jueves, 30 de mayo de 2013


Perseverancia en la lucha

Efraín Rincón Marroquín (@EfrainRincon17)

Además de los males que nos aquejan como país, se ha apoderado de nosotros una suerte de síndrome de la bipolaridad. Con la misma rapidez que nos ponemos eufóricos y entusiastas, caemos en una depresión que nos invita a dejar la lucha porque todo está perdido. Sentimientos tan contradictorios son normales en esta pesadilla que vivimos. No es fácil mantener el buen ánimo y la disposición cuando a diario aparecen eventos que nos hacen perder la esperanza y la fe en la llegada del cambio que anhelamos la mayoría de los venezolanos.

Pero si la desesperanza y la impotencia nos toman por asalto, tendremos una sociedad débil, manipulable y conformista. Y en ese escenario, los enemigos de nuestros sueños y los que impiden la construcción de un mejor país, se mantendrán en el poder y terminarán siendo los dueños absolutos de nuestro destino como nación.

Está permitido caerse más de una vez, pero es obligatorio levantarse para continuar una lucha larga y dolorosa, porque como dice el adagio popular, mientras más oscura está la noche más cerca está el amanecer. Un modelo que ha malbaratado una montaña de dólares para amarrar afectos, comprar conciencias y controlar todas las esferas del poder y la economía, no se derrumba de la noche a la mañana; cuesta muchos sacrificios derrotarlo. No olvidemos además que hay alcahuetes de oficio que se han hecho multimillonarios, a costa de los recursos de la nación, que harán todo lo posible para defender sus intereses, y ello pasa por arrodillarse ante quien les brindó la oportunidad de enriquecerse.

Los demócratas de esta nación nos estamos enfrentando a un Estado en el que están enchufados todos los poderes de la República; un Estado forajido que usa los recursos de los venezolanos como mejor le plazca, sin órganos contralores que le exijan cuentas y penalicen tales exabruptos; con una justicia a la medida del régimen, que sirve para criminalizar y perseguir las voces disidentes por más apegadas que estén a la Constitución. Es un monstruo donde la moral y la ética tienen precio, por cierto bastante alto.

Pero no podemos quedarnos anclados en este sombrío escenario. Las cosas están cambiando y  soplan vientos a favor de la verdad. El oficialismo se está desmoronando, mucho antes de la pérdida física de su máximo líder. Existen evidencias que nos anuncian tormentas en su interior; parcelas de poder con intereses y agendas diferentes; incapacidad para gobernar un país con los problemas que ellos crearon deliberadamente; le tienen terror a la gente, por ello pretenden endurecer los controles a la libertad de expresión; pero lo más notorio es la pérdida vertiginosa del apoyo de una base que confío en un proceso que los defraudó y les dio la espalda. Eso es lo más grave, una revolución que ya no tiene  pueblo que la defienda porque ya no les cree. De nuestro lado tenemos un liderazgo que ha sabido interpretar a una sociedad que exige cambios; un liderazgo democrático que aprendió de sus propios errores; un pueblo que crece día a día y ya dejó de ser pendejo.

Atendamos estas sabias palabras de Gandhi: “Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”. La derrota no es una opción posible para Venezuela.

Publicado en Versión Final el 31-5-2013

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