Millones de razones para
continuar la lucha
Efraín Rincón Marroquín
Más allá de las dudas razonables que generan los
resultados oficiales de las elecciones presidenciales del 14-A, y de la
solicitud democrática y constitucional de Henrique Capriles para que se efectúe
un reconteo del 100% de los votos, contrastados con las actas y los cuadernos
de votación, el país amaneció diferente el 15 de abril. El que pretenda ocultar
la contundencia del cambio está analizando erróneamente la compleja situación
política venezolana.
En primer lugar, se cumplió lo que muchas veces
expresé en mis artículos de opinión: el chavismo sin Chávez no es igual. Lo que
no pensábamos es que en tan corto plazo, apenas 10 días de campaña, el capital
político del presidente Chávez mermaría tan abrumadoramente. En manos de
Nicolás Maduro, el oficialismo perdió 10% de la votación del 7 de octubre, plasmado
en 627.385 electores que prefirieron votar por la opción de Henrique Capriles,
contra todo pronóstico de analistas y encuestadoras alineadas con el gobierno.
Los liderazgos ni se decretan ni se transfieren automáticamente; los liderazgos
auténticos se construyen a base de lucha
permanente a favor de los intereses del pueblo. Esta caída tan vertiginosa del
oficialismo debe motivarlos a una profunda autocrítica. Para muchos venezolanos
del oficialismo, Maduro no representa ni el liderazgo ni el proyecto político
de Chávez, ni mucho menos perciben que posea la capacidad suficiente para
gobernar un país sumido en una profunda crisis político-institucional,
económica y social. Todo indica que el desmoronamiento del oficialismo debe
crecer en los meses siguientes. Si su gobierno continúa como lo ha hecho en las
últimas 72 horas, no existen razones lógicas para pensar que Maduro supere la profunda
crisis generalizada que tiende aumentar con el pasar de los días.
En segundo lugar, la proeza de Capriles es admirable.
En una campaña tan corta, no sólo motivó y conquistó a los electores que
sufragaron por él hace seis meses, sino que fue capaz de conectarse con parte
del pueblo oficialista, gracias a un discurso de inclusión que desnudó las
debilidades del gobierno provisional de Maduro, sin respuesta a los gravísimos
problemas del país, tales como inflación, devaluación, desabastecimiento,
apagones, inseguridad. Según los dudosos
resultados del CNE, Capriles logró aumentar 707.187 votos; repitió con creces
su victoria en Táchira (164.561 votos de ventaja) y en Mérida (ventaja de
66.797 votos); ganó en Zulia (por vez primera la oposición gana al oficialismo comicios
presidenciales con una ventaja de 83.409 votos), Miranda, Bolívar, Anzoátegui,
Nueva Esparta, Lara; empató prácticamente en Carabobo y Distrito Capital; subió
la votación en todos los estados de la República, ganando las capitales más
importantes del país; por ejemplo, en Maracaibo la ventaja fue de 141.089 votos
y en San Cristóbal dobló la votación de Maduro. En concreto, Capriles demostró
que la oposición tiene una real opción de poder, que cuenta con un liderazgo
con capacidad para unir al pueblo y mejorar la situación dramática que estamos
viviendo. Existen razones para continuar la lucha; la realidad evidencia con
claridad que este gobierno es profundamente débil, desconectado con las
necesidades y expectativas de un pueblo que dejó el miedo atrás y está
comprometido con el cambio y el futuro. Lo peor sería convertir la victoria
popular en una derrota que no existe. Acompañemos pacíficamente a Henrique
Capriles pero llenos de fe, firmeza y valentía para que el CNE cuente el 100%
de los votos para demostrar que, efectivamente, somos mayoría gracias a la
voluntad soberana de millones de compatriotas que con su voto gritaron YA BASTA; queremos cambio, futuro,
progreso y la unión del pueblo venezolano.
Profesor Titular de LUZ
Artículo publicado en el diario Versión Final de Maracaibo, el 19-04-2013
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