La lucha por la verdad
“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones” (Séneca)
Efraín Rincón Marroquín
La insensatez de los gobernantes es un factor que
contribuye que la paz de los pueblos se desmorone en momentos de crisis
políticas. Cuando el gobernante se resiste oír la voz del pueblo, creyéndose
portador de la única verdad, sobrevienen acciones que amenazan la tranquilidad
y el sosiego a los que legítimamente tenemos derecho los ciudadanos que aspiramos
vivir en una sociedad democrática, donde se respeten los derechos
constitucionales.
En el caso venezolano, la sombra de la duda de los
resultados electorales del 14-A, pone en tela de juicio la legitimidad del
nuevo gobierno y la institucionalidad que debe privar en el árbitro electoral,
como ente imparcial y al servicio de los intereses del país. Cuando existen
dudas, la verdad necesita conocerse, sin búsqueda de subterfugios y atajos que
acrecientan la incertidumbre. Dice el refrán popular “el que no la debe no la
teme”, pues bien, si el CNE está consciente de su impecable desempeño en los
recientes comicios y el gobierno está seguro de su victoria, entonces lo lógico
es realizar responsablemente una auditoría integral capaz de contrastar cada
voto (o papeleta) con el acta de votación, las huellas dactilares y los
cuadernos de votación, acompañado de la participación equitativa de los actores
políticos. De otra manera, tal como lo anunció la Rectora Presidenta del CNE,
se estaría realizando una auditoría chucuta que lejos de amainar la duda la
profundiza. La solución de la crisis por la que hoy atraviesa el país, puede
ser más sencilla de lo que pensamos, auditar conforme a las leyes y al derecho
que asiste a quienes esgrimen la duda, el 46% restante de las cajas
electorales. Si el resultado de la auditoría corrobora el resultado oficial de
las elecciones, entonces la duda desaparecerá y la legitimidad del gobierno no
podrá ser cuestionada. Pero si, por el contrario, los resultados son diferentes
a los del 14-A, entonces debe reconocerse el triunfo de Capriles, entregándole las
riendas de un nuevo gobierno, según el mandato de la soberanía popular.
La historia nos habla en frecuentes episodios que las
crisis políticas y sociales que desembocan en violencia, se conoce la fecha de
inicio pero nunca cuando terminan. Los venezolanos somos un pueblo amante de la
paz, la única vez que salimos a pelear fuera de las fronteras patrias fue para
luchar por la libertad de países hermanos. No hay razones para impedir que
florezca la verdad y se fortalezca la institucionalidad democrática de la
nación. En circunstancias como las actuales, es cuando se prueba el sentido de
responsabilidad y compromiso con la democracia y, definitivamente, el gobierno
tiene la última palabra para evitar males mayores permitiendo el tránsito por
un camino que nos convoque a la unidad, al reencuentro, al progreso y a la paz
por la que luchamos los venezolanos. Mientras más trabas a la verdad, mayor es
la duda que se construye con base a la mentira y todo lo que así nace es
efímero y transitorio. Los pueblos jamás vivirán sometidos por siempre a la
mentira que les impide crecer en la libertad porque como dice San Pablo “sólo
la verdad os hará libres”, por eso la lucha por la verdad debe ser la razón que
nos motive a mantener la fe, la firmeza, la fuerza y la valentía en días
difíciles como los que se avecinan.
Publicado en Versión Final de Maracaibo el 3/05/2013
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