éxito todas las vicisitudes que te encuentres en el camino.
La universidad te formó con los conocimientos y las habilidades necesarias para el excelente desempeño de tu profesión; aquí en tu hogar, has recibido testimonios y valores que te permiten ser un hombre de bien, responsable y honesto, pero sobre todo fiel y agradecido al Señor por las maravillas que te regala con cada amanecer. Tu mamá y yo nos hemos esforzado para hacer de ti y tu hermana, Laura Virginia, seres profundamente humanos, sencillos, respetuosos y solidarios. Hoy celebramos además de tu grado, la bendición de tener dos hijos maravillosos, que representan lo más hermoso que el Señor ha podido regalarnos en nuestra vida terrenal.
José Miguel, el Señor te ha bendecido con dones maravillosos, por eso  tienes el compromiso de ser un excelente profesional, un ingeniero que sea aliado de nuevos conocimientos y tecnologías; un profesional presto a servir con honestidad y calidad a la empresa con la que trabajas, o aquella que constituyas por tus propios medios. Pero esos dones deben ser fieles a Dios; debes compartirlos con tus semejantes porque la vida sólo tiene verdadero sentido si te empeñas en servir al que tienes más próximo.
El calendario de tu vida no se detiene con el grado de Ingeniero Electricistas, ésta  es sólo una faceta porque existen otras que debes cultivar cada día con fe, entrega y alegría. Y lo más importante de todas esas facetas es graduarte como un hombre de bien, un ciudadano integral, comprometido con Dios, con tu familia, con el país donde vives. Vivir sólo para ti te condenaría a ser un hombre vacío, infeliz y, sobre todo, alejado del amor que Nuestro Señor tiene reservado para ti. Esfuérzate hijo por ser un hombre agradecido; pídele al Señor te bendiga con la fe que anima tu espíritu y te da fortaleza para continuar por difícil que sea subir la cima; la confianza para estar convencido que con El nada te faltará; la paciencia para saber esperar y así alejar las angustias que puedan atormentarte; la sabiduría para tomar decisiones correctas en tu vida profesional y familiar; la humildad para que jamás te corroa la vanidad y el orgullo, porque esos males envilecen el alma; que el Señor te bendiga con la perseverancia, la constancia y la disciplina para vencer las dificultades con las que puedas tropezarte, porque con seguridad serán muchas hijo.
Recuerda que el grado que hoy recibes es un medio para que puedas superarte en muchos aspectos de la vida, pero sólo si haces buen uso de los dones que el Señor te da, los que a veces ignoramos por la ingratitud que nos ciega, tendrás el éxito material y espiritual que te mereces. Lucha por ser feliz, por ser un hombre cabal, alejado de las tentaciones que hacen la vida fácil pero que al final no podrás disfrutarla porque las culpas te perseguirán cada instante. De nuestra parte, siempre tendrás amor incondicional, apoyo para aligerar las cargas y unas manos tendidas donde estés y con la mujer que decidas sea tu compañera.
Tomando las palabras sabias del Santo Padre, el Papa Francisco, queremos decirte que “hagas líos y organízalos bien. Un lío que te de un corazón libre, un lío que te de solidaridad, un lío que te regale esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que ese Dios a quien conoces es tu fortaleza. Ese es el lío con el que queremos que sueñes y que hagas realidad cada amanecer”.
Dios te bendiga hijo amado, te deseamos los más grandes éxitos y satisfacciones, acompañados de la humildad, el amor y la autenticidad que hemos sembramos en ti a lo largo de la vida. Felicidades!!!
                        Profesor Titular de LUZ

lunes, 20 de julio de 2015


Inhabilitemos al régimen

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

 

Desde hace mucho tiempo conocemos la cobardía e inmoralidad de este régimen, pero nunca antes habían demostrado el miedo con la intensidad que lo hacen actualmente. La cercanía de la inhabilitación que les propinará el pueblo venezolano el próximo 6-D, los tiene aterrados; el miedo que experimentan no es normal, por eso hoy más que nunca las circunstancias aconsejan a la Unidad Democrática actuar con inteligencia, prudencia y visión estratégica, porque una fiera herida de muerte es capaz de cualquier locura para evitar su inminente deceso. 

Las continuas y arbitrarias inhabilitaciones políticas a connotados dirigentes de la oposición, por parte de la Contraloría General de la República, es un síntoma inequívoco que las cosas no están nada bien dentro del régimen. Cualquier pretexto, por burdo e intrascendente, es válido para cerrarles el paso a líderes que con seguridad gozan del mayoritario apoyo popular. Además del uso abusivo del poder, que violenta la democracia que predican, queda en evidencia una vez más la pérdida de la institucionalidad de la República, al servicio exclusivo del inquilino de Miraflores y del mandamás de la Asamblea Nacional. El ejercicio legal, constitucional e imparcial de los poderes públicos del país fue exterminado por la peste revolucionaria, sin importarles el daño mayúsculo que le están generando al país y a sus ciudadanos.

Cualquier venezolano, con justa razón, puede pensar que frente a tantas arbitrariedades y abusos, el régimen está más fuerte que nunca; pueden pensar además que sencillamente el régimen es invencible, que no hay posibilidad alguna de sacarlos del poder a través del voto popular. Pues bien, eso es lo que exactamente el régimen quiere que creamos y pensemos. Ellos están jugando al desgano, la división y la abstención de millones de venezolanos que estamos hartos de tanta incompetencia, corrupción, inmoralidad e impunidad. Ellos quieren sembrar la desmoralización entre nosotros, cuando son ellos los desmoralizados; quieren meternos miedo cuando son ellos los que están aterrados de perder el poder que los hizo ricos con el dinero que a mansalva le robaron al país, mediante el mayor saqueo del que hemos sido víctimas.

Debemos darle la lectura correcta a las inhabilitaciones de Manuel Rosales, Daniel Ceballos, María Corina Machado, Enzo Scarano y, más recientemente, Pablo Pérez, aunado al encarcelamiento inconstitucional de Leopoldo López y Antonio Ledezma. Con esas inhabilitaciones les puede “salir el tiro por la culata”, como lo canta la Grey Zuliana de Ricardo Aguirre, porque un pueblo puede soportar muchos vejámenes pero nunca olvida las injusticias en contra de la dignidad humana.

De lo que se trata en definitiva, es que la Unidad Democrática actúe como la mayoría nacional que es, seleccionando candidatos estratégicos que llenen el vacío de los inhabilitados y mantener por encima de todo la unidad, como elemento crucial en la difícil campaña electoral que se avecina, apuntalando la estrategia, el discurso y la tarjeta única como elemento contrastante con los candidatos del gobierno y del PSUV.

La alternativa democrática debe despojarse del rol de víctima del régimen para asumir con valentía y gallardía el compromiso histórico que tiene con el país, ganando con una sólida mayoría la Asamblea Nacional para iniciar desde allí la construcción del cambio que estamos demandando. Recordemos cuál fue la respuesta de los electores de San Cristóbal y San Diego, cuando el régimen separó y encarceló arbitrariamente a los alcaldes Ceballos y Scarano, respectivamente. Las candidatas de la Unidad, esposas de los ex alcaldes, obtuvieron resonantes triunfos a pesar de no ser dirigentes políticas en sus municipios. En San Cristóbal, Patricia de Ceballos obtuvo el 74% de los votos, mientras que en San Diego Rosa Scarano alcanzó una votación del 88%.

Ciertamente inhabilitaron a importantes dirigentes de la Unidad Democrática para postularse a cargos de elección popular, pero su credibilidad e influencia política están intactas con tendencia a crecer en los próximos meses. Rosales, Machado, Ceballos, Scarano y Pérez deben constituirse en líderes que inspiren y motiven a los electores a sufragar por los candidatos de sus circuitos y del país en general. Los abusos y tropelías del régimen deben transformarse en voluntad férrea y fuerza indetenible para garantizar la victoria de la oposición democrática.

El juego es complejo porque las normas no son transparentes y favorecen a uno de los dos sectores en pugna, exactamente como ocurre en los regímenes dictatoriales, pero existen condiciones que bien aprovechadas pueden hacer que el efecto buscado por el régimen se devuelva y los inhabilitados sean ellos, a través del voto de millones de ciudadanos que cobraremos las injusticias y abusos de un régimen que perdió la decencia y la moral desde hace mucho tiempo.

Los lamentos, las culpas y la falta de coraje no son buenos consejeros en circunstancias tan críticas como las que vive Venezuela. Es necesario empinarse sobre las dificultades y aprovechar las oportunidades que obstinadamente el régimen pretende negarnos a los venezolanos que aspiramos vivir en un mejor país, lejos de la tiranía, la mediocridad, la exclusión, la inmoralidad y la corrupción que la revolución se empeña en ofrecernos como su única y mejor opción. Con nuestro voto, vamos todos a inhabilitar al régimen.
 
Profesor Titular de LUZ