La Universidad: cenicienta de la
revolución
Efraín Rincón Marroquín
Hipócritas y mentirosos los discursos oficialistas
acerca de la educación universitaria venezolana. Para la revolución, la
universidad venezolana ha sido su cenicienta. El irrespeto y la falta de
consideración con una institución clave para el desarrollo del país, no tiene
límites. Nuestras universidades mueren de mengua, frente a un gobierno que no
le interesa la profesionalización de los venezolanos, salvo aquella educación
que sirva para manipular ideológicamente a ciudadanos que tienen derecho a una
educación libre, de calidad y al servicio de los supremos intereses del país.
Algunos defensores de lo indefendible, dicen que la
situación de las universidades experimentales es mejor que la de las autónomas,
porque están trabajando de la mano con el proyecto liberador que encarna esta
revolución. Mentiras!!! La UBV, la UNEFA, la UNERMB, entre otras, están en
peores condiciones que las autónomas porque además de la asfixia financiera que
padecen, a sus profesores y trabajadores les tienen secuestrado el derecho a la
disidencia y a la protesta pacífica, so pena de ser botados de la institución.
La revolución desconoce las normas de homologación, a
pesar del dictamen favorable del TSJ; a cambio, en once años, el salario
universitario ha sido incrementado dos veces muy por debajo de las expectativas
y necesidades del gremio; desde el 2010 no recibimos ningún aumento salarial,
mientras que la inflación sigue desbordada. Hoy día, la hora de clase de un
profesor titular a dedicación exclusiva es pagada a Bs. 80, sin importar los
quince años de servicio ininterrumpido y el título de doctor para llegar a la
máxima categoría del escalafón universitario. El sueldo de profesores
instructores y asistentes apenas alcanza el sueldo mínimo. Son salarios
indignos que ni siquiera los trabajadores informales lo envidian; cualquier
amigo buhonero gana mucho más que un profesor universitario con experiencia y
altamente calificado. La inmensa mayoría de nuestros profesores viven al día;
no terminan de depositarles su salario cuando se evapora como el agua; muchos
sobreviven gracias a los préstamos permanentes que le hacen a las cajas de
ahorro. En condiciones tan deplorables, ¿cómo pensar que los profesores
universitarios trabajemos en un ambiente que motive la excelencia académica que
se merecen nuestros estudiantes? Si apenas el salario nos alcanza para cubrir
incompletamente las necesidades básicas, cómo pensar comprar libros y tecnología
para actualizarnos, evitando así quedarnos rezagados dentro de la sociedad del
conocimiento en la que vivimos.
Pero el drama universitario no termina en el aspecto
salarial. No existen recursos para la academia y la investigación. No hay
dinero para el mantenimiento de la infraestructura y para los servicios básicos
estudiantiles. Nuestras universidades simulan las casas muertas de Miguel Otero
Silva, mientras que el gobierno se mantiene imperturbable esperando quizá la
muerte definitiva de una institución cuyo interés es luchar por la libertad, la
democracia, la justicia y la inclusión social. Mientras el gobierno mantenga
una posición que atenta contra la vida de la universidad, los universitarios no
tendremos otra opción que hacer valer nuestros derechos a través de la protesta
pacífica y constitucional, dando a conocer la injusticia y la afrenta
oficialista hacia una institución que es el centro de la sociedad del
conocimiento, única vía para alcanzar el progreso y la modernidad que anhela
nuestro pueblo.
Profesor
Titular de LUZPublicado en Versión Final de Maracaibo el 26-04-2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario