jueves, 2 de mayo de 2013


La Universidad: cenicienta de la revolución
                                                           Efraín Rincón Marroquín

Hipócritas y mentirosos los discursos oficialistas acerca de la educación universitaria venezolana. Para la revolución, la universidad venezolana ha sido su cenicienta. El irrespeto y la falta de consideración con una institución clave para el desarrollo del país, no tiene límites. Nuestras universidades mueren de mengua, frente a un gobierno que no le interesa la profesionalización de los venezolanos, salvo aquella educación que sirva para manipular ideológicamente a ciudadanos que tienen derecho a una educación libre, de calidad y al servicio de los supremos intereses del país.

Algunos defensores de lo indefendible, dicen que la situación de las universidades experimentales es mejor que la de las autónomas, porque están trabajando de la mano con el proyecto liberador que encarna esta revolución. Mentiras!!! La UBV, la UNEFA, la UNERMB, entre otras, están en peores condiciones que las autónomas porque además de la asfixia financiera que padecen, a sus profesores y trabajadores les tienen secuestrado el derecho a la disidencia y a la protesta pacífica, so pena de ser botados de la institución.

La revolución desconoce las normas de homologación, a pesar del dictamen favorable del TSJ; a cambio, en once años, el salario universitario ha sido incrementado dos veces muy por debajo de las expectativas y necesidades del gremio; desde el 2010 no recibimos ningún aumento salarial, mientras que la inflación sigue desbordada. Hoy día, la hora de clase de un profesor titular a dedicación exclusiva es pagada a Bs. 80, sin importar los quince años de servicio ininterrumpido y el título de doctor para llegar a la máxima categoría del escalafón universitario. El sueldo de profesores instructores y asistentes apenas alcanza el sueldo mínimo. Son salarios indignos que ni siquiera los trabajadores informales lo envidian; cualquier amigo buhonero gana mucho más que un profesor universitario con experiencia y altamente calificado. La inmensa mayoría de nuestros profesores viven al día; no terminan de depositarles su salario cuando se evapora como el agua; muchos sobreviven gracias a los préstamos permanentes que le hacen a las cajas de ahorro. En condiciones tan deplorables, ¿cómo pensar que los profesores universitarios trabajemos en un ambiente que motive la excelencia académica que se merecen nuestros estudiantes? Si apenas el salario nos alcanza para cubrir incompletamente las necesidades básicas, cómo pensar comprar libros y tecnología para actualizarnos, evitando así quedarnos rezagados dentro de la sociedad del conocimiento en la que vivimos.

Pero el drama universitario no termina en el aspecto salarial. No existen recursos para la academia y la investigación. No hay dinero para el mantenimiento de la infraestructura y para los servicios básicos estudiantiles. Nuestras universidades simulan las casas muertas de Miguel Otero Silva, mientras que el gobierno se mantiene imperturbable esperando quizá la muerte definitiva de una institución cuyo interés es luchar por la libertad, la democracia, la justicia y la inclusión social. Mientras el gobierno mantenga una posición que atenta contra la vida de la universidad, los universitarios no tendremos otra opción que hacer valer nuestros derechos a través de la protesta pacífica y constitucional, dando a conocer la injusticia y la afrenta oficialista hacia una institución que es el centro de la sociedad del conocimiento, única vía para alcanzar el progreso y la modernidad que anhela nuestro pueblo.        
                                                                             Profesor Titular de LUZ
Publicado en Versión Final de Maracaibo el 26-04-2013

 

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