viernes, 3 de mayo de 2013


 Las cosas del pasado que hoy no se dicen
                                                                                                         
                                      Efraín Rincón Marroquín
De tanto oír que la IV República fue lo peor que le ocurrió al país, a veces preferimos no hablar del pasado por temor a que nos tilden de golpistas o traidores. La insistente prédica del oficialismo de catalogar como un verdadero holocausto los anteriores 40 años, ha logrado su propósito no sólo en algunos venezolanos, sino hasta en dirigentes que temen salir a la defensa de los aspectos positivos que se materializaron en esta etapa de nuestra historia, a la que despectivamente nos hemos acostumbrado llamar como “la cuarta”.

No pretendo en este artículo plasmar todas las cosas buenas que se hicieron en Venezuela desde 1958 hasta 1998, me referiré sólo al tema de la educación. En la obra de Arturo Uslar Pietri, “De una a otra Venezuela” (1949), se menciona que en 1936 sólo se graduaron tres maestros en todo el país; asimismo, muy pocos tenían la fortuna de estudiar en las escasas universidades nacionales y, desde luego, el analfabetismo era una característica primaria en una sociedad eminentemente rural y sometida al dominio de regímenes autoritarios.

Ese país empezó a cambiar con la explotación petrolera, de allí la famosa expresión de Uslar de “sembrar el petróleo”, hecho que aun no termina de concretarse a pesar de los miles de millones de dólares que han ingresado durante la revolución bolivariana.

Con el advenimiento de la democracia en 1958, todos los gobiernos elegidos popularmente hicieron grandes esfuerzos en materia educativa. Se sembró el país entero de escuelas y liceos, se profesionalizó el gremio de los docentes y se empezaron a crear universidades autónomas, diferentes a las que funcionaban desde el siglo XIX e inicios del XX. La educación se convirtió para los venezolanos en un instrumento fundamental para la superación social y el consecuente mejoramiento de su calidad de vida. Miles de venezolanos labraron con tesón y constancia un mejor destino personal y familiar, gracias a la educación técnica o universitaria que recibieron gratuitamente a lo largo de esos 40 años.

Muchas familias venezolanas vieron en la educación el mejor camino para superarse y salir del círculo vicioso de la pobreza; en pocas palabras, la educación funcionó como redención social del pueblo venezolano. Venezuela está llena de médicos, ingenieros, abogados, economistas, y tantas otras profesiones, que gracias a la educación que les ofreció el Estado venezolano pudieron hacerse de un empleo digno o del libre ejercicio profesional, que permitió levantar una familia con mejores y mayores oportunidades que las que ellos o sus padres disfrutaron en época anteriores.

Para muchos de nosotros, la educación se convirtió en la “IV República” en el trampolín para saltar a una vida mejor, sustentada en el trabajo productivo y la dignidad que nos regala la libertad de pensamiento y de acción; gracias a la educación, Venezuela exhibió por muchos años una de las clases medias más consolidadas del continente latinoamericano; una clase media consciente de sus capacidades y habilidades para construir caminos de prosperidad tanto a nivel personal como nacional. Negar este hecho es estar de espaldas a la realidad de Venezuela. Muchos de los dirigentes revolucionarios que hoy vociferan contra los 40 años, fueron formados en instituciones educativas públicas, las cuales permitieron su ingreso sin condicionamientos político-partidistas.

Nuestras universidades han dado demostraciones fehacientes de su espíritu democrático, popular y libertario; ellas han aportado significativamente al progreso del país y a la superación social de miles de hombres y mujeres, que hoy vemos con preocupación que este gobierno pretende menoscabar la esencia misma de la educación, como es la violación del derecho que tenemos todos los venezolanos de recibir una educación libre, orientada al trabajo productivo y al servicio de los intereses de la nación, y no una educación esclava de las apetencias trasnochadas de un líder que pretende erigirse como el salvador de la patria.

Maracaibo, 13 de marzo de 2.009.-                                                                                   

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